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Martes 30 de octubre 2012

El PAN mató la reforma

Por: Ricardo Alemán
El PAN mató la reforma
Foto: voxjuventus.com

No resulta esquizofrénico decir que, si bien en su versión preferente la reforma laboral está muerta, también es cierto que vive –en el 99% de su contenido–, si la vemos desde el plano de una reforma convencional.

En otras palabras, que se puede decir que aquella reforma laboral  aniquilada en el Senado de la República, podrá revivir en la Cámara de los diputados. ¿Por qué? Por razones que parecen elementales; porque ya sin la premura del tiempo, la reforma podría ser aprobada en cualquier momento; a días de terminar el gobierno de Calderón o, incluso, a pocos días de iniciado el gobierno de Enrique Peña.

Aclarado lo anterior, vale tratar de entender las razones por las que esa reforma fue aniquilada en el Senado. Y claro, conocer los motivos y a los autores materiales e intelectuales de tal crimen legislativo.

Todos saben que luego de una alianza PRI-PAN en San Lázaro, la reforma laboral avanzó positivamente en el 95% de sus objetivos. Sin embargo, una vez que pasó al Senado, el PAN se alió al PRD para tratar de sacar a favor de su causa, el restante 5% de la reforma. ¿Y en qué consistía ese 5% restante?

Poca cosa, se trataba de empujar la llamada transparencia y democracia sindicales. Por eso, senadores como Ernesto Cordero y Javier Lozano se empeñaron en avanzar en esa dirección. Y luego de mucha presión y de amenazas lo consiguieron. En efecto, el PRI aceptó incorporar en el articulado de la reforma laboral los principios de transparencia y democracia sindicales.

Sin embargo, para los senadores de PAN y PRD no fueron suficiente esos logros. Con la idea de que la reforma beneficiaba, de manera especial al naciente gobierno de Enrique Peña Nieto, los ambiciosos senadores azules y amarillos pretendieron sacar más.

Por eso decidieron elevar el costo de la negociación y los objetivos de la reforma. Por eso reclamaron transparencia y rendición de cuentas, además de democracia y voto libre, universal y secreto. Ante la sorpresa de todos, el PRI aceptó todo lo anterior, pero con una salvedad; que al momento de elegir a los dirigentes sindicales, además del voto libre, universal y secreto, se respetara la variante del voto indirecto y una combinación que incluya a las dos alternativas anteriores.

Dicho de otro modo, que el PRI no se negó a aceptar ninguna de las propuestas formuladas por la alianza emergente del PAN y el PRD, pero apeló a que fueran los trabajadores, y no los legisladores, quienes decidieran –de entre tres alternativas posibles–, el método para seleccionar a sus dirigentes. ¿Pero qué creen? Sí, que los senadores del PAN y del PRD se negaron, se aferraron a un solo método de selección de dirigentes y, peor aún, agregaron nuevas condiciones.

 Resulta que cuando azules y amarillos vieron que el PRI prácticamente parecía dispuesto a aceptar todo, entonces volvieron a subir el costo de la negociación. Así, PAN y PRD pactaron agregar un artículo a la iniciativa de reforma enviada por el presidente –el artículo 388 bis, que propuso la senadora del PRD, Alejandra Barrales, y que complica al extremo las huelgas y la contratación colectiva–, lo que finalmente rompió toda posibilidad de diálogo.

En respuesta, los senadores del PAN y PRD aprobaron en el pleno del Senado su propuesta final, con la esperanza de que en la Cámara de Diputados pudieran presionar para doblar al PRI. Sin embargo, el PAN no calculó que al regresar a la Cámara de Diputados la reforma, lo que había sido una iniciativa preferente, se convertía en iniciativa normal, sujeta a los tratos tortuosos, al paso del tiempo y a las veleidades del poder. ¿Por qué?

Por dos razones fundamentales. Uno, porque no existe una ley reglamentaria para lo que se conoce como “el péndulo legislativo” –que una iniciativa pase de una cámara a la otra y regrese a la cámara de origen–, y dos, porque al agregar un artículo al proyecto original del presidente Calderón –el artículo 388 bis–, los senadores del PAN y del PRD mataron la reforma.

Y no sorprende a nadie que las izquierdas hayan intentado reventar la reforma –de hecho, para eso acudió al Senado el reventador profesional llamado AMLO–, sino que la verdadera sorpresa es que el PAN haya “mandado al diablo” una iniciativa que salió del puño y la letra del presidente Calderón. En otras palabras, que el PAN habría mandado al diablo a Felipe Calderón.

Es decir, que los senadores del PAN no sólo pecaron de ambiciosos, sino de ingenuos y hasta de traidores con su presidente. Y es que hoy la reforma está en la cancha del PRI, quienes la sacarán cuando les favorezca y les convenga. Y el PAN habrá traicionado a Calderón. Al tiempo.

Nota publicada en correo-gto.com.mx

TAGS: Mexico, PAN
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