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Viernes 13 de abril 2012

Tentaciones peligrosas

Por: Carlos Bruce.
Tentaciones peligrosas
Captura TV

En los últimos días la opinión pública fue distraída con un tema sobre la esposa del Presidente que, si no fuera por los graves y apremiantes asuntos de Estado que tenemos hoy, no pasaría de ser parte del anecdotario político. Lamentablemente, dicho tema al haber merecido el interés nada menos que del presidente del Congreso y de voceros parlamentarios del oficialismo y de otras bancadas, nos debe llamar a la reflexión y a dar alerta sobre el particular.

En base al protagonismo político y mediático que ostenta y refleja Nadine Heredia en las encuestas recientes, se ha creado en el partido oficialista y sus seguidores la idea de que podría convertirse en la sucesora de su esposo para las elecciones del 2016, para lo cual creen que solo bastaría con cambiar la ley. Pero lo que también dicen esas encuestas es que la señora Heredia cogobierna con su esposo. Es decir, la pareja conyugal son uno en Palacio de Gobierno. Además, la encuesta revela que habría un 55% que rechaza la posible candidatura de Nadine en el 2016. Por lo tanto, el propósito de encauzar a la cónyuge del Presidente en un caballito electoral no deja de ser peligroso e impertinente.

Pareciera que no se ha aprendido la lección sobre las consecuencias nefastas que acarrea para la democracia los intentos del gobernante de turno de perpetuarse en el. poder a cualquier precio. Por ello, es un flaco favor el que le hacen a Nadine Heredia sus adulones, quienes al saberse carentes de líderes y cuadros políticos de valía para competir en buena lid, se aferran a la única carta que más bien deberían guardar para otro momento. Los impulsores de la candidatura de Nadine estarían dispuestos a cambiar la ley por otra con nombre propio. Y no les importaría el compromiso asumido ante el país por el candidato Ollanta Humala de no buscar la reelección modificando la ley. Porque buscar la elección de ella significa prácticamente buscar la nefasta reelección, acarreando para ambos el tremendo pasivo que ello significaría.

A estas alturas ya deberíamos saber cómo terminan aventuras como ésta. Mas le convendría a la pareja presidencial, por su bien y por el bien de la institucionalidad democrática, no ceder a esas tentaciones. El Perú no termina el 2016. Hoy el país necesita que se atiendan los graves temas de Estado que atañen a su estabilidad social, política y económica, sin lo cual se corre el riesgo de tirar por la borda todo lo avanzado, incluido los planes vacuos de los aventureros de turno (Con información del diario Expreso).

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