
En el Perú es lícito darle a un extranjero la nacionalidad peruana sin obligarlo a renunciar a la de origen y también es lícito para un peruano obtener la nacionalidad de otro país sin perder la peruana. Esta opción, que hubiera sido rechazada por nuestros abuelos, es aceptada por la mayoría de nosotros debido a que el modernismo hace que se perjudique el país que no opte por ella.
Todos los países que se respetan exigen lealtad a quienes llevan su nacionalidad por nacimiento o por nacionalización. Por ello, hay casos en que la doble nacionalidad puede constituir un conflicto de intereses. Es absurdo negar a peruanos de nacimiento el derecho a tener otras nacionalidades, también lo es permitir que peruanos, si ocupan cargos o ejercen derechos que nuestras normas reservan solo para peruanos de nacimiento, oculten sus otras nacionalidades porque si nuestras normas reservan un cargo o un derecho para peruanos de nacimiento es porque para desempeñarlos o ejercerlos se requiere tener una especial lealtad con el Perú. Por ello, todos tenemos el derecho de conocer donde están las lealtades de estos peruanos.
Sería atroz enterarse que es chileno alguien que, como los ministros, tiene acceso a información clasificada relacionada con nuestro proceso de límites que se lleva a cabo en La Haya. Para evitar este mal rato a los peruanos creemos que se debe crear la “Declaración Jurada de Nacionalidades, que deberá ser hecha por aquellos que desempeñan cargos o ejercen derechos reservados solo para peruanos de nacimiento. Con ella podremos evitar que peruanos de nacimiento, con más de una nacionalidad, desempeñen cargos o intervengan en sectores cuando su doble nacionalidad constituye un conflicto de intereses o un potencial peligro para la patria.
Si alguien no ocupa, ni ejerce un cargo o derecho reservado solo para peruanos de nacimiento puede mantener sus nacionalidades en secreto pero si a pesar que lo hace no las declara debería ser sancionado sin miramientos, más aun, si como en el caso de un ministro, tiene acceso a secretos de Estado tan reservados que ni siquiera los congresistas lo tienen. La información secreta debe permanecer secreta porque de no serlo mañana podríamos tener que lamentar el no haber cuidado nuestros secretos como adultos responsables, es decir, evitando cualquier riesgo, por más remoto que este parezca, aunque para hacerlo se tenga que herir susceptibilidades de personas que queremos o apreciamos.
No doy el nombre de la persona a quien me refiero porque no me gusta herir a quien puede ser honesta, sin embargo creo que ella debe renunciar para tranquilidad de los peruanos y de hacerlo no se le debe impedir seguir colaborando con el importante proyecto que hoy lidera pero desde un cargo que no tenga el acceso a los secretos que tiene el que actualmente desempeña. Escribir estas líneas no me ha sido fácil (Con información del diario Expreso).