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Jueves 06 de septiembre 2012

Chávez y Amuay

Por: Diego Bautista Urbaneja.
Chávez y Amuay
Foto: Referencial

El concepto de responsabilidad de un Jefe de Estado es una noción compleja, que tiene muchos niveles y formas.

Los gobernantes tienen responsabilidad por las consecuencias inmediatas que tienen las decisiones que toman en forma directa. Son los casos más claros y más simples. Un ejemplo de tales situaciones es el de la responsabilidad de Harry Truman por el lanzamiento de las bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas en 1945, que tenía como objeto acelerar la rendición de Japón y ahorrar las vidas que ocasionaría la continuación de la guerra y las ofensivas que serían necesarias para obtener la capitulación del tenaz tigre asiático. Ese fue el motivo que principalmente se adujo para justificar la tremenda decisión de lanzar las bombas. Pero ello no elimina el que el responsable final y claro de ella es Truman. Él y sólo él dio la orden, apretó el botón. Sabía perfectamente que la consecuencia de su decisión eran miles y miles de muertos de población no combatiente. Truman ni siquiera tendría espacio para lamentar esas muertes: él las ordenó y él lo sabía.

Pero como decíamos, ese es el tipo de casos más claro y simple. A partir de allí se desprende como una escalera de situaciones donde la responsabilidad del Jefe del Estado se hace más indirecta, abstracta, difusa, sin dejar por ello de apuntar inequívocamente en su dirección. Tenemos el caso de un gobierno que ordena disolver una manifestación con la fuerza pública. En el enfrentamiento, ocurren unas muertes. Hay exjefes de Estado que han sido condenados judicialmente por hechos como ese, atribuyéndoseles la responsabilidad de las víctimas. Ellos no ordenaron que ocurriera lo que precisamente ocurrió. Hubiesen preferido que no hubiera víctimas y que hubiese bastado con unas bombas lacrimógenas, y pensaban que eso era posible, cosa que no podía decir Truman. Sin embargo se les ha considerado responsables. Dieron lugar a una situación en la que lo que ocurrió podía realmente ocurrir.

Podemos seguir bajando la escalera, hasta llegar a situaciones como la de Amuay. Chávez no causó directamente la tragedia de Amuay. En lo personal, no tengo porqué dudar de que su dolor ante lo ocurrido sea sincero. Seguramente nunca pensó, al tomarlas, que una sucesión de decisiones que adoptaba y que son su responsabilidad hacía cada vez más probable que algo como Amuay ocurriera, independiente de cómo se produjera el chispazo final. Así tenemos que provocó, según propia confesión, la crisis de Pdvsa que llevó a muchos miembros de su personal a ir al paro petrolero. Luego decidió que la sanción por la participación en ese paro debía abarcar a veinte mil gerentes, empleados y trabajadores, gran parte de la crema y nata de Pdvsa. Luego adoptó de una manera consistente e implacable la política de extraer de Pdvsa grandes cantidades de bienes para fines distintos al petrolero, privándola de recursos para abordar con suficiencia sus tareas propias, entre ellas las de mantenimiento. Tanto así que, como se sabe, Venezuela es el único país de la OPEP que no ha aumentado su producción en este milenio. Luego adoptó y respaldó la política de politizar a Pdvsa al extremo, priorizando el criterio de la lealtad política por sobre el de la competencia técnica. Podemos seguir, hasta llegar a la fusión de los cargos de presidente de Pdvsa y de ministro del ramo, con lo cual la vigilancia que un organismo podría ejercer sobre el otro quedan eliminadas. Un poquito más abajo, está el hecho de que para rematar - y también es decisión suya- el beneficiario de tal fusión es alguien como el señor Ramírez.

Con seguridad que nunca se le pasó por la cabeza a Chávez que una acumulación de hechos como esos pudiera culminar en algo como la tragedia de Amuay. Chávez no es a Amuay lo que Truman a Hiroshima, ¡válgame Dios! Pero fue él quien creó las condiciones que han hecho posible que los accidentes en la industria petrolera se hayan multiplicado de manera que no nos debe ser difícil traer a la memoria, hasta culminar en la tragedia de Amuay.

Numerosos y gruesos hilos de causalidad van a dar al barinés. Son su responsabilidad y en esa medida y sentido, es responsabilidad suya lo que tales hilos han hecho posible. Chávez no va a ir preso por eso. La responsabilidad luce en estos casos como demasiado indirecta. Podrá seguir abrazando personas víctimas de los desastres, trémulo él y trémulas ellas. Pero no por eso son menos víctimas de remotas decisiones de quien llora con ellas. (El Universal)

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