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Martes 01 de mayo 2012

La catalepsia del Parlamento

Por: Javier Valle-Riestra.
La catalepsia del Parlamento
Foto: Cesar Revilla

Estamos por ingresar al segundo año de este régimen y no existe ningún síntoma de modificación constitucional. Nadie habla de restaurar la Charta Magna de 1979. Nadie habla de convocar a una Asamblea Constituyente. Nadie habla de ejercitar el poder reformatorio vía dos legislaturas ordinarias sucesivas. Se tiene a Fujimori en la cárcel, pero al mismo tiempo se respeta su obra jurídica siniestra: el Congreso Unicameral y la hegemonía presidencial. Es obvio y me repito, lo sé, afirmando que es fundamental un Senado como los que ha tenido el Perú desde 1823, de diversas características, pero, fundamentalmente, como organismo parlamentario co-gobernante.

Todo esto da lugar a que las masas no respeten al Congreso, por ineficaz y trunco. Les parece una ironía llamarlo el primer poder del Estado cuando no es ni primero, ni poder. Yo he sido dos veces concejal elegido por el pueblo, una Constituyente, una Diputado, dos Senador y uno final, Congresista, tengo, entonces autoridad para opinar. En medio de la crisis económica del país –barnizada con palabras eufemísticas–, veo en las futuras banderas discrepantes o insurrectas un mensaje constituyente. No solo reformar, sino transformar y restaurar, dándole un tono vanguardista al bicameralismo.

Veamos el monocameralismo y bicameralismo en los regímenes pluralistas. 1) Una asamblea única: Dinamarca, Finlandia, Israel, Luxemburgo, Nueva Zelandia, Suecia; 2) Una asamblea que se subdivide en dos: Islandia, Noruega; 3) Una segunda asamblea sin poder: Canadá, Gran Bretaña; 4) Una segunda asamblea inferior: Francia, Irlanda, Países Bajos; 5) Una asamblea federal inferior: República Federal Alemana, Austria; 6) Una segunda asamblea igual: Bélgica, Italia; y, 7) Una asamblea federal igual: Australia, Suiza. En nuestro medio debemos ir a las dos Cámaras… pero no siamesas y con poderes distintos.

En el Perú, se intentó algo original –pero efímero– en los días de Bolívar a través de la Constitución Vitalicia. Como dice Juan Vicente Ugarte del Pino, repitiendo a Jorge Basadre, “Bolívar redactó una Constitución para Bolivia, por encargo del Congreso de esa nación, agregando que cuando se disolvió el Congreso Peruano de 1826, ya habíase decidido la promulgación de la misma para el Perú, lo cual demuestra aparte la documentación de la época que la mencionada carta constitucional no fue ni admitida a debate, ni por tanto, estudiada, discutida ni votada por el Parlamento peruano”.

Eso no impedía que fuera un intento de superación de la república jacobina y de reconciliación de la monarquía. La fórmula expresada por Bolívar en la Constitución de 1826 fue la república federativa con un presidente vitalicio. Por supuesto, que no tenemos la utopía del tricameralismo bolivariano: Tribunos, Senadores y Censores. Fugaz proyecto. Tampoco queremos ir al Congreso funcional, pero si hay que batallar con vehemencia y constancia por restaurar el Senado, el cual debe ser –al revés– de Diputados indisoluble y con un sector elegido indirectamente por el capital y el trabajo. Una funcionalización parcial sin llegar a la funcionalización total como Irlanda.

Publicado el 1 de mayo de 2012 en el diario La Razón.

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