
Cuando el CNE convocó a las elecciones del 7 de octubre, algunos dijeron que los dos meses de adelanto tenían, entre sus razones no confesadas, la de permitir que Hugo Chávez asumiera la campaña electoral antes de que recayera de su cáncer, lo que, se estimaba, sucedería en diciembre. Muchos más calificaron esta versión de fantasiosa; dados los hechos posteriores sobre la salud del presidente, habría que analizarla con detalle.
Aún hay gente que se pregunta por qué Hugo Chávez se lanzó a la reelección en su condición física, y por qué el chavismo como movimiento político es tan reacio a decir qué es lo que padece el presidente y cuáles son sus perspectivas de salud. Son personas de buena fe, a las cuales les costaría, para empezar, entender la lógica del poder y cómo este se pone por encima hasta de la propia vida. Aplica a Chávez, y a quienes lo usaron para ganar dos elecciones y tener, así, la legitimidad para planear una transición sin tener que pactar con la oposición.
En cuanto a la segunda duda, se explica sola: la salud de Chávez es el as bajo la manga del chavismo, su carta marcada. Imaginen por un momento que un grupo de médicos reconocidos por el país viaja a La Habana y nos dice la verdad sobre la condición física del presidente. Bien fuera por bien o por mal el país podría prepararse para ello, hacer planes, tomar decisiones. Esto -lo mejor para el país-, no lo es para la dirigencia chavista, que gana tiempo, para mantener el poder, si es posible, sin elecciones.
El liderazgo oficialista juega con cartas marcadas, y como los ajedrecistas, piensa diez movimientos adelante. Además tiene la ventaja de poder cambiar las reglas en medio de la partida, como lo demuestra la ajurídica distinción entre "candidato electo" y "presidente reelecto" que será bendecida por el TSJ. Es lógico que no se va a dictar ausencia absoluta porque el presidente no asista el 10 de enero a tomar posesión, pero también lo es que ese día debería tomarse alguna decisión que dé certidumbres.
Lo que sabemos sobre la salud de Chávez, aun a cuentagotas, permite colegir que una persona no pasa por cuatro operaciones de cáncer y un mes de terapia intensiva y sale incólume. Pero no se sabe mucho más, y la intención del chavismo es que no se sepa nada, si es posible, por seis años.
Falta ver si la sociedad, especialmente la chavista, lo tolerará; si internacionalmente, los países amigos apoyarán un gobierno sostenido por pinzas; si los poderes fácticos reconocen la legitimidad del grupo que pretende asumir el gobierno; y hasta si la propia familia del presidente -ese hombre poderoso, hoy tan solo como cualquier otro, peleándole a la muerte en una cama de hospital- permite que usen a su ser querido como rehén.