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Domingo 13 de enero 2013

Resultados en lugar de promesas se exige a la nueva dirección de Petroperú

Por: César Gutiérrez
Resultados en lugar de  promesas se exige a la nueva dirección de Petroperú
Foto: Difusión

Con una mirada aguda desde fuera del ojo de la tormenta, percibo que el ingreso de la nueva dirección y presidencia de Petroperú ha sido tomada con entusiasmo por el personal de planta, con escepticismo por los actores privados que conocen de cerca del tema y con una gran interrogante por los que siguen el devenir del sector, pero que están lejos de la petrolera estatal.

 Mi posición particular, que se basa en el haber interactuado con mucha frecuencia con la mayoría de los nombrados, es que contándome entre los escépticos, la experiencia me demuestra que en los grandes retos lo más inesperado puede ocurrir para bien o mal, por las decisiones que tomen los responsables. En este caso espero que sea para lo primero.

La única manera de dar un vuelco a la carga heredada del directorio saliente, que aunque no parezca es un pesado lastre, es poner primero en la mesa todas las piezas del tablero de tareas y ordenarlas, eso que parece obvio será lo más difícil, pues desde el primer día la presión viene por los cuatro costados, en todos los casos con carácter de urgente, lo cual reemplaza a la realización de lo verdaderamente importante.

Hurgando en lo específico, identifico que el principal problema que tienen es la credibilidad en que se puedan conseguir realizaciones. El presidente saliente tenía agenda personal; exhibición mediática a tiempo completo; para lo cual propagandizaba premios irrelevantes; al más puro estilo de la cuestionada alcaldesa de Lima, aparecía con deportistas con buena estela; hacía anuncios de pontífice del sector, subido a la montaña de predicación; hacía promesas de realización  de gigaproyectos y vendía ilusiones que los buenos tiempos están a la vuelta de la esquina por obra y gracia de él. El entusiasmo inicial de los agentes económicos se ha convertido en escepticismo y los gritos de privatización están muy próximos a escucharse en tonalidad alta. Lo que es más grave, empiezan los susurros al interior del propio gobierno.

Tendrán que caminar por el sendero de la antítesis, perfil bajo, que no significa desaparecido y logros concretos muy rápidos, de lo contrario los “hoolingans” del neoliberalismo, van a pedir la cabeza de los directivos entrantes. Un agravante, esta es una de las pocas oportunidades donde los funcionarios de carrera llegan al poder con todo el apoyo gubernamental. Su fracaso será el acta de defunción del modelo que hoy rige a la empresa, que es muy bueno, pero que por diversas razones aún no despega luego de seis años de vigencia.

Una ficha ineludible en el tablero, que requiere posicionamiento preferente, es el “timing” de cada uno de los elementos. Los grandes proyectos rinden rédito a la clase política que los apoya y a la propia organización, en la medida que se inaugure la construcción, cada paso intermedio donde no se vea transacciones de negocios reales, será cháchara del más alto grado de pureza, irrelevante y hasta enervante en negativo para el ciudadano de a pie, que es el soberano.

Adentrándose más aún en las entrañas del monstruo, hay cuatro temas controvertidos que pondrán a prueba a esta administración. Son de la categoría de inversión faraónica: modernización de la refinería Talara, adquisición de la refinería La Pampilla, construcción del gasoducto sur y participación en los lotes productores de gas y petróleo cuyos contratos están por vencer. En este terreno hay tres variables muy complicadas: acertar en el monto de endeudamiento a tomar, firmar contratos audaces y convencer a la clase política de la conveniencia o inconveniencia que la empresa participe en un proyecto.

Refinería Talara necesita modernizarse, pero con cifras razonables y posibles de financiar. La compra de refinería La Pampilla requiere una meditación profunda, con respuesta que tenga mucha sapiencia y que debe darse en tiempo record, las debilidades más allá de los recursos económicos necesarios, estará en el debate político que se va generar. La participación en el gasoducto sur debe quedar descartada por onerosa, pero será muy difícil ir contracorriente de la prédica humalista.  Finalmente en los lotes de hidrocarburos, cuyos contratos están por vencerse, lo que se necesita es tener habilidad negociadora para comprar participación con crédito que se pague de la propia producción futura.

Hay mucho por escribir sobre esta pasión llamada hidrocarburos y lo haré recurrentemente. La pausa dada con el relevo reciente en la estatal del petróleo, hace que se replantee todo el escenario y ameritaba estas líneas para empezar.

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