
Las próximas semanas se caracterizarán por la confrontación de una forma democrática, republicana y tolerante de hacer política contra aquellos que solo buscan la oportunidad para sacar del camino a un contendor político, sin importarles las formas ni los costos que para el régimen democrático ello signifique. El objetivo es simple, descalificar la capacidad de gestión pública de toda tendencia diferente a la tecnocrática de derecha. Pero lo que en verdad se pretende es imponer como única válida la lógica de gobierno neo-liberal. Si este objetivo se quedara en el ámbito académico programático, formaría parte del debate civilizado. Pero no es así, hay una campaña orquestada desde años atrás con ese objetivo. Empezó al interior del Partido Aprista, donde se arrinconó a sus cuadros de gobierno para darle el paso a los neoliberales, haciendo uso del pretexto “no tenemos cuadros de gobierno”. Entiéndase tecnócratas neoliberales. Ahora, esa campaña continúa contra todo lo que sea de carácter progresista. La campaña visceral de ataques contra la Alcaldía de Lima va en esa línea. Se juzga la “falta de obras” como si solo lo material importara en una gestión política. En Lima se han hecho centenares de obras en los últimos veinte años, pero nada de eso está impidiendo la anomia que explotó el último jueves y sábado, en que Lima y Callao vivieron 3 a 4 horas de paranoia. Y eso que no hablamos de cómo la delincuencia atemoriza a todo el país, de cómo los penales ya están abarrotados de gente. Esa es la “basurita” que se escondió bajo la alfombra.
Si todo quedara como crítica política ello formaría parte del juego democrático. Pero no es así. Se está jugando al adelanto de elecciones, a la interrupción de los períodos legales de gobierno. Una vez más algún irresponsable está jugando con fuego. En 1992 nos costó un golpe de Estado, la interrupción del régimen democrático y la frustración de un relevo político generacional que debió haberse consagrado en todo el país. Los intentos de presionar al adelanto de elecciones en el 2004 terminaron fortaleciendo al entonces adversario. Ahora volvemos a la misma andanza. ¿Qué, no aprende?
En el Perú estamos en proceso de construcción de una Democracia que debe ser sólida para que en verdad apuntale el desarrollo. Y lo elemental de la Democracia es la convivencia y la tolerancia. “No comparto tus opiniones, pero daría mi cabeza por que las expresaras” Repitió Haya de la Torre del filósofo francés. Cuando Víctor Raúl se hizo cargo de la presidencia de la Constituyente, lo primero que hizo fue exigir el retorno de los constituyentes de izquierda deportados por la dictadura militar. Por encima de las discrepancias habían sido elegidos por el Pueblo. Ese es el ejemplo que debemos seguir los verdaderos apristas.
En el caso de la alcaldesa Villarán, forma parte de una izquierda que acepta y defiende la democracia, con su participación la fortalece. Ella y su grupo político representan las esperanzas de mucha gente que también quiere hacer gestión de gobierno de parte del Estado. Que eso demora, por supuesto. La mayor parte de sus cuadros son noveles políticamente. ¿Acaso nosotros no lo fuimos del 45 al 48, y del 85 al 90? Es civilizado, democrático y republicano que la otra izquierda gane experiencia de gobierno. FORTALECE Y CONSOLIDA NUESTRA DEMOCRACIA ADOLESCENTE. Que más no quisiera el senderismo que se recompone, que se vean frustradas las iniciativas de una izquierda moderada, para de ahí alimentarse, argumentando la inviabilidad de los cambios en democracia.
Para hacer política seria no solo hay que pensar en la próximas elecciones, sino cómo consolidamos la democracia para las próximas generaciones.