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Miércoles 05 de septiembre 2012

Neil Armstrong deja el planeta Tierra por segunda y última vez

Por: José de la Herrán.
Neil Armstrong deja el planeta Tierra por segunda y última vez
Foto: gopusa.com

Coronel de la fuerza aérea de los  (USAF) nació en Columbus, Ohio y después de su educación elemental tomó clases de vuelo y a los 15 años obtuvo su licencia de  aviador. Dado su interés por conocer los fundamentos de la aviación, estudió  aeronáutica, pero tuvo que suspender sus estudios para ir a la guerra de Corea. Después, terminó sus estudios y por la experiencia obtenida como piloto naval, fue seleccionado como piloto de pruebas y, entre muchos otros vuelos y varios accidentes de los que salió ileso, demostró que el avión X-15 era capaz de volar a varias veces la velocidad del .

En 1962, la  (Administración  de Aeronáutica y del Espacio) eligió a los nueve astronautas, entre los que estarían los tres primeros que viajarían en la misión Apolo XI y de los cuales uno de ellos sería el primero en pisar nuestro satélite , la Luna. Estos nueve astronautas fueron sometidos a un fuerte entrenamiento, durante cuatro años, para la primera misión lunar que ocurriría en 1969; es claro que Armstrong estaba entre ellos.

El proyecto lunar estuvo dividido en tres etapas escalonadas en dificultad; primero, fue la etapa Mercurio con los primeros vuelos orbitales americanos. A ésta siguió la Gemini, para ensayar acoplamientos entre dos astronaves; y la última, la Apolo, con los gigantescos cohetes Saturno que llevarían a los primeros astronautas a la Luna.

En marzo de 1966, Neil realizó su primer vuelo orbital como comandante del Gemini 8, misión en la que logró el acoplamiento entre su astronave Gemini y la cápsula Agena, que ya se encontraba en órbita. Después del acoplamiento sucedió lo que ya le había sucedido un buen número de veces en su trabajo como piloto de pruebas, esto es, lo inesperado y -como otras veces- pudo resolver a la primera un problema nunca antes sufrido y en el que le iba la vida.  Efectivamente, las naves Gemini 8 y Agena, ya acopladas comenzaron inesperadamente a dar tumbos, a girar en forma descontrolada, con lo cual se imposibilitaba el reentrar a nuestra atmósfera para retornar a Tierra. ¿Qué hacer…? En ese momento, Neil demostró una vez más su capacidad para salir adelante en una situación desesperada.

En marzo de 1969, un pequeño comité de cuatro expertos que fueron Slayton, Low, Gilrut y Kraft, decidió que Neil sería la primera persona en pisar la Luna. Esto fue así porque un análisis de su carácter, de su personalidad y de su trayectoria demostraba que, de los nueve candidatos, de entre cientos de aspirantes, Neil reunía las cualidades necesarias para comandar la primera misión lunar.

¿Qué pudo sentir una persona común y , como él decía ser, al mirar en su entorno un paisaje desolador, un cielo negro y sin estrellas, en el que solamente brillaba un lejano planeta azul y blanco, metido en un incómodo traje espacial que le limitaba movimientos, y que había perdido las tres cuartas partes de su peso…? Sin lugar a duda, una sensación que nunca antes un ser humano había experimentado. Y después de posarse en el suelo lunar ¿Cuántas veces se habrán repetido ya, en casi todos los idiomas, sus primeras palabras al pisar la Luna…?

Niel Armstrong había “entrado” en la Luna con el pie izquierdo. Hombre con una mentalidad práctica y conocedor de sus reacciones y aptitudes, muy lejos de pensar en supersticiones, lo había hecho a propósito, considerando que, de falsear la pisada, su pie derecho, más ágil que el izquierdo,  lo salvaría de una caída.

Pero no había tiempo que perder, Aldrin ya estaba en el suelo lunar y juntos tenían que montar varios aparatos y una bandera. Sin embargo, la primera instrucción en su hoja de actividades lunares indicaba que, de inmediato, al “tocar Luna” había que preparar su partida. ¿Qué tal si una de las patas del módulo lunar comenzaba a hundirse en el suelo desnivelando la nave y haciendo imposible su despegue? Y así lo hicieron. Solo después de pasado un rato y de comprobar que el módulo lunar Eagle se hallaba inmóvil y estable, y habiéndolo comunicado así a Houston,  procedieron a preparar su contacto con suelo lunar y siendo Niel el primero, después de hacer el vacío en el interior del módulo, abrió la escotilla, descendió por la escalerilla y poco después pronunció la famosa frase por todos conocida.

Acto seguido, recogieron muestras lunares, se tomaron fotos y comenzaron a instalar sus aparatos, entre ellos un sismógrafo,  un colector de viento solar  y un retroreflector de rayos laser, aparato que sigue utilizándose para medir la distancia Tierra-Luna con gran precisión y que sirve, además, para disuadir a los incrédulos que todavía, después de tantos años, pretenden convencernos de que aquella formidable empresa fue tan sólo un despliegue de habilidad cinematográfica.

Al poco tiempo de su regreso a la Tierra, y por su carácter poco dado a la notoriedad, Neil dejó la NASA y se dedicó a dar clases como profesor en las materias y de las técnicas que mejor conocía.

Sin embargo, y como era de esperarse, Neil fue recipiente de multitud de reconocimientos en su país y fuera de él. Aunque su actitud siempre fue la de que simplemente había recibido y aceptado el encargo de una misión que se sentía capaz de llevar a buen fin y que no tenía porqué considerarse aquel hecho como algo sorprendente o inesperado, ya que en eso consistía su trabajo.

El pasado 7 de agosto, Neil Armstrong con 82 años sufrió una operación cardiovascular para eliminar un bloqueo de las arterias coronarias. Las complicaciones que siguieron ocasionaron su fallecimiento en Cincinnati, Ohio el mismo mes, el día 25.

Horas después de su muerte el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, hizo una declaración en la que lo situaba “Entre los más grandes héroes americanos, no sólo de su tiempo, sino de todos los tiempos…” Su familia lo caracterizó -y aquí me permito transcribir la declaración verbatim para que no pierda su sentido- como:  “A reluctant american hero, who served his nation proudly as a navy fighter, test pilot, and astronaut”  Y añadió: “ While we mourn the loss of a very good man, we also celebrate his remarkable life and hope that it serves as an example to young people around the world to work hard to make their dreams come true, to be willing to explore and push the limits, and to selflessly serve a cause greater than themselves.”

Quisiera resaltar el calificativo de “reluctant” que debemos entender como luchador en contra, que se resiste. Esto en el sentido de no aceptar una situación inesperada más que, después de un rápido análisis basado en la experiencia guiada por la inteligencia, para poder resolverla.  

Recordemos que él se encontraba justo en la cúspide de una pirámide tejida por miles de esforzados y competentes especialistas que habían estudiado, diseñado y construido cada parte del complejísimo artilugio capaz de -como dijera  el presidente J.F. Kennedy ocho años antes- “Poner a un ser humano en la Luna”. Recordemos también que un alto porcentaje de esta pirámide estaba conformada con objetos y de situaciones que se ponían en práctica POR PRIMERA VEZ, y que en la cúspide se hallaba él, de cuyas acciones dependía el éxito o fracaso de todo aquel esfuerzo gigantesco. Por ello, en el último momento, al estar a punto de alunizar en el módulo lunar Águila, inteligentemente aplicó su experiencia, desconectó la computadora que conducía ciegamente a la astronave, y tomó el mando manual para esquivar una zona pedregosa; y así posarse en un área despejada, esto contando simultáneamente los segundos que faltaban para que se terminara la última gota de combustible.

Gran admiración para un ser humano que debe ser considerado como símbolo digno de ser imitado, y gracias también a su familia que forjó esa frase que tan atinadamente lo describe y  que está dedicada a la juventud de todo el mundo (Con información del diario La Crónica).

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