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Miércoles 14 de noviembre 2012

Petraeus, ¿escándalo sexual o crisis política y de seguridad?

Por: Concepción Badillo.
Petraeus, ¿escándalo sexual o crisis política y de seguridad?

La sorpresiva renuncia y caída en desgracia del general David Petraeus, el más aclamado militar de los últimos tiempos y director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) hasta el viernes, empezó por los celos de una mujer hacia otra, pero se ha extendido hasta el gabinete del presidente Barack Obama, levantando a la vez graves interrogantes sobre la seguridad de los más altos secretos del gobierno de este país.

Desde las leyendas mitológicas de las sirenas hasta la espía Mata Hari, el hecho de que los hombres, poderosos o no, pierdan la cabeza por una mujer no es nada nuevo y cuando el FBI descubrió el amorío entre Petraeus y su biógrafa Paula Broadwell dio por hecho que se trataba de un drama personal y que el ex militar  había simplemente sucumbido a la miel de una recámara con una dama 20 años más joven que él.

Sin embargo, cada día surgen más detalles, es el tema del momento y el escándalo ha llegado al grado de que algunas versiones periodísticas dan por hecho que el procurador general Eric Holder y otros miembros de la administración sabían del romance, pero lo mantuvieron en secreto hasta después de la elección para no interferir con la campaña y popularidad del presidente.

De acuerdo al periódico The Wall Street Journal, Holder fue informado a finales del verano, pero no fue sino hasta el 6 de noviembre pasado cuando se le informó a James Clapper, director general de Inteligencia, quien inmeditamente le exigió a Petraeus su renuncia. La Casa Blanca ha dicho que Obama se enteró al día siguiente de su reelección y tras pensarlo 24 horas aceptó la renuncia del aclamado general que tanta gloria alcanzó durante la guerra de Irak y últimamente en Afganistán.

Pero la cosa no para ahí. Son muchos los congresistas que insisten en que el espía mayor de este país podría haber resultado espiado por su amante y que ésta podría haber tenido acceso a información clasificada y de inteligencia sumamente importante para la seguridad de Estados Unidos. En concreto el Congreso quiere saber si en su vida privada, ahora muy pública, Petraeus compartió secretos sobre el ataque al consulado estadunidense en Bengasi, Libia, en septiembre pasado donde murió el embajador de este país y tres de sus asistentes.

La señora Broadwell, egresada del colegio militar de West Point y con postgrados de la Universidad de Harvard, de 40 años de edad, casada y con dos hijos, dijo en una conferencia reciente que el ataque perpetrado por terroristas libios había sido para liberar otros milicianos que Estados Unidos tenía presos ahí. Algo que nunca se había oído, ya que el ataque fue originalmente atribuído a una película negativa sobre el profeta Mahoma de un cineata improvisado en California.

Con su declaración Broadwell puso en entredicho las órdenes dadas en 2009 por el gobierno de Obama respecto a que los campos secretos de interrogatorios en el extranjero fueran cerrados. Petraeus estaba programado para testificar ante el Comité de Inteligencia del Congreso sobre el caso Libia, pero su renuncia se presentó inesperadmente solo días antes, dando lugar a que se especule si se intentó ocultar información.

La brillante carrera de Petraeus, su meteórico ascenso y su abrupta caída en desgracia podrían concluir con un juicio militar si se descubre que el romance empezó cuando aún estaba al frente de las tropas estadunidenses, ya que bajo el estricto reglamento que rige a la milicia, adulterio es un delito cuando trae consigo mala reputación a las Fuerzas Armadas. Como civil y director de la CIA podría no pasar de ser una indiscreción mayor que ya le costó el puesto y tal vez también su matrimonio.

Broadwell quien convirtió su tesis doctoral sobre Petraeus en una biografía pasó meses en Afganistán, país al que visitó seis veces con protección militar y acceso sin precedentes al venerado general de cuatro estrellas.

La desgracia de Petraeus de 60 años de edad casado desde hace 38 con su esposa Holly, se inició cuando otra amiga de la familia Jill Kelly de 37 años y residente en Tampa, Florida, ciudad sede del Centro de Operaciones Especiales del Ejército, se quejó ante el FBI de estar recibiendo correos electrónicos anónimos que ahora se sabe fueron enviados por Broadwell advirtiéndole que dejara en paz y “de tocar por debajo de la mesa” a su militar.

En la investigación los agentes del FBI dieron no sólo con Boadwell sino con ardientes y explícitos mensajes enviados por Petraeus y para mayor complicación ahora resulta que también por el general que lo substituyó en Afganistán, John Allen hacia la mujer en Tampa, también casada y con hijos. La ley federal aquí prohibe comunicaciones por teléfono o internet que no se identifican y tienen la intención de amenazar o intimidar a otros.

El asunto aún no concluye y de hecho la investigación apenas se inicia. Por ahora lo único claro es que Petraeus siempre fue un soldado, un estratega y no un político y que esta vez se equivocó dejando un gran vacío en el equipo de Obama. Recientemente la secretaria de Seguridad Interna, Janet Napolitano, fue objeto de burlas cuando confesó que no tiene correo electrónico. Quizás eso hubiera sido lo mejor para este ex general que sí tuvo quien le escriba y quien lo quiera (Con información del diario La Crónica).

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