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Miércoles 16 de enero 2013

Obama, segundas partes nunca son buenas

Por: Concepción Badillo
Obama, segundas partes nunca son buenas
Foto: thedailynarrative.com

A partir del próximo domingo Estados Unidos tendrá nuevo presidente. Sólo que se trata del mismo de los últimos cuatro años, ya que al ganar la reelección Barack Obama extendió no sólo su estancia en la Casa Blanca, sino su lugar en la historia de este país como el primer presidente de la raza negra que gobierna por dos períodos.

Desafortunadamente la segunda administración de los mandatarios que se han quedado dos términos tiene mala reputación o podíamos decir mala suerte. El  mismo Obama ha dicho que está consciente de ello. Despúes de todo el presidente ahora de 51 años y pelo más gris gobernará una nación aún más dividida social y económicamente, con un Congreso donde los republicanos son la mayoría en la Cámara Baja y los demócratas controlan el Senado.

Nadie espera que Obama la tendrá fácil. Los expertos insisten en que a todos los presidentes anteriores que se quedaron en Washington ocho años, en la segunda parte les faltó energía y les sobraron problemas, aunque este mandatario insiste en que no resultó reelecto para sólo vanagloriarse.

Pero si bien su nuevo gobierno se inicia la próxima semana, los desafíos ya están aquí: Obama tiene a la vista fuertes batallas de política interna con sus adversarios  republicanos sobre el gasto público, el control de armas, la lenta recuperación económica y de empleos y la reforma migratoria que antes prometió y no cumplió y que ahora ha dicho será una prioridad de su nueva administración.

A nivel de política exterior el panorama está lleno de crisis. Washington tiene ante sí los proyectos nucleares de Irán a los que se opone; una Corea del Norte que no le es nada amigable y una Europa marcada y en peligro debido a la grave situación financiera de muchos de los países que la integran.

No menos preocupante para el presidente son los obstáculos y las posibles consecuencias de su plan para terminar en 2014 con la guerra en Afganistán, la más larga que Estados Unidos haya combatido. Ante la vista también la serie de investigaciones que se realizan y cuyos resultados podrían poner a su administración en verguenza en casos como el del programa de “Rápido y Furioso” sobre la venta y envío de armas a México y sobre la información de inteligencia y seguridad nacional que indebidamente ha trascendido.

De hecho con la fama que tienen los segundos términos, uno se pregunta por qué los presidentes aquí no se conforman con uno: George W Bush vio su popularidad caer por el suelo debido a la poca aceptación pública hacia la guerra de Irak y por la  lenta y pésima respuesta que tuvo su gobierno ante el huracán Katrina que devastó Nueva Orleans y dejó atrapados y sin hogar a miles de sus habitantes.

En el segundo período de Bill Clinton surgió todo el alboroto sobre su romance con Monica Lewinsky que resultó en un juicio político por mentiroso y una reputación pública de adúltero. Ronald Reagan tuvo el escándalo Irán-Contra que puso al descubierto el envío de armamento a Teherán del que Washington se hizo de la vista gorda. Y qué decir de Richard Nixon que tuvo nada menos que a Watergate y fue obligado a dimitir.

Cuando Obama asuma el poder por segunda ocasión el 21 de enero en las escalinatas del Capitolio tendrá ante sí un panorama muy distinto al que vivió en 2009 no sólo político, sino en cuanto a la multitud. En ese entonces 1.8 millones de personas se congregaron para ver al primer hombre afroamericano convertirse en dignatario. Ahora las autoridades del Distrito de Columbia estiman que los asistentes no pasarán de 600 mil.

Algunos analistas insisten en que no se trata de falta de entusiasmo ni de popularidad, si no más bien del estado de la economía, el alto precio de los hoteles, el clima político que se vive y el recuerdo que muchos tienen de las gélidas temperaturas que se viven en esta capital cada toma de posesión fijada para el 20 de enero por una ley dictada en 1932, para acortar el tiempo que había entre las elecciones de noviembre y el ascenso al poder que tenía lugar en el mes de marzo.

Obama protestará como presidente el domingo en una ceremonia privada pero los festejos tradicionales se llevarán a cabo el lunes cuando el mandatario acompañado por su esposa e hijas jure ante una biblia y la cantante Beyoncé interprete el himno nacional. Entre las celebraciones destacan los bailes oficiales que fueron once hace cuatro años y han sido reducidos a dos y desde luego el desfile.

Por cierto que el desfile que marcó el segundo período de Abraham Lincoln en 1865 fue el primero en que participaron hombres de raza negra. Al iniciarse el segundo término de Woodrow Wilson en 1917 desfilaron mujeres por primera ocasión, mientras que el desfile de Obama hace cuatro años incluyó como novedad a lesbianas y gays. No se sabe cuál será la sorpresa esta vez.

Nota publicada en cronica.com.mx

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