
Fuera de sus delirios, excesos y delicateses, la historia siempre ha develado que el poder es mezquino e ingrato y que con el tiempo acaba devolviéndose contra las figuras que se descontrolan arrogantemente o pierden el hilo de la razón en el abuso de sus funciones. Eso se pega.
Sin embargo, nadie puede negar la inmensa influencia que ejerce el presidente Chávez sobre sus seguidores, aun estando en ausencia, independientemente de los señalamientos adversos que se le hacen o de la letra constitucional preclara de nuestra Carta Magna.
Ninguna otra figura habría sobrevivido al "nido de alacranes" que acechan tanto fuera como dentro de Miraflores, si no fuera por la enorme y temida comunión que reflejan sus adeptos que ahora han querido identificar bajo el lema "Yo soy Chávez" y que incluyen desde colectivos organizados y diversos que van desde familias muy pobres con múltiples necesidades que requieren de un crédito o la entrega de una vivienda, hasta los más radicales grupos armados que ni siquiera esconden su arsenal ante la mirada esquiva de las autoridades militares.
Esa enorme popularidad mediatizada hasta los tuétanos, con la mirada del caudillo en franelas, vallas, afiches y spots publicitarios del gobierno, en claro recordatorio a esos colectivos que deben lealtad a un líder y por lo tanto deben estar "rodilla en tierra" ante la mínima sospecha de cualquier movimiento extraño de los "apátridas", debe recaer semiológicamente en todo lo que antecede al significado del mito.
Estamos hablando de la leyenda de un hombre común que salió de las filas del Ejército y se impuso "revolucionariamente" a las instituciones, políticas y reglamentos establecidos en el país, y que surgió de la explosión atómica del golpe del 4-F y se hizo un poderoso verdugo de los enemigos de su pueblo en estos 14 años de gobierno, en el que realmente se han cambiado todas las reglas de convivencia en el país, lo que ha dado pie a entender sin pruritos sobre el enorme colapso cotidiano en el que nos encontramos entrampados como sociedad.
Y no hacemos referencia simplemente a la constante humillación, maltratos e insultos que reciben en horario todo usuario por radio y televisión o en vivo desde la propia Asamblea Nacional, diputados opositores, excandidatos políticos perdedores de cualquier tribuna, y miembros de una desorientada amalgama que funge como "mesa de la unidad democrática"; sino que este desprecio se ha trasladado peligrosamente a todos los rincones del país, las escuelas, los medios, el mercado, las cárceles, la calle, etc.
Lo que tanto ha hecho reír a medio país y seguro a nuestros vecinos geográficos es ver colgada nuestra propia tragedia en Youtube, en esa lucha encarnizada entre 2 amas de casas por apoderarse de un pollo o 2 paquetes de harina Pan, bajo el grito de primates de los presentes aupando por mayor violencia, o la gente pasando por encima de otra para tratar de alcanzar un producto desabastecido en el mercado desde hace varios meses.
No hay ninguna diferencia con la chispa que hizo explotar la ira surrealista en Uribana, proyectando al país a la categoría del inframundo, sin respeto por los derechos más elementales y los valores humanos.
Por eso digo que no basta sólo con crear cuentas en la Web, Facebook, Twitter y sus respectivos hashtags, haciendo alusión a la frase de campaña para clasificar los contenidos de apoyo al Presidente que enfrenta un fuerte cáncer, o tratar de simbolizar la comunión del líder político con su pueblo, porque en la vida real, eso lamentablemente no significa nada, es pura bisutería política que intenta esconder los graves problemas del país, el irrespeto que hay por el otro que no piensa igual, un apartheid alimentado por el odio que no permite por ejemplo, la libertad de los presos políticos y ver a todo un país de acuerdo al menos en intentar la ansiada paz.
Por el contrario, es posible que se haya perdido el contenido originario de solidaridad para con el comandante-presidente de esta famosa frase: "Yo soy Chávez".
Incluso es posible que haya mutado en una especie de licencia autoritaria para el caos y el desorden, desconociendo así la necesaria sindéresis que debe existir para darle paso al otro en la calle y evitar los trancones, otorgar a quien lo merece cupos en las universidades, cupos Cadivi, o para no colarse en las largas colas para gasolina, pollo, crema dental, papel higiénico, y pare usted de contar, simplemente porque soy sargento de la GNB, soy dirigente comunal, miembro del partido, amigo del ministro, o porque a raya y a lo mero macho yo también soy Chávez.
Nota publicada en eluniversal.com