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Miércoles 10 de octubre 2012

El Sexo: Portal a la Iluminación

Por: Luciana Cámpora
El Sexo: Portal a la Iluminación
Foto: Difusión

Luciana Cámpora, autora de estas líneas


En notas anteriores hablamos del valor espiritual de nuestros deseos mundanos. Hoy quiero ahondar específicamente en esta fuerza tan poderosa y movilizadora que es el deseo sexual.
¿Se preguntaron alguna vez acerca de este impulso?¿Qué es lo que nos lleva a ansiar el contacto íntimo con el otro?

En mi búsqueda de respuestas he llegado a concluir que la fuerza que se expresa a través de nuestros deseos e instintos, no es otra que la Fuerza de la Vida. Y como el impulso más primario de la Vida es el Amor, y el Amor es Expansión y Crecimiento… nuestra sexualidad (al contrario de lo que por ahí nos enseñaron), no debería tener nada de prohibido, nada de oculto, nada de sucio o de pecaminoso. Más por el contrario, debía guardar un propósito profundo, un propósito loable y elevado, digno de los Seres Espirituales que somos. Porque en este universo, todo es Espíritu, y todo es Sagrado. El sexo no podría ser menos.

¿Sabes que cuando buscas Sexo estás buscando una experiencia Espiritual?
¿Quién hubiera dicho que cuando deseas a alguien en realidad, estás deseando Iluminarte?

Resulta irónico pensar que la mayor parte de la humanidad debe de practicar el sexo, sin ser Consciente de lo que está haciendo, de lo que tiene en su Poder (por “ser Consciente” no me refiero al respeto de normas morales o profilácticas, sino al conocimiento del verdadero significado de la unión sexual y su papel Sagrado), y esto se evidencia en la abundancia de nombres vulgares con que se suele denominar al acto sexual y a los órganos implicados. Nadie que estuviera en pleno conocimiento del aspecto Sagrado de esta actividad podría denigrarla o rebajarla al grado de una simple conducta tosca, trivial e incluso humillante. Equivale a una herejía. Pero pocos se dan cuenta, y en el lenguaje cotidiano proliferan las voces con las que faltamos el respeto a nuestra propia naturaleza. Cuando en realidad, nuestra sexualidad, más allá de proveernos de un medio para la reproducción y el goce momentáneo, es una herramienta Espiritual, una herramienta de purificación y crecimiento que, bien utilizada, nutre nuestro cuerpo, lo distiende y fortalece, al tiempo que libera nuestra emoción y nuestra mente y es incluso capaz de elevar nuestra Consciencia. Pero para esto hay que saber practicar el sexo con Consciencia, y buscar la Consciencia a través del sexo.

EL SEXO BIEN PRACTICADO OBRA EL EFECTO DE AÑOS DE MEDITACIÓN EN APENAS UNAS HORAS, ES UNA PUERTA INMEDIATA A LA ILUMINACIÓN.

El orgasmo, “la pequeña muerte”, es ni más ni menos, una muestra de nuestra realidad espiritual. Es la forma más sencilla en la que podemos “asomar la cabeza” y ver qué hay del Otro Lado, escaparnos por un momento de la prisión del cuerpo y experimentar nuestra verdadera Libertad.

Así es como siente nuestro espíritu: un momento eterno, sin tiempo, sin pensamientos, sin cuerpo, sin fronteras, sin personalidad. Ese es el famoso “éxtasis” que tantos santos y sabios obtuvieron de sus meditaciones a través de años de prácticas espirituales y duras disciplinas. Ese es el secreto que se conserva vivo en el Tantra, y que las grandes civilizaciones históricas de la tierra conocían.

Los antiguos Incas, por ejemplo, utilizaban conscientemente el Poder del Sexo. Sabían el modo de realizarlo para honrar a su alma, a su cuerpo, y para atraer espíritus elevados al momento de concebir un hijo. La ceremonia de concepción de un nuevo miembro de la civilización inca duraba entre 8 y 12 horas. Durante este tiempo, la pareja de futuros padres se encontraba en intimidad, sin ningún tipo de apremio ni interrupciones, totalmente dedicados a amarse, a jugar, a explorarse, con placer y devoción. Sabían que debían dedicarse en cuerpo y alma, darse el tiempo necesario, para que sus organismos fueran gradualmente ascendiendo de frecuencia vibratoria, sensibilizándose más y más y más.

El hombre controlaba su orgasmo e incitaba a la mujer, dándole tiempo para que su cuerpo, naturalmente dotado de la capacidad de provocar orgasmos múltiples, despertara progresivamente y elevara su intensidad.

La mujer debe de experimentar varios orgasmos para que toda su fisiología sea estimulada (activando progresivamente cada uno de sus chakras) y la energía plena del momento actúe a través de ella, acelerando el Despertar de ambos. La energía que el hombre entrega a nivel físico, se eleva en el cuerpo de la mujer con cada clímax, quien la devuelve a su compañero desde su centro cardíaco. Así como la mujer se entrega al hombre en un nivel físico, el hombre debe hacerlo al nivel del corazón.  A menos que él se abra a recibir el Amor que le da su compañera, el acto sexual habrá sido sólo un derroche de energía.

Con cada orgasmo femenino la pareja conquista un nuevo nivel. Los incas lo sabían y practicaban esto con el debido respeto al cuerpo y a los potenciales totales de cada sexo. Y así, alternando álgidos momentos de frenesí con otros suaves y serenos, continuaban ascendiendo juntos, hasta que en el último minuto, cuando ambos se encontraban ya en la cúspide de su elevación y su Amor, con este sentimiento que los trascendía en cuerpo y en alma, engendraban a su hijo. De este modo garantizaban el nivel vibratorio elevado de los miembros de su civilización y crecían ellos mismos. Era una Ceremonia, una Meditación, la más completa y profunda que se pueda practicar, porque en ella se reunían todos los opuestos y complementarios: el hombre y la mujer, lo físico y lo espiritual, en una experiencia trascendental.

Este es el verdadero significado de “Hacer el Amor”. Es realmente hacer que el Amor crezca en ambos y despierte a la pareja hacia la propia Iluminación.

Separados, como hombre o como mujer, somos “mitades”, partes de un todo. Nuestro cuerpo, femenino o masculino, es la expresión de apenas un aspecto de la totalidad. La Trascendencia deviene de la unión de estos dos aspectos. Puede buscarse de muchos modos. Y puede hallarse prontamente, atravesando este inmenso Portal, que es el buen uso de nuestra sexualidad.

El acto sexual es la unión de dos mitades de Divinidad, en busca de volver a fusionarse con el Todo.

Luciana Cámpora, autora.
www.lucianacampora.com
Libros y Escritos para el Desarrollo Personal y Espiritual.

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