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REDES SOCIALES
Lunes 03 de septiembre 2012

El loco

Por Ricardo Alemán
El loco
Foto: csmonitor.com

Como todos saben, el candidato presidencial derrotado, Andrés Manuel López Obrador, rechazó el resultado del Tribunal Electoral, que desechó la impugnación de “los progresistas”, validó la elección y, por consecuencia, ratificó la victoria de Enrique Peña Nieto.

López Obrador dijo que así como “ellos” –en referencia a todos los poderes malignos que lo persiguen–, defienden “el régimen de corrupción, nosotros estamos sinceramente empeñados en abolirlo… aunque nos sigan acusando de malos perdedores, de locos, mesiánicos, necios, enfermos de poder y otras lindezas”.

Y podremos no estar de acuerdo con la política de AMLO, con su farsa reiterada y su “genial impostura”, pero también tenemos que reconocer que el derrotado candidato presidencial tiene toda la razón en continuar su lucha. Sin duda, también es cierto que le asiste toda la razón cuando dice, acusa, señala y sanciona lo que le viene en gana y a quien le plazca.

De hecho, López Obrador es el mejor ejemplo de que la democracia mexicana vive uno de los momentos de mayor libertad de expresión y de pluralidad de ideas en su historia. Más aún, también es una verdad de a kilo que sin esa libertad, AMLO no estaría donde está.

Sin embargo, resulta que el señor López Obrador –líder social, dos veces aspirante presidencial y mesías para no pocos de sus fanáticos–, no tiene ni el derecho ni el deber de usar la mentira y el engaño como instrumentos políticos para su causa. ¿De qué estamos hablando?

Nos referimos a que si bien es urgente legislar –regular y castigar–, el clientelismo con fines electorales, la compra de votos en todas sus formas y el uso de recursos públicos en las campañas, también es cierto que en esa misma reforma electoral se debe legislar –sancionar y castigar–, que los políticos no utilicen la mentira y el engaño con fines de propaganda, arenga y discurso para ganar votos. ¿Por qué una medida como esa, que parece extrema y sumar al exceso reglamentario en materia electoral?

Porque la mentira, la falsedad, el engaño y la difamación –incluido el hecho de inventar falsar realidades–, en tiempos electorales y en boca de un líder social, un candidato presidencial y un jefe partidista, es tan dañino para la democracia electoral y la estabilidad institucional, como el clientelismo con fines electorales, la compra de votos y el uso de recursos públicos en  campañas.

Y si de ejemplos se trata, abundan.

¿Cuánto daño le causó a las instituciones y al país, a la inversión foránea, la creación de empleos… la mentira vulgar del fraude electoral de 2006? ¿Cuánto daño causó la falacia de que Felipe Calderón eso era un alcohólico? ¿Y cuánto daños ha causado la mentira de que Calderón es culpable de 60 mil, 80 mil, 90 mil muertes; infamia que, incluso, busca ser llevada a la CIDH?

Las mentiras que en 2012 esgrime López Obrador para justificar su derrota –y que sus fanáticos creen a ciegas–, es que hubo fraude el pasado 1 de julio, que se compraron votos, que las encuestas se usaron como propaganda, que los medios se vendieron, que se usaron tarjetas Soriana y Monex para comprar votos y… todo lo que gusten y manden.

Nada de eso fue cierto, lo han demostrado a satisfacción el IFE y el TEPJF. Aún así, AMLO inventa su propia realidad y acusa sin una sola prueba, que las elecciones no fueron limpias, libres ni auténticas; que el poder surgido de esas elecciones es ilegítimo y que las instituciones están secuestradas por la delincuencia de cuello blanco… sofisma que la mal llamada izquierda utiliza desde 1988, y que le ha provocado cinco derrotas presidenciales al hilo.

No, Andrés Manuel López Obrador no es “el loco” que muchos quieren ver en su personalidad y desempeño políticos. No, AMLO es un animal político que abrevó las mejores prácticas del viejo PRI; el engaño, la mentira, la difamación, el invento de realidades inexistentes, la infamia… todas usadas contra las izquierdas y la derecha, por los gobiernos de Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, De la Madrid y Salinas.

Y si tienen dudas de las mentiras de AMLO, dos perlas. Uno, acusó que las encuestas fueron usadas como propaganda y que, al final, fallaron. Sí, pero AMLO pregonó su propia encuesta que, también falló. Y dos, acusó que EPN compró 20 millones de votos. ¿De verdad los 15 millones de votantes por AMLO no recibieron dádivas?

¡No más mentiras en boca de políticos y candidatos!

EN EL CAMINO

Y a propósito de mentiras y mentirosos; la versión de la Policía Federal sobre el tiroteo de Tres Marías, no resiste el más elementa análisis. ¿Otro montaje de Genaro y sus muchachos? Al tiempo.

Nota publicada en periodicocorreo.com.mx

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