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Martes 07 de agosto 2012

Haya de la Torre: 33 años después de su muerte

Por: Javier Valle-Riestra.
Haya de la Torre: 33 años después de su muerte
Foto: Medios

Cristo empezó a predicar a los treinta y tres años. Hoy su remoto discípulo multisecular, Víctor Raúl Haya de la Torre, mi jefe, tiene treinta y tres años de muerto y sigue predicando. Soy aprista no por los líderes de hoy, sino, los de antaño. Los textos que me seducen son los de hace ochenta años que no han caducado, porque los ideales acuñados por Víctor Raúl, siguen vigentes.

Los economistas burócratas dirían que el producto interno es mucho más alto, que el analfabetismo se ha reducido, que han desaparecido las haciendas azucareras opresoras. De acuerdo. Pero, el Perú sigue siendo una nación dentro de un continente que debería estar unido en un gran Estado. Las minorías expoliadoras no son ya las cañeras, pero tenemos formas modernas y tecnológicas de explotación del hombre por el hombre, del hombre por trusts.

La democracia deviene así en un concepto verbal contenido en un papel mojado en tinta que es la Constitución de 1993. Es una magna lex chauvinista, sin sentido continental, sin sentido unionista, sin sentido emancipador, al revés de la de 1979. Estructuralmente hemipléjica porque solo tiene una Cámara, rompiendo la tendencia continental y la tradición histórica del Perú.

De casi doscientos años de independencia, estos diecinueve años siniestros son los hegemónicamente monocamerales. Si Víctor Raúl resucitara, diría, hemos arado en el mar. ¿En qué quedan nuestras catacumbas, las carcelerías, mi asilo en la Embajada de Colombia, los exilios, las calumnias oligárquicas? Somos el primer partido del Perú, el precursor ideológico de Indoamérica, pero el saldo es tener cuatro diputados en el Parlamento. Ilógico.

Ingresé al aprismo en la clandestinidad de mil novecientos cincuenticuatro, a los pocos días de finalizar la carcelería sufrida por Ramiro Prialé durante seis años. En enero de mil novecientos cincuenta y seis exigí legalidad para el Partido Aprista durante una multitudinaria manifestación convocada por la Coalición Nacional en el Callao, tal como lo hiciera Armando Villanueva al mes siguiente en Trujillo.

Discrepé públicamente del PAP en octubre de mil novecientos cincuenta y nueve. Sin embargo, pese a semejante infantilismo radicaloide, jamás perdí mi mentalidad aprista. Tengo ochenta y un años. Setenta de aprista. No veré, lógicamente, la resurrección hegemónica del APRA, pero puedo vaticinarla y desearla.

Antes de la mitad de este siglo, los pueblos al sur de Río Grande, se habrán unificado. Las tierras y las industrias serán Indoamericanizadas. El gran Estado que surja no será instrumento de opresión, sino, la personificación jurídica de los trabajadores manuales, intelectuales y capitalistas. Europa continuará en su crisis, despedazada su utópica unificación, pero los viejos pueblos coloniales, asimilando lecciones de aquende y allende, de ayer y de hoy, serán los líderes del mundo.

Sí. Las masas mestizas, aztecas, quechuas, aymaras y los indoeuropeos serán el retrato de un nuevo mundo. No se diga que fue inventado el 2050. El gran precursor del unionismo y de la indoamericanización es Haya.

Publicado el 7 de agosto de 2012 en el diario La Razón.

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