
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española Apologética significa: “Ciencia que expone las pruebas y fundamentos de la verdad de la religión católica”. Pero en un sentido práctico e histórico, la Apologética es la ciencia que se encarga de defender y promover la fe en contra de aquellos que la impugnan y la atacan falsa e injustamente.
Desde el siglo II, con Justino Mártir hasta el siglo IV con San Agustín, el Cristianismo renaciente y triunfante sobre el antiguo paganismo se vio imperiosamente obligado a defender de sus enemigos la nueva fe que proclamaban.
Los ataques que se les hacían provenían especialmente de dos fuentes: la de los filósofos paganos y la de aquellos que interpretaban las Sagradas Escrituras a luz de la razón más que de la revelación propiamente dicha.
Estos dos grandes hombres de fe utilizaron la Filosofía para demostrar que entre la fe y la razón no había contradicción, sino profunda armonía y complementariedad. De ahí el enorme éxito de sus empresas.
La razón hace explícitos los contenidos revelados por la fe creando así la ciencia teológica, y la fe ilumina a la razón en su búsqueda por la verdad en todos los niveles del conocimiento y las ciencias.
Posteriormente, Hegel hará una interesante interpretación de esta relación: a la razón le competen los “conceptos”, a la fe se llega por medio del “símbolo” a través de la “intuición”, que pertenece propiamente a la experiencia religiosa.
La manzana de la discordia entre creyentes y no creyentes (ateos confesos) estriba en que estos últimos sostienen que la fe es un acto irracional y que es, por ende, contrario a la razón. Los creyentes, en cambio, sostenemos que la fe ni es un acto irracional ni tampoco es un acto en contra de la razón. No es irracional porque se nos manda creer en alguien (Dios) que es superior a la misma razón, ni está tampoco en contra de la razón porque la vivencia de la fe hace más “racional” al ser humano.
Ahora bien, ¿por qué hoy día es necesario defender la fe en público, si esta supuestamente solo debe de estar confinada al ámbito privado y personal?
Esta pregunta podría llevar un fondo de media verdad, pero no es así. Si bien es cierto que la fe pertenece al ámbito privado, en la Iglesia la predicación pública es parte esencial de su misión en este mundo. Y todo aquello que la contradiga o ataque, en el acto, se vuelve un obstáculo. De allí la imperiosa necesidad de defenderla, sea por hablado o por escrito.
Todos aquellos que hemos recibido el sacramento de la Confirmación, estamos obligados a cumplir esta sagrada tarea. La religión ya no nos puede ser algo indiferente, a como lo es actualmente la política. Es necesario profundizar nuestras creencias, vivirlas, hacerlas públicas y defenderlas cuando sea necesario.
Cuando determinada persona habla mal de un ser querido y apreciado por nosotros, inmediatamente nos indignamos y procedemos a defenderla con pasión e indignación. Pero, cuando se habla mal del cristianismo, son pocos los que realmente dan la cara. Callan o por ignorancia, o por complicidad culposa. Les parece que los que atacan tienen más conocimientos y razones, y, por lo mismo, se sienten incapaces de contradecirlos, o bien, se identifican con ellos por estar en el mismo camino en donde ellos también naufragarán perdiendo la fe.
Así como en la antigüedad el cristianismo salió airoso utilizando la filosofía como instrumento de defensa de la fe, ahora la ciencia y la razón, que ellos (los ateos confesos) utilizan para atacarla y destruirla, serán los medios, para no solo defenderla, sino también para justificarla y promoverla.