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Miércoles 22 de agosto 2012

El cuento de Hugo y Assange

Por: Miguel E. Weil Di Miele.
El cuento de Hugo y Assange
Foto: Referencial

A ustedes queridos lectores poco les importará el malibú de mi madre. Azul, como el de Bacalao Men, con asientos de vinilo, pero sin el ventilador pa' la calor. Hoy, entre tanto cuento de embajadas y güquilics, premonitora razón la de mi vieja cuando visteándome en el asiento de atrás por el retrovisor de su malibú azul, me cantaba una canción, cuyos compases yo marcaba con alguno que otro lepe de conveniencia a mi hermano:

"Este es el cuento del mundo al revés.
Érase una vez, un lobo muy bueno;
una bruja hermosa,
un príncipe malo,
malo maluco,
requetemalo,
que junto con su princesa
se comía los caramelos
de los niñitos,
an - to - ja -dos.
Este es el cuento del mundo al revés".

Este es el cuento del mundo al revés. Eráse una vez, un lobo muy bueno, que ha negado el salvoconducto al director de un diario de su país, pero hoy se enarbola como el gran héroe latinoamericano del asilo, acompañado de sus lobos amigos que han hecho lo propio. Evo el lobo con el opositor Pinto, el lobo Hugo con la embajada de El Salvador.

Una bruja hermosa, que se niega a preguntar nada a su espejito espejito, respecto de toda la información que le sacaron al Departamento de Estado debajo del colchón, y a quién le importa un carrizo tener como prisionero sin presentación ante un juez a un militar que sintió que develar aquello era su deber. Así, muy al estilo de "traición a la patria". Cosas de lobos. En el mundo al revés la revolución americana y las ideas de libertad fueron en vano.

Un príncipe malo, malo maluco, requetemalo, que junto con su princesa se comía los caramelos de los niñitos antojados, y que luego de hacer unos juegos olímpicos tan lindos y bellos, y de tanto John Locke y Tomás Moro, de tanta instauración de concepciones sobre el Estado de Derecho, han estado apunto de reventar las Convenciones de Viena como si cualquier cosa, poniendo en vilo principios del derecho internacional tan fundamentales como indispensables para el funcionamiento relativamente apropiado de las relaciones entre los Estados. El príncipe junto con su princesa, han estado a tirito de darle rienda suelta a lobos, ogros y dragones, en su deseo de comisión de fechorías. Es Margaret Thatcher con los bríos de reconocerle a Pinochet la llegada de la democracia a Chile. Hayek y Von Mises no hacen milagros, o ¿Será esto lo que hacen?

Este es el cuento del mundo al revés. En el que la libertad de expresión es reprimida por aquellos que la inventaron; el asilo otorgado por quienes niegan salvoconductos según convenga; la unión suramericana pregonada por quien más ha atentado contra ella. Y es que los príncipes, brujas y lobos ya no son ni buenos ni malos. No hay roles. Es el mundo; al revés.

A nosotros nos quedará todo el güiquiliqueo. Como estamos en la historia del mundo al revés, los aldeanos somos dueños del castillo, y cada vez más podemos ver lo que hacen quienes determinan nuestros designios, escudriñar y fregar la paciencia hasta el cansancio; decir lo que queremos, y ver lo que queremos una y otra vez, como el video del señor lobo criollo desde San Félix nos dice que el problema eléctrico existe hoy por culpa de una gente que tiene 14 años sin gobernar. Internet le duplica la cara de tabla. Podremos sacar a la luz lo que sabemos, o lo que queramos. Si hoy el lobo nuestro anda de defensor de aquellos que filtran lo que los gobiernos hacen, será bueno tomarle la nota, para ver si se aplaude igual al que publique las marramucias del suyo. Porque a pesar de los peligros de la fanfarria 2.0, entre cartas ilusorias de Cadivi, y otras pistoladas colectivas que se filtran por su propia falsedad,  reluce lo cierto. Y es nuestro. El mundo al revés, y al través. (El Universal)

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