Hace un par de meses tuve el privilegio de asistir a un ensayo de la Orquesta Teresa Carreño dirigida por el Maestro Christian Vásquez. Cada vez que asisto a un concierto y que conozco más sobre El Sistema me convenzo más de que la Venezuela que sueño es posible.
En El Sistema hay excelencia, orden, disciplina, reconocimiento de méritos, solidaridad, rigurosidad, trabajo, trabajo y trabajo, conceptos cada día más ajenos a un país que se ha acostumbrado a la mediocridad, a la improvisación, al desorden, a premiar el malandraje y, sobre todo, a desvalorizar el concepto de trabajo.
Vamos, maderos sin fagot... un, dos, un, dos tres y... Está mejor, pero lo quiero más afinado: vamos con el último la, do... ahora con el último agudo...
Yo estaba extasiada. Aquellos muchachos -entiendo que el promedio de edad de la orquesta no llega a veinte años- llevaban casi tres horas ensayando y cada vez lo hacían mejor.
Ahora todas las maderas y fagot, un dos, un, dos, tres, y... ¡Toquen el mi agudo! Un, dos, un, dos tres y... Mejor...
¿Mejor? ¡A mí me sonaba maravilloso! Tóquenlo como está escrito... Noten la pequeña aspiración cuando dice mi, do, la re... Otra vez, vamos...
Para ese momento ya no me quedaba duda de que la meta del Maestro Vásquez era la perfección. Marcaba el ritmo con las palmas: pa, pi, pa, pa, pa... ¡son dos corcheas! Exigente y a la vez inspirador: por favor, muchachos, que tenemos una gira muy importante. Todos disciplinados. O trabajamos duros o suspendemos la gira...
Esto último me encantó: "trabajamos". En plural. Todos juntos. No es que "ustedes trabajan y yo no", o que "yo trabajo y ustedes no". Una buena orquesta es el producto de la sincronización maravillosa de todos los instrumentos. Cualquier falla se nota. Cornos, ¡más fuerte! Timbal, en 88 tiene un acento en la primera corchea, otra vez...
Y los muchachos tocaban otra vez. No, no... otra vez, vamos, con más acento en el uno... No, vamos, una vez más...
Yo sentía que habían alcanzado la perfección... Violines, toquen un momento 113 con la cruz... ¡Bien! Ahora todos los violines... ¡más claro!
Mi deseo para 2013 es que nos veamos en el espejo de nuestro Sistemas de Orquestas y juntos produzcamos la más maravillosa de las melodías, como aquella tarde lo hizo la Orquesta Teresa Carreño.