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Lunes 09 de julio 2012

Medio siglo después, el Zanjón sigue

Por: Augusto Ortiz de Zevallos.
Medio siglo después, el Zanjón sigue
Foto: Diario La República

Luis Bedoya fue el primer alcalde elegido en Lima, cuando Belaunde restituyó elecciones municipales después de viejos modelos aristocráticos y prefecturales para manejar las ciudades desde el poder central, lo que explica nuestra crónica orfandad de recursos y competencias en los gobiernos municipales y regionales.

En el año 63 le ganó sorpresivamente a María Delgado de Odría, candidata de una incomprensible coalición del Apra con la Unión Nacional Odriísta, que fue así castigada con este resultado. La candidata había sido en los años 50 nuestra variante algo beatífica y bastante menos agraciada del populismo de Eva Perón. Una bondadosa y regalona esposa del presidente dictador, cuya campaña electoral para la alcaldía se organizaba con rifas de máquinas de coser, como las que conocemos ahora, con computadoras y galletas.

Para suplir su escasa elocuencia la acompañaban figuras como Javier Valle Riestra, pero doña María fue derrotada por Bedoya, quien era entonces un juvenil y brillante abogado democristiano que renunció a ser ministro de Justicia para intentar ganarle, y a quien FBT resignadamente le guardaba ese ministerio que Bedoya ya no necesitaría más para ser una figura política de primer nivel y estatura hasta hoy. Ganó. Y una vez que ganó debió escoger qué hacer con esa alcaldía que había conseguido con los votos.

Confiesa generosamente don Lucho Bedoya que no tenía mucha familiaridad con estos temas y recuerda a dos inspiradores arquitectos: Fernando Correa Miller, cuñado de FBT e hijo del presidente de los demócratas cristianos, quien había liderado el planeamiento de Lima; y Ernesto Aramburú, quien era, sin un bagaje académico equivalente, un dinamizador e impulsor de iniciativas. Les reconoce haber propuesto el aprovechamiento del derecho de vía del tranvía para reemplazarlo por esa Vía Expresa que todos conocemos como ‘Zanjón’, que fue el nombre primero caricaturesco de sus sonoros opositores y luego cariñoso de esa pieza clave de la Lima moderna. Reconoce también, creo, la ayuda para el financiamiento de quien había sido sempiterno embajador peruano en Estados Unidos, Fernando Berckemeyer, para modelar el financiamiento internacional con aval del Estado.

Creo que ese recuento omite –y hubo posteriores broncas políticas que lo explican– el papel de Benjamín Doig Lossio, un talentoso arquitecto joven que fue su teniente alcalde y que en la ley municipal anterior, en que los concejales no eran decorativos sino actores reales, fue un gestor fundamental de esta obra.

Bedoya sacó adelante y materializó eso que se llama popularmente el ‘Zanjón de Bedoya’. Pese a crisis políticas que lo llevaron a formar el PPC y que al final del gobierno de Belaunde su propio partido (AP) también se dividió con Doig y varios concejales en el bando cercano a la DC y contrario a Bedoya. No la tuvo fácil. Debió, además, expropiar y cambiar (no creo que para bien) el modelo de transporte. No había transporte público en su ‘Zanjón’. Pero sí había un diseño de sección vial que lo permitía. Y eso hizo que el siguiente alcalde después de su reelección, Chachi Dibós, lo implantase en el gobierno militar de Velasco, después del golpe de Estado y la conclusión del mandato de los alcaldes, cuando Bedoya reelegido dejó el cargo.

Entonces, Dibós, con Aramburú convertido en alcalde de Miraflores, cuando Velasco, extendieron el ‘Zanjón’ a la Costa Verde. Por esa época el transporte público de Lima era un referente para América Latina. Pero allí quedó, inconcluso y sin continuidad, este proyecto que debía ir más lejos, quizás o sin duda con el cálculo político instrumental para que la evocación de Bedoya no fuese mayor. La mezquindad es parte de la historia de Lima.

Esa Costa Verde de hoy y de hace más de cuarenta años se estrella contra nada en República de Panamá. Allí donde llega todo se vende flores y se inicia un laberinto para tratar de pasar mal por Barranco, hoy con un Metropolitano metido como sea. Y la eficiencia del ‘Zanjón’ como eje estructurador queda anulada. La decisión de Susana Villarán de llevar adelante este proyecto supera esta situación de despropósito.

Este martes que pasó, una sesión del municipio, en que Luis Bedoya fue invitado a la presidencia por Susana Villarán, ha resuelto este absurdo para sacar adelante esta vía. Hay, claro, quienes después de pedir privatizar todo, siguen mezquinando esta iniciativa, pretendiendo, por ejemplo, que un municipio sin recursos pueda pagarla con fondos públicos que no hay.

Pero fue una lección de civismo e inteligencia política esa sesión con presidencia compartida en que Lima resolvió sacar adelante un proyecto clave para su futuro ahora que somos tres veces más los ciudadanos. Y pronto habrá otra oportunidad para reconocerle a Luis Bedoya haber hecho obras importantes, cuando se recupere el Mercado Central, acompañado de hacer algo análogo con el histórico y emblemático Barrio Chino.

Ese diálogo de políticos con visión y calidades, eso que se extraña en nuestra clase política, tan protagónica como a veces caníbal, es lo que le interesa a la ciudad y al país. Es lo que han hecho Susana Villarán y Luis Bedoya Reyes por Lima (Con información de Diario 16).

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