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Martes 10 de julio 2012

Tener o mantener a un premier

Por: Augusto Álvarez Rodrich.
Tener o mantener a un premier
Foto: Andina

Argumentos débiles que menosprecian a Humala.

Ollanta Humala debe cambiar de premier, pues retener a Óscar Valdés habla mal del sentido que quiere darle a su presidencia.

El consenso sobre la incompetencia de Valdés para ejercer el premierato, en una circunstancia compleja, es tan amplio que la prolongación de la agonía es una temeridad política.

Un zombi que hasta en el propio gobierno reconoce que no sirve para un conflicto como el de Cajamarca, evidencia el problema que tiene Humala: si su premier no sirve para eso, ¿para qué sirve entonces?

La justificación de que el gobierno se desprestigiaría por tener dos gabinetes en poco tiempo es débil. Si el actual no funcionó, debiera reconocerse que Humala no supo escoger sus dos primeros equipos. La terquedad de prolongar la permanencia de un premier que no funciona transmite, en esta circunstancia, temor a volver a meter la pata, lo cual sí sería un síntoma de debilidad.

También dicen que cambiar hoy a Valdés sería una victoria de la protesta de Cajamarca frente a Humala, cuya presidencia, por ello, se debilitaría. Mantener un premier que no sirve es lo que debilita al gobierno.

Pero hay otra forma de interpretar la permanencia de Valdés de un modo más simple y mucho más preocupante: que el estilo del actual premier encarne lo que el presidente Humala espera de su gobierno.

Obviar este argumento deja de lado, por descuido o conveniencia política, que el presidente designa y decide la permanencia del premier. Echarle la culpa a Valdés de todo sería, así, menospreciar a Humala al ponerlo como marioneta que baila al ritmo del premier de turno.

Ahí radica la preocupación de la permanencia absurdamente prolongada del premier, pues constituye un indicio de que Humala habría renunciado a su intención planteada en la campaña de que un rasgo distintivo de su presidencia sería que, a diferencia de las previas, sabría cómo manejar diálogos inteligentes con todas las regiones del país para resolver los problemas.

Valdés transmite la abdicación de la misión elemental de un gobierno de hacer política y, también, de sacar adelante la indispensable inversión privada pero como sea, con bala, sangre y muerte. Eso es inviable y, para un gobierno como el de Humala, políticamente suicida.

Ollanta Humala necesita empezar el segundo año con nueva actitud, hasta parecer un nuevo gobierno. Pero más que cambiar de premier, él es el que debe recapacitar sobre lo que realmente quiere.

La salida de Valdés solo sería, así como la decisión del reemplazo, un indicio sólido de lo que Humala quiere que sea su presidencia. Prolongar al actual gabinete, en cambio, habla muy mal de lo que se viene (Con información del diario La República).

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