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Miércoles 25 de abril 2012

El poder del amor

Por: Luciana Campora
El poder del amor
Foto: ciudadpoesia.com

Esta historia ocurrió en una sala de terapia intensiva de un hospital de niños. En aquella sala, aislados de todo contacto humano, cada uno en su cunita de acrílico, rodeados de un ambiente antiséptico y alimentados por tubos de suero y oxígeno, se encontraban varios bebés.

La expectativa de que sobrevivieran era escasa, y los médicos se afanaban en la misión de salvarles la vida día tras día, aplicando todo el conocimiento y  herramientas que poseían.

Al tiempo, comenzaron a notar un extraño resultado. Aquel al que colocaban en la cuna más cercana a la puerta, sin importar la gravedad de su condición, solía mostrar una recuperación notoria en poco tiempo y por lo general, sobrevivía.

Los médicos y las enfermeras comenzaron a preguntarse qué ocurría. ¿Por qué los bebés que llegaban a aquella cuna en particular se ponían bien, aunque recibieran la misma atención y cuidados que los otros bebés?

Intentando hallar la respuesta a este enigma, alguien se dedicó a observar la cámara de seguridad de la sala. Observó durante muchas horas desarrollarse la rutina normal del hospital, el movimiento de médicos, enfermeras y personal de limpieza. Observó lo que el video había grabado durante la noche, y entonces descubrió lo que ocurría.

Vio a la empleada de limpieza del turno noche ingresar a la sala y realizar su trabajo de rutina. Vio que al terminar empujaba el carro de sus utensilios junto a la salida, y entonces se detenía. Antes de retirarse, se acercaba a la cuna que estaba más cerca de la puerta, tomaba en brazos al bebé que estuviera allí y por un momento lo acunaba y lo mecía, canturreándole con dulzura, dándole todo su amor. Y la escena se repetía noche tras noche.

Resultado: Cualquiera fuera el bebé al que le tocara ese sitio, recibía cada noche, una cuota de amor sincero, en el contacto humano y las caricias de una desconocida; suficiente para fortalecer su decisión de aferrarse a la vida.

Todos buscamos el Amor, con el nombre que queramos darle: llamémosle Dios, o familia, o pareja, o sexo, o amistad, o metas, o aplausos, o salud, o dinero, o status, o drogas, o cigarrillos, o alcohol. Todos buscamos el Amor (algunos de maneras más sanas que otros), porque es nuestra energía vital, porque es el alimento que cada día necesita nuestra alma para sentir que tiene un propósito y un sentido sobre este mundo. Y como los bebés que menciono en el relato anterior, decidamos que vale la pena quedarnos un tiempo más sobre la Tierra.

Porque la Vidano es Vida sin Amor. Cuando creemos que no nos aman, o que no tenemos nada valioso para dar, nos desvalorizamos. Dejamos de disfrutar, pasamos los días en una silenciosa agonía del alma. ¡Qué ironía que suceda esto, cuando el Amor es algo que TODOS TENEMOS!

Estamos hechos de Amor. Vinimos a este mundo por Amor.  Para dar nuestro Amor no nos hace falta nada: Ni tener una edad determinada, ni tener dinero, ni disponer de una gran sabiduría, ni un cuerpo perfecto, ni un gran talento, ni un título que nos habilite. No es una materia que se enseñe en los Colegios ni en las Universidades, y sin embargo, es la fuerza que mueve al mundo, que da origen cada día a la Creación, y que nutre tanto a nuestro cuerpo como a nuestra Alma más que ningún alimento. Es la expresión del verdadero Ser que todos llevamos dentro, ES EL DESEO MÁS PROFUNDO DE NUESTRO CORAZÓN, SU IMPULSO MÁS GENUINO.

Cuando no amamos, no estamos siendo nosotros mismos, sino una máscara. Cuando no amamos, es como si estuviésemos muertos. La vida pasa a nuestro lado y se va, alejándose con todo su caudal de esplendor. Entonces puede que nos quejemos de lo poco que recibimos de los demás. En realidad, lo único que nos hace falta, es descubrir nuestro propio Amor. El que tenemos para dar y para vivir. El que tenemos para “salvar” la vida de otros y nuestra propia vida. El que trajimos para disfrutar y para compartir.

Cada uno de nosotros cuenta con una ilimitada ración de Amor capaz de realizar milagros. Nunca sabemos en qué medida un buen gesto, una caricia, un beso, un abrazo, un “te quiero”, un “buen día” o una simple sonrisa, puede cambiarle el día (o la vida) a alguien más.

Allá afuera hay muchas almas esperando aquello que sólo tú le puedes dar. Busca a aquellas personas a las que amas (en especial a aquellas a quienes no acostumbras decírselo) y comparte con ellas tus sentimientos. No dejes pasar el tiempo, no niegues el impulso de tu Corazón. A veces no hay tiempo. En ocasiones, sólo cuentas con una oportunidad: EL DÍA DE HOY.

EL MODO EN QUE VIVAS EL DÍA DE HOY, PUEDE SER CRUCIAL.

Luciana Cámpora, escritora

www.lucianacampora.com

Libros y Escritos para el Desarrollo Personal y Espiritual

 

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