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Miércoles 09 de enero 2013

¿Quién es primero: el televidente o la televisora?

Por: Lic. César Sánchez Olivencia
¿Quién es primero: el televidente o la televisora?
Foto: uniradio.edu.uy

¿Veremos una TV de calidad A1 en 2013?

Prólogo. 'Quisiera ofrecer disculpas a ustedes por el contenido de un informe emitido ayer. Su contenido es inaceptable. En nombre de Frecuencia Latina y el mío propio les pido disculpas por la emisión de este informe'.  Con estas emotivas palabras,Carlos Carlín, conductor de 'La noche es mía', se disculpó en su programa emitido por Frecuencia Latina, por haber difundido un informe sobre la violación de un menor de edad. La reportera, le pidió a la víctima que contará, con lujo de detalles, cómo su padre lo ultrajó. (El colmo de la bajeza). El conductor manifestó que su programa, no volvería a pasar reportajes de ese tipo. ¡Caballero¡

Epílogo. “No extraño la televisión. Hay conversaciones con el canal, me han hecho una propuesta, que en su momento se evaluará, pero si vuelvo a hacer televisión, lo haré con Frecuencia Latina”, aclaró en diálogo con elcomercio.pe. Por otro lado, en entrevista con “Lo mejor y peor de la TV” en Radio Capital, señaló que  “la televisión es un negocio, es un aparato que lo prendes para ver lo que quieres ver o de lo contrario lo apagas”, (…) Felizmente no he salido del programa por bajo ráting, sino porque me dio la gana de salir. Se cerró un ciclo”, dijo el expataclaun, porque ‘se sacó el clavo’.

La ‘caja china’ en la conciencia. Año: 2009 blog: ‘Apaga la tele’, diario: Perú21, bloguero: Carlín. “La televisión abiertaes para muchos una religión y como cualquier credo que se respete tiene también su propio dios (…), la gente que se gana los frijoles en la televisión se desvive por su único amo y señor: el Dios Ráting. Hace pocos años, gracias a los medios, la palabrita ráting se ha convertido en el Dios Supremo de conductores, programadores, productores, auspiciadores y televidentes. Pero alguien sabe ¿cómo se mide el famoso ráting?”. Nunca se imaginó Carlín, que conocería en persona a Mr. Ráting.

Entonces Carlín también dijo: “Según el Instituto Brasilero de Opinión Publica y Estadística (IBOPE), el ráting es el único registro válido de sintonía y se mide con los people meters, unos dispositivos electrónicos que se conectan a algunos televisores y que registran minuto a minuto el consumo de televisión en un hogar. Es decir, el ráting se mide con unos aparatitos instalados en casas comunes y corrientes. Pero ¿alguien los ha visto? Siempre he tenido esta duda, entonces ahora aprovecho para lanzar una campaña de búsqueda.” El caso del expataclaun, parece haber sido un  tema  de conciencia, (porque “le dio la gana de salir”).

En cambio, existe otro caso que no ha tenido un  final feliz: ‘Magaly Te Ve’. La conocida conductora de TV se ha retirado con 8 puntos de ráting, después de 15 años de TV, (y mucho más…), que inclusive le ha costado una condena efectiva que cumplió en la cárcel de mujeres. Magaly no es Carlín. Algunas personas toman al medio TV, exclusivamente, como un negocio lucrativo. Solo es un negocio. Viven del pobre gusto de cierto público televidente. Hasta que llega el día en que el ráting o su conciencia los expulsan, y tienen que optar por cambiar de libreto o vivir en el exilio perpetuo.

TV y no TV

Es un tema típico de causa-efecto; o, como dirían los dialécticos: de la negación de la negación; o -mejor- en español castizo: ¿cuál es primero: el huevo o la gallina? La vieja polémica acerca de la hipótesis de que los programas de TV sensacionalista le gustan a la mayoría de televidentes tiene décadas de existencia y las universidades han producido cientos de tesis y trabajos de investigación, que han concluido con la demostración de la validez de la hipótesis. “Dale al público lo que es del público (sensacionalismo) y a la televisora lo que es de la televisora (monetarismo)”.

Definamos el significado del término “TV sensacionalista” (que otra gente irrespetuosa llama basura). Se refiere a cierto tipo de programas que se caracterizan por su mala calidad de forma y contenido, en los que prima la chabacanería y la vulgaridad, a veces, incluso la obscenidad y la pornografía". Su común denominador es el sensacionalismo con el objeto de impactar en el público objetivo para obtener un alto rating, sin respetar los valores humanos y con el interés de hacer dinero fácil, en provecho de propietarios, productores y conductores de los programas. Como dice “Zavalita” en la célebre Conversación en la catedral (MVLL): ¿cuándo se jodió el Perú? (“¿Quién lo jodió primero…?”).

Algunos medios inoculan a sus audiencias con el virus de la mala TV: contenidos exageradamente tergiversados, programas cómicos de dudosa calidad, vedetes, ‘artistas’ locales. Otros temas de violencia criminal y sexual, con licencia de etiqueta de reality, que despiertan la curiosidad, aumentan el ráting y, finalmente, incrementan las ganancias de los broadcasters criollos. Punto aparte. No vamos a calificar los programas de talk shows  (como El valor de la verdad), y de ‘ampays’ (como Magaly TeVe), que se dedicaron a  tratar el tema del  honor de las personas. El público televidente tiene la palabra.

Quién es el culpable

¿El televidente por tener gustos promiscuos o la televisora por difundir programas promiscuos? Intentemos por enésima vez una respuesta aceptable.Si es cierto que a la mayoría de gente le gusta la TV sensacionalista, entonces hay que darle TV sensacionalista. Esta es la posición en el mercado de cierta  TV comercial en el Perú. Es una actitud retrograda porque la verdad es que también se puede hacer  TV buena para el gusto de mucha gente. El sensacionalismo que, hace algunos años, se le conoció como prensa chicha, ahora tiene, en ciertos casos, una nueva etiqueta: el reality o el talk show en sus diversas variantes. (algunos son buenos; la mayoría, de pésima calidad) Es un problema que ha ido creciendo igual que la violencia criminal. En ambos casos estamos en peligro de la mexicanización.

“La prensa sensacionalista no corrompe a nadie; nace corrompida por una cultura que, en vez de rechazar las groseras intromisiones en la vida privada de las gentes, las reclama, pues ese pasatiempo, olfatear la mugre ajena, hace más llevadera la jornada del puntual empleado, del aburrido profesional y la cansada ama de casa (…)  Y las cosas se agravan si el periodismo, en vez de ejercer su función fiscalizadora, se dedica sobre todo a entretener a sus lectores, oyentes y televidentes con escándalos y chismografías,” escribe con decepción, el premio Nobel de literatura, Mario Vargas Llosa, en su reciente ensayo, ´La civilización del espectáculo’.

La TV sensacionalista ha existido al mismo tiempo que la sociedad de consumo. Cuando las contradicciones se agudizaron, nace el reinado de la TV sensacionalista, que no respeta ni a su madre. Hay dos clases de TV: 1) La TV de saludable entretenimiento y 2) La TV de sensacionalismo irrespetuoso. ¿…y la ética periodística, y la cultura, la educación y la información?. Nada. No vayan a decir que somos más cristianos que el Papa, o discípulos de Marco Aurelio Denegri. El círculo vicioso tiene que convertirse en un círculo virtuoso o espiral del progreso: por un lado, el huevo (el televidente)  y por el otro, la gallina (la televisora). Un milagro de navidad.

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