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Lunes 17 de septiembre 2012

Gulliver en la Eurozona

Por: Eccio León R.
Gulliver en la Eurozona
Foto: Referencial

Los viajes de Gulliver es una novela de Jonathan Swift, publicada en 1726, aunque se la ha considerado con frecuencia una obra infantil, en realidad es una sátira feroz de la sociedad y la condición humana, camuflada como un libro de viajes por países pintorescos, un género bastante común en la época. El capitán Lemuel Gulliver, se encuentra en situaciones incomprensibles, es un gigante entre enanos, un enano entre gigantes, esta novela se asemeja mucho a lo que está sucediendo con Alemania con sus 27 socios de la Eurozona.

Alemania se encuentra acorralada ante la inminente orgía monetaria del BCE. El sentimiento de una Alemania emboscada por una alianza de la periferia Italia y España avalada por Francia, con lo que implica de ruptura de la lealtad en el eje París-Berlín. Horst Seehofer, líder de la Unión Social Cristiana bávara partido hermano de la Unión Cristiano Demócrata de Merkel, cuyos escaños sostienen el Gobierno de Berlín, amenazó con hacer caer la coalición si hay otra cesión que comprometa más al país en el rescate del Sur. Hans Werner Sinn, el economista más famoso de Alemania, ha escrito una carta abierta a la canciller, firmada por más de 200 economistas, en la que advierte que "nuestros hijos y nietos sufrirán" si se concreta una unión bancaria. A lo que se suma el horror de la prensa alemana ante el plan de compra ilimitada de bonos aprobado por el BCE con el único voto en contra del Bundesbank. La actitud contraria al rescate del euro es ya mayoritaria, según una encuesta, un 54%, se opone si implica más dinero alemán en nuevos rescates.

La imagen, al otro lado del Rin, es la de un Gulliver alemán, maniatado por las deudas financieras, las debilidades económicas y las trampas sociales de sus liliputienses socios mediterráneos. La Unión Europea se encuentra amenazada por un corrosivo conflicto Norte Sur que podría devorar todo lo conseguido hasta ahora en la integración europea. Un ingrediente es la inquebrantable convicción entre los alemanes, claramente fomentada por el Gobierno, de que la crisis ha sido creada exclusivamente por los perezosos europeos del sur que han vivido por encima de sus posibilidades. El otro ingrediente es la visión de que los alemanes, como principales beneficiarios del euro, han estado viviendo a expensas del resto. Ningún rescate puede salvar el euro, si la Unión Europea no puede superar esta desconfianza.

Europa está siendo desgarrada entre lo económicamente necesario y lo políticamente posible. Mientras lo primero: salvar a la periferia de su vulnerabilidad fiscal financiera es urgente y se vuelve más costoso cada día, lo segundo: crear las condiciones institucionales que legitimen el rescate y refuercen la gobernabilidad del euro es importante y necesario, pero el margen político cada vez más estrecho y el horizonte temporal más largo. La eurozona necesita solidaridad financiera inmediata instrumentada a través del BCE y el MEE, que tendrá que dotarse de una licencia bancaria para multiplicar su potencia financiera y, eventualmente, eurobonos. Para evitar un pánico bancario y la fuga de depósitos desde el Sur es preciso un seguro de depósitos y un fondo de recapitalización y resolución bancaria comunes. Pero Alemania y los países del núcleo no pueden soportar políticamente la solidaridad fiscal y la mutualización del riesgo sin avanzar hacia la unión fiscal y la unión bancaria es decir, hacia el control centralizado de los presupuestos nacionales y de los bancos. Algo impensable sin una unión política. Todo lo cual conlleva una compleja, lenta e incierta revisión de los tratados de la unión que precisa unanimidad de los 27 miembros. Hasta ahora, la postura de la canciller Merkel se ha limitado a decir "nein" a casi todo, evitando "soluciones mágicas" a corto plazo y el gran diseño a largo plazo que horrorizaba a Jean Monnet. Que el fuego lento de los mercados impongan a las economías del Sur la medicina de la austeridad fiscal y el ejercicio de las reformas estructurales parece ser la única estrategia discernible.

Es ingenuo creer que Alemania vaya a rendirse económicamente poniendo en riesgo su crédito y su competitividad, tan duramente ganados sin exigir a cambio control político. Es cínico sospechar que su exigencia de Unión Política sea solo un farol o una forma retórica y evasiva de seguir diciendo "nein". Se ha planteando la necesidad de un ministro de Finanzas europeo, bajo un presidente de la Comisión elegido directamente en elecciones que galvanizarían al electorado desde Portugal a Finlandia y un Parlamento Europeo reforzado. Francia, que siempre ha soñado con un Gobierno económico pagado con dinero alemán con la mínima cesión real de soberanía. Pero la personalidad del profundamente europeísta ministro de Finanzas alemán no encaja con esa frivolidad. Y el gran diseño fiscal, bancario y político federalista es la única manera que Alemania tiene de cuadrar el círculo entre lo económicamente necesario y lo políticamente posible. El drama es que, en ambos campos, la brecha entre norte y sur no deja de agrandarse.

En fin, un capitulo más de la historia de un gigante entre enanos, un enano entre gigantes, que está llegando a su fin. (El Universal)

TAGS: eurozona, Euro, PBI
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