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Jueves 22 de noviembre 2012

Estados Unidos: potencia petrolera

Por: Enrique Berruga Filloy*
Estados Unidos: potencia petrolera
Foto: lapatilla.com

De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía, Estados Unidos se convertirá en el primer productor mundial de gas y petróleo para el año 2020. Este hecho tendrá profundas repercusiones sobre la economía, pero ante todo sobre la geopolítica global. México resultará uno de los países más directamente afectados. Cualquier proyecto de reforma del sector energético mexicano deberá tomar en cuenta este importante fenómeno.

El impacto global más importante será político; Estados Unidos pondrá fin a la dependencia del petróleo árabe que ha tenido desde los años 50. El involucramiento de Washington en los asuntos de Medio Oriente ya no resultará tan imperativo como lo ha sido desde los días en que terminó el reinado del Sha de Irán. Tocará a los europeos, a los chinos y a los japoneses hacerse cargo de que esa región tenga la estabilidad necesaria para mantener abiertos sus flujos de energía. Estados Unidos tendrá una libertad de acción y un margen de maniobra internacional verdaderamente inéditos. Para los países árabes también representará un reto colocar su petróleo en mercados más diversificados y perder influencia e importancia en sus relaciones con Washington.

El segundo impacto mayor se observará en la economía mundial. La abundancia energética de Estados Unidos será un imán para muchas empresas del mundo que utilicen electricidad y petróleo de manera intensiva. Estados Unidos podría reindustrializarse y rivalizar con países manufactureros que hoy exportan masivamente a ese país. El enorme déficit comercial de Estados Unidos deberá reducirse de manera muy significativa al reducir importaciones y dinamizar su sector exportador. México tiene que estar especialmente atento a esta transición en el principal destino de las exportaciones de nuestro país.

Si a esto se añade la aprobación del megaoleoducto que llevará petróleo desde Alberta, Canadá, hasta Houston, Texas, la integración energética de América del Norte dará una independencia y una viabilidad económica a la región que consolidará el papel de superpotencia de los Estados Unidos por varias décadas. En vez de gastar miles de millones de dólares en comprar petróleo del mundo árabe, ese ahorro irá a fortalecer la economía norteamericana, abaratar sus costos de producción y reafirmarse como una potencia exportadora, como en aquellas épocas en que todo era made in the USA.

Estados Unidos consume actualmente 19 millones de barriles diarios de petróleo. A México le compra un millón 200 mil barriles al día. Aunque ellos incrementen sustancialmente su producción y se termine de construir el oleoducto canadiense, continuarán comprando petróleo mexicano. Pero al igual que le sucederá a los árabes, el petróleo mexicano será menos estratégico, menos vital para los estadounidenses de lo que es ahora.

Lo que esto significa para México es que tendrá que acelerar el paso en su reforma energética si es que quiere competir en el mercado global y sobre todo atraer las inversiones que tan urgentemente requiere nuestro sector petrolero. En los próximos 10 años Estados Unidos canalizará y atraerá inversiones muy cuantiosas a su propio sector energético. Si México no pone pronto sobre la mesa un esquema de desarrollo petrolero agresivo y moderno, puede quedarse al margen de las inversiones que le permitan detonar la riqueza de aguas profundas en el Golfo de México y verse obligado a comprar con sus propios recursos las nuevas tecnologías y los equipos de perforación y transportación de crudo. Podemos quedarnos como la chica bonita del pueblo que a fuerza de rechazar pretendientes se quedó para siempre como una promisoria solterona.

*Presidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

Nota publicada en eluniversalmas.com.mx

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