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Viernes 02 de noviembre 2012

Peña, la alfombra roja para Calderón

Por: Ricardo Alemán
Peña, la alfombra roja para Calderón
Foto: redpolitica.mx

No es ninguna novedad que la transición del poder presidencial en México –y su respectiva alternancia del PAN al PRI–, viven tiempos inéditos, de una civilidad impensable apenas hace meses.

Y es que desde el momento mismo en que legalmente se conoció el resultado de la elección presidencial del pasado 1 de julio, el presidente Felipe Calderón tendió la mano amiga al que sería su sucesor, Enrique Peña Nieto, gesto que le valió incluso no pocos insultos de los fanáticos del dos veces candidato derrotado, AMLO.

Así, en las semanas y meses que siguieron la transición y la alternancia en el poder, Felipe Calderón dio muestras no sólo de ser un demócrata consumado y un verdadero estadista, sino que enseñó que es un político sensible no al interés partidista y personal, sino a su responsabilidad al frente del Estado.

Por eso, invitó a Peña a prolongadas y frecuentes sesiones de trabajo para llevar adelante una revisión minuciosa del estado que guarda la administración pública; una entrega-recepción como no había ocurrido en México. Todo ello en medio de un respetuoso intercambio que fue bautizado como “la transición de terciopelo”.

Más aún, desde la casa presidencial no solo Calderón ordenó poner al servicio del presidente electo el avión presidencial, para que fuera usado en la primera gira internacional de Peña, sino que la gestión de Calderón reactivó la compra de un avión nuevo para uso del presidente, ya que el viejo TP-01 ya resulta riesgoso.

Pero luego de meses de buenos tratos –de una verdadera transición de terciopelo, a pesar de que el PAN fue derrotado por el PRI–, tocó el turno al presidente electo, Enrique Peña Nieto, de pagar la cortesía al presidente Felipe Calderón. ¿Y cómo pagó Peña Nieto el buen trato que siempre recibió de Felipe Calderón?

A los gestos de grandeza política, Peña respondió con la misma moneda. En efecto, acordó con sus leales en el Congreso, con el diputado Manlio Fabio Beltrones y con el senador Emilio Gamboa, que el PRI no le escatimará ni un ápice el mérito al presidente Calderón, en la reforma laboral que ya tiene un avance cercano al 95%.

Dicho de otro modo, que el gobierno de Enrique Peña Nieto y el PRI de los señores Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa y Pedro Joaquín Coldwell, guardarán en el armario de los trebejos los instrumentos de guerra, replegarán a sus generales y aceptarán aprobar la reforma laboral en cuestión de días. Probablemente el jueves de la semana por venir se puediera gritar que salió humo blanco.

¿Por qué el repentino cambio de señales?

Porque desde antes de reasumir el poder presidencial, el PRI dará muestras claras, contundentes, de que el viejo PRI quedó atrás y que las mezquindades políticas son del pasado. Y un primer paso será colocar la alfombra roja para que el presidente Calderón deje su cargo. ¿Y cual será esa alfombra roja? Casi nada, la reforma laboral.

En efecto, el PRI accederá a que el presidente Felipe Calderón se coloque la medalla de firmar –y promulgar–, una reforma de largo aliento como la laboral. Pero falta un punto clave. ¿Qué reforma aprobará el PRI, sobre todo si existen serias diferencias con el PAN?

Pues resulta que en el PAN también decidieron bajarle de intensidad a su pelea con el PRI en torno a la reforma laboral y, por ello, todo indica que habrá un acuerdo político para que PRI y PAN avalen en sus términos la reforma laboral que habían pactado hasta antes de que empezara el “tira tira” que desbarrancó la iniciativa.

Es decir, que se podría aprobar todo lo pactado, menos los puntos controvertidos, como el artículo 388-bis añadido a la iniciativa, y las diferencias respecto al método para elegir a los dirigentes de los sindicatos. Eso también supone que serán parte de la reforma los enunciados de que los estatutos de los sindicatos deberán incluir la concepción de democracia y transparencia.

Y claro, al final, el presidente electo reconocerá que el mérito de la reforma laboral es de quien la propuso, Felipe Calderón. En otras palabras, que la reforma es de quien la trabaja. Al tiempo.

EN EL CAMINO

Y a propósito del tema, resulta increíble que políticos que dicen y parecen ser modernos, no hayan entendido el daño que le hacen a un país cuando no se hablan, no dialogan, no pactan para el beneficio de los ciudadanos. Y es el caso de Marcelo Ebrard y un tanto de Felipe Calderón, quienes por seis años casi no se hablaron y parecía que eran habitantes de dos mundos lejanos. Por el bien de todos, ese no será el caso de Enrique Peña Nieto y de Miguel Mancera.

Nota publicada en correo-gto.com.mx

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