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Viernes 25 de enero 2013

Corrupción e injusticia en Perú ¿Hasta cuándo?

Por: Isaac Zamora.
Corrupción e injusticia en Perú ¿Hasta cuándo?
Foto:Generaccion.com

Parece una pregunta incontestable, pero afirma un viejo refrán que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista en alusión a la convicción de que algún día los peruanos viviremos en una sociedad donde todas las cosas estén al derecho, sin ultrajes a la dignidad humana, respeto a la ley y tranquilidad ciudadana.

No es cierto que la violencia en un país esté relacionada con su nivel de pobreza, como algunos han tratado de argumentar, porque cómo se explica entonces que la riquísima y poderosa Sudáfrica posea la tasa de homicidios más alta del mundo, mientras países mucho más pobres como Cuba y Senegal  tienen menos asesinatos que cualquier otro.

Tampoco es cierto que los países más religiosos sean los menos violentos, pues Noruega e Islandia son los más ateos del mundo y encabezan la relación de países con menos homicidios. Baste señalar que en  Islandia hubo un solo asesinato en el 2010.

Falso resulta también que Asia sea una región temible y en la que se pierde la vida por cualquier nimiedad,  pues la tasa de homicidios mas baja del mundo a nivel de subregión la tienen esos países que hasta hace menos de un siglo atrás eran llamados bárbaros e idólatras.

Tantas aparentes contradicciones se resuelve con un argumento sumamente sencillo: cada nación es responsable de su propio destino. Los peruanos no podemos esperar que otros nos hagan lo que nos corresponde hacer, como tampoco debemos hacer lo que a otros les corresponda.

Para mi amigo, el periodista argentino Ricardo Trotti, las causas del mal en nuestro país radican en una cultura tolerante con la deshonestidad, incentivada en leyes poco rigurosas, además de justicia apática y favores políticos.

Si esto fuera verdad, la solución sería hacer todo  lo contrario, pero es fácil decirlo y más difícil hacerlo, aunque tengo la certeza de que la inmensa mayoría de las personas responsables en este país saben perfectamente donde radica el mal pero  atribuyen erróneamente la solución del problema a un asunto puramente institucional.

Es verdad que al Estado le corresponde la iniciativa, pero el resto de la gente que puede hace poco o para hablar correctamente, tampoco lo hacemos. Detestable me parece que exista un partido cuyo líder está en la cárcel por abusos a los derechos humanos, y que el hermano del presidente de la República esté tras las rejas por atentar contra la democracia y que el Congreso de la República constituya una fuente permanente de escándalos  y que el poder judicial esté tan desprestigiado que ahorita ellos mismos se tendrían que meter presos.

¿Será a esto a lo que se refiere entre otras cosas mi amigo Trotti?

Cada vez que compro los diarios el tema corrupción, la criminalidad y los accidentes del tránsito saltan a la vista. Sostengo la tesis de que el día en que tales temas dejen de ser noticia, la prensa peruana tendrá que contentarse con publicar las mejores recetas para cocinar un ceviche.

La corrupción resulta tan descomunal, que la gente manifiesta complacencia con los políticos que menos hayan robado, como si hurtar lo ajeno fuera parte necesaria del ejercicio legítimo del poder. Menuda enseñanza para las próximas generaciones. He ahí la razón por la cual se escucha con toda naturalidad frases como "en el primer gobierno del presidente Alán García la corrupción y el robo fue tremendo". Y veintiún años después lo vuelven a elegir como mandatario. ¿No han escuchado aquello de  “tal ministro se llevó varios millones de dólares durante su gestión" y luego lo aplauden cuando ocupa un cargo más sustancioso y con mayores posibilidades para seguir robando.

Dice Trotti que se necesita voluntad política para acabar con toda corrupción. Yo digo que precisamos una política que aúne voluntades y sentirnos tan orgullosos de ser peruanos, que renazcamos como concepto moral y ético el Tahuantinsuyo y como razón jurídica un genuino Camachico peruano o justicia andina, como también se le conoce desde tiempos inmemoriales.

Ahhhh y una mejor memoria histórica.

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