
El deporte peruano en 2012 zigzagueó entre sublimes logros y desastrosas actuaciones, ridiculeces mediáticas y temas pendientes para el año venidero, como la clasificación al Mundial de Brasil.
La satisfacción más notoria llegó a manos llenas con la clasificación a dos mundiales de vóley, en las categorías juvenil y menores. El artífice para que el vóley peruano recupere el protagonismo de antaño tiene nombre propio: Natalia Málaga.
La cuestionada entrenadora que hizo ruborizar a medio Perú por su peculiar forma de dirigir, impuso su estilo a cambio de dos satisfacciones que llena de orgullo al vóley peruano.
Ya nadie habla de la forma tan ruda cómo la Málaga encara a sus pupilas. Ya nadie puede negar que hiciera bien con su polémico comportamiento, ahí están los resultados que encantan e ilusiona para alcanzar títulos y merecimientos.
El vóley alcanza la máxima distinción para elevarse a la cúspide del reconocimiento de todos los peruanos.
Así como el deporte de los mates hizo que el pueblo peruano hinchara el pecho de orgullo, escasas alegrías dejó el fútbol salvo el título mundial logrado por Paolo Guerrero con la camiseta del Corinthians.
Sin embargo, la frustrante campaña del elenco bicolor jefaturado por Sergio Markarián puso la nota amarga al quedar muy comprometida su opción para alcanzar el cupo mundialista.
EL FUTBOL SE ACABO MAL
La derrota en Asunción ante la selección de Paraguay dejó amargo sabor de boca. Se perdió con atropellada ingenuidad, prácticamente se regaló el resultado. Los jugadores no pusieron todo lo que debieran. Se cruzaron candentes acusaciones pero todo quedó ahí. No pasó nada.
El papelón del año como siempre recayó en un personaje vapuleado y resistido. Manuel Burga, el presidente de la Federación Peruana de Fútbol, en el colmo de la astucia jugó un albur al proponer que se le entregue a Paolo Guerrero los Laureles Deportivos.
Lo hizo para ganarse algo, un bálsamo para aliviar su golpeada popularidad pero el tiro le salió por la culata. No acierta una, pero insiste en lastimarse. En todo caso en lastimar al fútbol peruano.
Debe irse pero es impávido, se ha eternizado en su trono. No quiere moverse ni que lo muevan. Si lo quieren sacar es capaz de crear una norma federativa que lo declare intransferible. Para suerte nuestra.