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Miércoles 23 de mayo 2012

El Burgués

Por: Guillermo Rojas.
El Burgués
Foto: Medios

La verdad sea dicha, el economicismo no nos va, lo consideramos una visión pedestre y reduccionista (otra cosa es la economía, no se asusten ni nos miren mal los economistas),

Eso de ceñir todo el comportamiento humano a la cantidad que el humano que se comporta tenga en el bolsillo, y si se comporta mal es por hambre y carencia, como si no hubiera hartos que se comportan como en un chiquero, no es buen método para extraer conclusiones certeras.

Los razonamientos que se sientan en una silla de  una sola pata y esa pata es el materialismo, están tremendamente alejado de lo nuestro, por eso cuando en muchísimas oportunidades nos hemos referido a  algunos tildándolos  como  burgueses no lo hemos basado en el materialismo marxista que  definía al burgués como el dueño de los medios de producción, personaje  al que el proletario vendía su trabajo estableciendo la relación explotador -explotado. Digamos que para esta época y para lo que vamos a tratar no sirve mucho ese concepto.

Es mas hoy no sirve ni para el fin con que lo enunciara Marx: la caracterización de la relación capitalista. Tan compleja se ha vuelto la sociedad humana y tan simplistas son hoy cosas que antes arrasaban y sentaban basa en ciertos sectores, de ser irrefutables verdades.

Hoy el denominado proletariado (el que vio Marx)  ha desaparecido, se ha transformado en una maquina,cuando no se ha convertido en una clase complementaria del capitalismo global, el que se comporta de la misma manera que antes pero con otra “imagen” otros medios otros métodos y otro alcance territorial.

La imagen del proletario como alguien que trabajaba por monedas para el enriquecimiento del patrón se nos antoja un arcaísmo, a pesar que la explotación aun existe y hemos visto aquí en Argentina a escasos kilómetros del centro de Buenos Aires, como los explotados defienden su yugo a veces con piedras en las manos, por que les permite obtener el mendrugo que los mantiene vivos. Curioso mundo el actual.

Volviendo al tema, más se acerca nuestra definición de burgués a lo que  Kart Schmidt definiera en El Concepto de lo Político o sea

“…el hombre que no desea abandonar la esfera de lo privado, como apolítica y libre de riesgos, que en la posesión y en la justicia de la posesión privada se comporta como individuo frente al todo, que halla la sustitución y compensación de su nulidad política en los frutos de la paz y de la adquisición de bienes y sobre todo «en la perfecta seguridad del disfrute de los mismos», y que, como consecuencia de lo anterior, quiere quedar eximido de la necesidad de ser valeroso y de los peligros de una muerte violenta”.

Ya lo decía una cancionseja zurdoide  de los 70 los burgueses son el fundamento de la paz. La paz con minúscula lógicamente

Esta definición viene como anillo al dedo a una importante porción de la sociedad argentina, que suele quejarse mucho, pero que no quiere arriesgar absolutamente nada a la hora de luchar por  la Patria.

Es mas, el concepto de Patria se le antoja algo muy milico, muy fascista y prefiere hablar de país…generalmente de país de m.... cuando se da a la crítica desenfrenada.

Justamente el apoliticismo y la liberación del riesgo es donde convergen muchas veces para manifestarse sobre temas que justamente son de altísimo voltaje político, y cuya solución no se avizora en base al pacifismo del que son amantes para eludir el peligro que las pociones firmes conllevan. Banalizándolos, tratándolos superficialmente y aplicando para ese trato el conjunto de lugares comunes de la corrección política, con los cuales no llegan a ninguna solución, justamente por que ese discurso políticamente correcto es parte del problema que los acosa, sin que se den cuenta.

Ese discurso es el de la democracia como medida de todas las cosas,  la ideología de los derechos humanos como algo intangible y la legalidad del sistema como algo intocable.

Será entonces común en esta gente decir “no politicemos el tema” cuando se trata de la denominada “inseguridad” y los hemos escuchado decir lo mismo con referencia al aborto o lo del “matrimonio homosexual”.Tildan de exageradas las posiciones con referencia a la defensa de la soberanía.. Lo primero lo ven como una cuestión técnico jurídica, propia de la policía o la justicia penal o dependiente de mejorar leyes, y a lo segundo lo tratan desde una perspectiva mera y burdamente relativista o solo hacen un abordaje moral o religioso desconociendo en ambos casos o no queriendo ver de donde provienen esos fenómenos y del contexto político en que crecen y se establecen  en nuestra Nación. Lo tercero se les antoja lejano por que no pueden tomarse el colectivo y llegar a Puerto Argentino en media hora.

Menos aun pueden avizorar lo que representan sus consecuencias a cincuenta años vista (por ejemplo) pues son cultores del  cortoplacismo político. Explicárselo parece inútil. Es politizar o adherir a hipótesis conspirativas. Dentro de cincuenta años estaremos muertos afirman…que otros se preocupen.

La versión políticamente correcta de estos y otros temas los lleva a un análisis del contexto, propio de la puerilidad. Aquello del país jardín de infantes se vuelve realidad y tiene una importante entidad en el imaginario  del burgués medio empezando con la frase seudo religiosa de “creo en la democracia”, como si la democracia no le diera indicios diariamente como para apostatar ya mismo de la mencionada creencia.

El burgués se mueve siempre en el miedo, miedo a perder sus posesiones o a no poderla disfrutar. Su discurso siempre tiene un ethos donde el comprar, vender, exportar, ahorrar es lo común y la filosofía del buen contribuyente es su elam vital. Soy por  que pago y por que pago “tengo derechos”. Como si no hubiera problemas más importantes y de diversos orígenes y originados en diferentes motivos, el burgués suele reducir todo al común denominador de lo económico. En eso se parece al  progresista que pintaremos en la próxima nota.

Antes que argentino, antes que defensor de una estirpe o una Patria, antes que heredero de una cultura el burgués  es un número de CUIT. No le pidamos que se arriesgue, ni le reclamemos un comportamiento lejanamente emparentado con la heroicidad o la santidad, lo considerará cosas de dementes. Ya sabemos, que de pura casualidad le pone el pecho a la camiseta.

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