
Desde hace unos años, oímos hablar de "construcción sostenible", de "edificios sostenibles" y otros nuevos conceptos que se incorporan al léxico del mundo de la construcción y que tienen en común la necesidad de hacer frente a la lucha por un mundo más sostenible desde el ámbito de la edificación.
Se puede decir que estos nuevos conceptos no son más que algunos aspectos de una toma de conciencia cada vez más importante del impacto que la construcción puede tener a la larga sobre el medio ambiente. Todo el mundo sabe que el desarrollo económico basado en el crecimiento puede ser cuestionado por los efectos que conlleva, especialmente la contaminación y el agotamiento de los recursos naturales.
Preservar estos recursos y los valores medioambientales es un objetivo importante para el futuro y una responsabilidad hacia las próximas generaciones que no podemos eludir. Por estos motivos aparecen las cubiertas ecológicas, un concepto que aporta un valor añadido de ecología a las cubiertas de los edificios. Su impacto sobre el medioambiente es claramente favorable en comparación con los sistemas tradicionales.
Son ideales para tejados normalmente planos, aunque también se pueden construir en pendiente; en este caso, en vez de estar terminadas con un pavimento o una protección a base de grava o cualquier otro sistema, están terminadas con plantas. Esta solución se parece a las ya conocidas cubiertas ajardinadas, pero la cubierta ecológica utiliza una cantidad de tierra y un tipo de vegetación extensiva o semi-intensiva que evita los inconvenientes de las soluciones tradicionales: la sobrecarga y el mantenimiento. Las cubiertas ecológicas añaden una sobrecarga mínima (entre 50 y 300 Kg/m2) y un mantenimiento muy reducido.
LAS CARACTERISTICAS DESTACABLES SON:
Las materias primas que se utilizan desde la extracción hasta la colocación en la obra: son productos naturales en cantidades muy pequeñas que no estropean el entorno (substratos minerales de poco grosor y especies vegetales poco consumidoras de agua y fertilizantes).
Participan de la protección del medio ambiente: son asimilables a un espacio verde. Los vegetales mejoran la calidad del aire por la producción de oxígeno y la fijación del gas carbónico. El tapiz vegetal fija el polvo y humedece el aire seco provocado por la contaminación de la ciudad. La naturaleza reaviva el espacio urbano y atrae la vida animal: pájaros, mariposas…
Participa en la economía energética gracias al mejor aislamiento térmico: la capa de substrato y vegetación actúa como un aislante añadido que colabora tanto en el ahorro de calefacción en invierno como de refrigeración en verano.
Refuerza el confort acústico de la vivienda: reduce el ruido entrante, tanto si es de impacto (lluvia, granizo…) como de motores. En este último caso, la reducción en frecuencias, que son las más difíciles de aislar, llega a los 8 decibeles, eso quiere decir que se reduce la intensidad del ruido casi a una cuarta parte.
Protege el techo de la vivienda: las plantas protegen el tejado de los agentes atmosféricos y de los rayos ultravioleta, también reducen de manera importante las variaciones térmicas, con lo cual se evitan las dilataciones y las retracciones, que son en gran medida las responsables de muchas de las patologías de los edificios.
Regula las aguas pluviales, las cuales en áreas de clima mediterráneo pueden provocar problemas en las redes de evacuación: la cubierta vegetal actúa como una esponja capaz de retener una cantidad de agua que en parte se irá suavemente por las tuberías y en parte se quedará en el tejado para dar vida a las plantas.
Tanto en zonas urbanas como rurales, pero quizás especialmente en las primeras, las cubiertas ecológicas tienen un impacto visual muy positivo que refleja de una forma inmediata las calidades y ventajas de esta solución en la construcción.
Nota publicada en laeco.net