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Lunes 16 de abril 2012

YPF: La suculenta presa por la que va Cristina Fernández

Por: Sergio Paz Murga.
YPF: La suculenta presa por la que va Cristina Fernández
Foto: Referencial

Los rumores de una posible –aunque algunos hablan de inminente– nacionalización de la compañía petrolera YPF, en Argentina, ha desatado el horror en España, tanto del gobierno como de los inversionistas, que ven en esta acción la culminación de una traición por parte de la presidenta Cristina Fernández.

La viuda del ex presidente Néstor Kirchner había mantenido hasta hace poco más de un año excelentes relaciones con la compañía, que tiene mayoría de capitales ibéricos, pero conforme el país se ha visto afectado por malas decisiones, internas y externas, se habría decidido echarle mano.

En efecto, en el 2011 el país gaucho enfrentó una fuga de capitales por US$ 21,000 millones, un repunte de la inflación, y sobre todo un déficit energético que este año llegaría a los US$ 9,000 millones.

En líneas generales, el gobierno de la señora Kirchner necesita fondos, constantes y sonantes, y la mejor alternativa –y la más fácil– es volver a controlar una compañía que después de las Malvinas levanta un fervor soberanista entre los argentinos: Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF).

La compañía fue durante décadas el sostén de la economía argentina y un coloso que garantizaba el desarrollo en todo aquel lugar en donde construía sus pozos de extracción. A sus alrededores surgían hospitales, colegios, carreteras, que aliviaban en algo a una población, sobre todo de la pampa, golpeada por el hambre y la miseria.

Empresa bandera
YPF fue creada en 1922, pero parte de sus orígenes se remontan a 1908 cuando el Estado argentino comenzó a hacerse cargo de las ingentes reservas de petróleo que descubrió en su subsuelo. En aquellos años, se consideraba a la Argentina una potencia del oro negro y ni Brasil ni Venezuela eran vistas como alternativas “viables”. La compañía fue pionera en su rubro y sirvió de inspiración para lo que sería después Petrobras, en Brasil.

En sus años de gloria, por la década de los cuarenta, la compañía llegó a producir el 70% del crudo que se consumía en el país, aunque casi tenía el monopolio de la distribución.

Según declaró al diario español El País Vìctor Bronstein, director del centro de Estudios y Energía, Política y Sociedad, se formó en el imaginario colectivo de que YPF era “todopoderosa”, casi un “símbolo de la nación”, al punto que el logo de la empresa era tan respetado como la misma bandera argentina.

Pero lo cierto fue que YPF nunca hizo de Argentina un “país petrolero”, capaz de garantizar la independencia energética, sino más bien un “país con petróleo”, que dio tranquilidad momentánea a la población.

Como empresa nunca fue ambiciosa y siempre tuvo problemas para seguir los pasos de la avanzada industria petrolífera mundial que requiere de mucha inversión y tecnología.

Con el paso de los años, el Estado, que siempre es un mal empresario, fue sumiendo a la compañía en un prolongado ocaso, hasta el punto de ser un lastre para el fisco nacional. El mismo dictador Juan Domingo Perón dijo en su momento que YPF no tenía ni capacidad operativa, financiera o administrativa para lograr el autoabastecimiento.

En 1999 el gobierno del ex presidente Carlos Menem –del mismo Partido Peronista de los Kirchner– decidió que ya era suficiente mantener un “ícono nacional fracasado”, por lo que procedió a privatizarla.

Fue la española Repsol la que decidió cargar con un “moribundo” que costó US$ 9,000 millones y lo primero que se hizo fue sanearla, reduciéndola en tamaño.

Tras una década de administración Repsol-YPF produce solo el 35% del crudo total del país y el 23% del gas, pero es el mayor contribuyente del fisco argentino –con un tercio de los ingresos totales– y es, de lejos, la mayor empresa por puestos de trabajo –4,000 empleados directos y 16,000 indirectos–.

Por si fuera poco, YPF posee el 52% de la capacidad de refino en Argentina, dispone de una red de 1,600 estaciones de servicio, y tiene importantes activos en los sectores de transporte de crudo e industria química.

Los economistas señalan que desde que Repsol se hizo del control de YPF, la compañía ha cerrado sus balances en positivo, con ganancias que en algunos ejercicios equivalieron a la mitad de los beneficios mundiales del grupo español.

Un último cálculo señala que la empresa tiene activos por US$ 12,591 millones, una capitalización bursátil de US$ 11,000 millones y un patrimonio neto de US$ 4,258millones.

Con semejantes números ahora podría entenderse por qué el gobierno populista de la viuda de Kirchner quiere nacionalizar la petrolera. Es un bocado irresistible de ser engullido.

Excusa debatible
Pero para ello, necesita una coartada y la ha encontrado: El gobierno acusa a Repsol de no invertir lo suficiente en Argentina, lo que ha provocado un déficit energético.

Si en 1999 YPF producía 450,000 barriles diarios de crudo, hoy esta cifra se ha reducido a 250,000, lo que la Casa Rosada considera “inaceptable”. En el 2011, YPF produjo 100 millones de barriles de petróleo, un 6.5% menos que en el 2010 y 441.000 millones de pies cúbicos de gas, con una caída interanual de 10.1%.

Este descenso ha provocado que Argentina importe combustibles por US$ 9,000 millones, lo que fue un terremoto para su balanza comercial. Repsol, por supuesto, ha negado estas acusaciones y ha mostrado sus cifras. Asegura que en el 2011 realizó inversiones por más de US$ 3,000 millones, un 50% que en el 2010, y pagó impuestos por US$ 6,363.6 millones, también una marca histórica.

Los españoles señalan que podrían invertir mucho más pero que es difícil hacerlo en un país con una errática política energética. Desde que llegaron al poder los Kichner prometieron a la población energía barata y congelaron las tarifas a niveles anteriores a la devaluación del 2002 La decisión disparó la demanda, pero desalentó la inversión y disminuyó la oferta.

Aunque los directivos de Repsol han tratado de mantener la calma e insisten en abrir las vías del diálogo con Fernández –quien se ha negado dos veces a recibir al presidente de la compañía, Antonio Brufao–, tiene claro que lo que mueve estas amenazas es la simple codicia del régimen kirchnerista. “Hace unos años nadie sabia cómo hacer frente para domar al monstruo de YPF que era pura pérdida. Pero ahora, ha vuelto a ser un bien apetecible”, señaló indignado un directivo de la empresa al diario El País.

Hasta el cierre de este informe, la mandataria se mantiene en un silencio absoluto sobre sus planes con respecto a YPF. La pregunta es si habría desistido de nacionalizarla o por el contario espera, sigilosa como una leona, el momento de saltar sobre su presa para devorarla con extremo placer.

(Fuente: Lamula)

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COMENTARIOS
1 comentarios
Y la "leona" salto sobre su presa espero que no se indigeste por GLOTONA .
17 de abril 2012
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