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REDES SOCIALES
Viernes 18 de mayo 2012

El rol del Estado en la economía

Por: Andrés A. Escalante.
El rol del Estado en la economía
Foto: pymecom.com

¿Cómo se puede beneficiar nuestra sociedad del Estado sin que éste atente contra nuestras libertades? Esta interrogante epitomiza uno de los temas de mayor sensibilidad social para quienes creemos en la economía de mercado y en la libertad como principio rector de vida. La respuesta a esta vieja pregunta tiene dos partes. La primera consiste en definir las funciones del Estado en la economía de modo que nuestro sistema capitalista sirva como mecanismo natural de la libertad económica y como una condición necesaria para la libertad política. La segunda parte consiste en limitar la gestión pública a dichas funciones. Identificar el rol del Estado en la economía y circunscribir la gestión pública a dicho rol es medular para que el gobierno no pierda el norte porque un gobierno confundido en sus funciones es un gobierno torpe, desmedido y caro.

¿Cuáles deben ser las funciones del Estado en nuestra economía? Adam Smith propuso hace más de 230 años que el Estado: i) vele por la soberanía nacional; ii) vele por la integridad de nuestra sociedad; y iii) crea instituciones públicas y asuma como obra pública todo aquello que sea de beneficio social mas no pueda realizarse según intereses privados. Estoy de acuerdo. Pero necesitamos interpretar la tercera función debidamente porque es de concepto amplio y su falta de claridad relativa ha servido para justificar el intervencionismo estatal en nuestra economía en desmedro de nuestras libertades.

Para ver esto consideremos un ejemplo. Supongamos que la actividad productiva de una fábrica contamina involuntariamente las aguas de un río del que se beneficia mucha gente. Económicamente esta contaminación representa un costo adicional y externo al proceso productivo que la fábrica impone a terceros. En principio, toda esta gente estaría dispuesta a permitir que la fábrica contamine el río por un precio. Pero es prácticamente imposible que la fábrica pueda identificar a toda la gente afectada y viceversa, con el fin de indemnizarla individualmente o llegar a algún acuerdo. Tenemos pues una “falla de mercado” debido a una “externalidad”, negativa en este caso, por la que no se puede compensar a la gente afectada.

Las externalidades son inherentes al intercambio voluntario y permanente de bienes y servicios. El afán por abordar las externalidades y corregir las fallas de mercado justificaría el intervencionismo estatal. Esto sería cierto únicamente en primera instancia porque como lo resaltara Milton Friedman, el intervencionismo estatal también genera efectos colaterales de los que resultan las “fallas de gobierno”. El problema principal para neutralizar externalidades es la falta de información sobre quiénes se afectan y en qué forma. Ante este hecho fáctico cualquier esfuerzo del gobierno en rectificar una situación afín podría resultar contraproducente e inclusive empeorarla, imponiendo costos adicionales -e.g. más impuestos--a terceros quienes probablemente no tienen nada que ver con el tema.

Nuestra experiencia enseña que cuando una iniciativa pública no cumple con las expectativas del caso o se desborda financieramente por el exceso de costos escondidos, el gobierno en vez de suspenderla tiende a mantenerla, asignándole mayores recursos. Con esto no quiero decir que la intervención estatal en la economía no se justifica, sino que debe ser estrictamente necesaria para justificarse (Con información del diario Expreso).

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