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Domingo 30 de septiembre 2012

La vida de Ruth Thalía (y la de todos nosotros)

Por: Víctor Miguel Vich Flórez.
La vida de Ruth Thalía (y la de todos nosotros)
Foto: Difusión.

Hoy el capitalismo ya no tiene un exterior: no se detiene ante nada y no acepta que exista algo que quiera detenerlo. Con arrogancia, exhibe su poder colonizándolo todo y llegando a apropiarse de los lugares más insospechados. Hoy el capitalismo no solo compra las reservas naturales sino que también está dispuesto a comprar la vida privada de las personas. Nada ya debe ser externo a él. Esta es una sociedad obscena porque hasta el núcleo duro de la subjetividad, lo más íntimo de uno, se ha vuelto una mercancía, un valor de cambio negociable siempre dispuesto a convertirse en espectáculo. Los ejemplos sobran. Por dinero, un escritor puede contar su vida en un blog y hacer de ella un espectáculo. Las compañías de teléfono llaman a las casas en los horarios familiares para ofrecer planes mentirosos y engañar a los usuarios. Hoy el capitalismo se fusiona con el cuerpo, se pega a él, como esas licras de las anfitrionas que aspiran a quedarse siempre ahí. Los laboratorios farmacéuticos han convertido la salud en una maquinaria cuyo único objetivo es la acumulación de capital.

Más allá de eso, el dinero es un valor que ya prescinde de toda ética. Por dinero, alguien puede defender a un importador de carros chatarras y luego aspirar a ser alcalde de Lima. Por dinero, los partidos políticos están dispuestos a aceptar a cualquier candidato con tal de que financien las campañas electorales. Hoy, por dinero, los dirigentes vecinales pueden cambiar de opinión según el mejor postor y no tienen problema en dejar atrás sus viejas ideologías políticas. Si antes los actores de teatro se sentían comprometidos con ciertos principios ideológicos (y con mínimos estándares estéticos) hoy, por dinero, algunos de ellos pueden trabajar en una película sobre la violencia política cuyo guión oculta la verdad de lo sucedido y está producida por una universidad que, al parecer, soborna congresistas.

Por dinero, Ruth Thalía Sayas tuvo que hacer algo de lo que después se arrepintió, pero también por dinero decidió contarlo al interior de un programa de televisión. En realidad, se trata de un programa cuya verdadera misión es mostrar a un capitalismo arrogante que no se cansa de afirmar, con sorna y con extrema crueldad, que efectivamente puede llegar a comprarlo todo. Hoy, con dolor, contemplamos la muerte de Ruth, pero sabemos que los medios de comunicación seguirán ahogándonos en basura y que sus conductores seguirán defendiendo lo indefendible y justificando lo injustificable. Este es, en efecto, un capitalismo de alta intensidad.

Vivimos al interior de un sistema impersonal y desquiciado, sobre el cual hemos perdido control. Un sistema que está dispuesto a devorarlo todo. A Ruth la mataron entre varios, aunque, sin duda, ella también había quedado seducida por la fantasía del espectáculo y no llegó a diferenciar fronteras. Ruth también sabía que hoy todo es un negocio y, más aún, que todo debe convertirse espectáculo. ¿Qué se consume? La humillación pública. ¿Qué se vende y genera dinero? El goce obsceno del ver al otro humillado. En la actualidad, el capitalismo se ha vuelto un horizonte incuestionable, pero a algunos les sigue espantando la idea de cualquier freno o control social. Hoy no tenemos ninguna capacidad de imaginar algo nuevo. El Perú se ha vuelto una tierra liberada. Estamos felices con el presente (“el Perú avanza”, dicen) y preferimos seguir creyendo que este es el verdadero sistema de la libertad y de la promesa (Con información del diario La República).

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