
No es inusual que ocurran casualidades que nos sirvan para darle un poquito al coco. Por ejemplo, justo en el momento en que ocurre consistentemente una arremetida extraoficial del oficialismo contra la supuesta homosexualidad del candidato de la oposición, la Real Academia de la Lengua Española incluye en la definición de matrimonio de su diccionario a la "unión de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses". La oficialidad de la lengua castellana cede ante una realidad latente, en la aceptación de una mentalidad que -si bien con más trompicones de los necesarios- ha conseguido evolucionar gracias a los ideales de igualdad y libertad que se han venido imponiendo desde lo social y lo jurídico.
Por supuesto, ninguno con cargo público hará referencias como las hechas por el Obispo de Alcalá en el mismo país de aquella Academia, de "amenaza a la sociedad y la familia", u otras similares; sobran sin embargo, de contrabando por las redes sociales, las alusiones a la supuesta preferencia sexual del flaco caminante. El epítome puede verse en un videíto de dibujos animados de Youtube en el que Capriles aparece con Briquet teniendo relaciones en un carro, así como la cuenta de Twitter @caprilerias.
La gravedad del asunto trasciende a la intolerante estupidez tan acostumbrada de imposición de mayorías (en teoría mayoría). Si bien es cierto que han existido avances considerables en nuestra mentalidad en la aceptación de aquellos que quieren y sienten cosas de una forma diferente, o de la misma forma pero por géneros diferentes, también es cierto que los guerrilleros comunicacionales apuntan a esa estrategia porque saben que es un flanco débil, demasiado débil, de nuestra sociedad, en la que la idea de igualdad, la libertad personal y la progresividad, a veces parece asimilarse más a la mentalidad obispal de Alcalá que a la de los señores del diccionario.
Difícil concluir otra cosa cuando la respuesta de muchos ante la tonta mofa del video, va desde "¿Cómo se atreven?", a "Capriles ha estado con las mujeres más bellas de Caracas", por no decir "pero si en el chavismo hay más patos que el carrizo". Rara vez, o ninguna se lee "Bueno, y si es homosexual, ¿Cuál es el problema?". Inconsistencias que afectan mucho más de lo que se cree a las nociones de cambio que decimos querer. Porque si la realidad es que la inseguridad, el desempleo, la inflación, la escasez y la situación educativa escolar son los problemas que aquejan con mayor rotundidad al desarrollo de la cotidianidad venezolana, ello no quiere decir que otros asuntos dejen de ser de igual relevancia, sobre todo considerando el discurso que decimos apoyar.
Si reputamos al plan del flaco como el correcto, es porque creemos en la inclusión generalizada de la sociedad y en un gobierno que restablecerá la institucionalidad republicana, en la que la igualdad y la libertad han de ser pilares fundamentales de un verdadero Estado de Derecho, sin la que todo lo demás no podrá ser jamás enmendado. Sin reconocimiento real de derechos a grupos que hoy carecen de ellos, tanta historia no quedará sino en puro cuento. Sin espacios para todos, lo que venga no será necesariamente más de lo mismo, pero tampoco será que lo que decimos añorar. O quizás yo me equivoco, y la verdad es la de aquellos promotores de la zafia discriminación; de la exclusión de algún sector por la necia imposición de una moral sobre otra, en ejercicio práctico del mismo esquema que hoy rige las oficinas que nos gobiernan (otrora instituciones); y nuestra mentalidad poco quiere identificarse con las decisiones de aquellos académicos. Dependerá de nosotros y no de la casualidad. (El Universo de Venezuela)