
Madrugada del 30 de mayo de 2010, el holandés Van der Sloot acude al casino Atlantic City a invertir el poco efectivo que tenía. Pero lo pierde todo. No sabe cómo salir del apuro hasta que llega Stephany a la mesa de juegos. Lo saluda y se sienta a su lado. Simpatiza con el extranjero. Pero éste es incapaz de sentir cualquier tipo de emoción natural.
Juegan dos horas y media. Stephany acompaña al holandés al hotel Tac, ubicado en la avenida República de Panamá 6160. Habitación 309. Aquí juegan póker por unos minutos. Van der Sloot comienza a golpearla y finalmente la estrangula a sangre fría. Comprueba que ya está muerta. Sale y regresa con dos vasos de café. Luego abandona la habitación como si nada hubiera sucedido.
Trastorno de la personalidad
Muchos psicópatas están integrados en la sociedad y es difícil detectarlos. Estos enfermos pueden entender lo que otra persona siente a nivel intelectual pero no a nivel emocional. Carecen de empatía y tienen habilidad para manipular. Hay psicópatas que puede llegar a tener un grado elevado de agresividad y llegar a matar. Este fue el que sorprendió a Stephany.
Los Psicópatas no siguen las reglas sociales con sinceridad. Engañan a sus víctimas. La mayor dificultad es reconocer su personalidad trastornada. Las víctimas terminan de identificarlos cuando a veces ya es muy tarde. El informe médico de Joran Van der Sloot lo definió como impulsivo, que sabe bien lo que hace. El dinero es una de sus obsesiones.
Los psicópatas pueden ser “de cuello y corbata” o desharrapados. Se trata de individuos depravados moralmente que se “construyeron” en la niñez o adolescencia. Su violencia es planeada, y la expresan sin emociones. Los expertos indican que esta curva de violencia continúa hasta los 50 años, y luego desciende poco a poco, dejando muchas víctimas en su camino.
Este era el hombre con el que Stephany compartió una habitación de hotel la madrugada del 30 de mayo de 2010. Ella sentía emociones pero él solo tenía ambiciones. Su idea fija era obtener dinero a cualquier precio. Tal vez ella pensó que era “una buena persona” al estilo del talk show de TV. Una fatal combinación: un psicópata y una mujer con emociones.