
“Lo que medimos afecta las decisiones que tomamos. (El PIB)…sólo compensa a los gobiernos que aumentan la producción material. […]. No mide adecuadamente los cambios que afectan al bienestar, ni permite comparar correctamente el bienestar de diferentes países'[…] no tiene en cuenta la degradación del medio ambiente ni la desaparición de los recursos naturales a la hora de cuantificar el crecimiento”, (Premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz).
No hablamos del PBI (Producto bruto interno), ni del PBI-verde (Producto bruto interno verde) ni del IDH (Índice de desarrollo humano), ni del IDHD (Índice de desarrollo humano ajustado por desigualdad), ni del IPM (Índice de pobreza multidimensional), ni del IBES (Índice de bienestar económico sostenible), ni del IPR (Índice de progreso real, ni del IP-A (Índice Prescott-Allen), ni del IDA (Índice de Atkinson), ni etcétera. Hablamos del postulado “HBI” (“Humano bruto interno”).
Preguntemos a la señora economía política: ¿Es correcto medir la producción de una sociedad con exclusión del factor bienestar, que permite mejorar su calidad integral de vida, oportunidades, capacidades y libertades? Si le parece incorrecto, pensemos en que los factores competitividad, productividad, y exportaciones son necesarios para el crecimiento, pero no suficientes para el desarrollo. ¿De acuerdo? Si planteamos la hipótesis de que el desarrollo es la etapa superior del crecimiento, como ha ocurrido con las sociedades más adelantadas del mundo actual, entonces la inclusión social debe direccionarse al desarrollo y no solo al crecimiento.
Desde hace varias décadas el Perú se encuentra en proceso de crecimiento económico y hoy en día tiene la oportunidad histórica de avanzar hacia el desarrollo nacional. Se trata de asegurar la sostenibilidad del crecimiento a través de la diversificación del aparato productivo en un horizonte de largo plazo, cuya primera etapa estratégica debe iniciarse después del feriado largo. ¿? Por eso, es válido recordar la historia del Perú, en su periodo de la República: La bonanza del guano y el salitre terminó por perjudicar a la incipiente industria nacional. En la actualidad, el dilema es: diversificar o volver al pasado.
Carlos Contreras Carranza. Historiador y profesor del Departamento de Economía de la PUCP, dice sobre esa época en su libro ‘La economía pública en el Perú después del guano y del salitre: Crisis fiscal y élites económicas durante su primer siglo independiente’: “El Estado no se preocupa de los sectores agrícolas o minero metálico porque está tan contento con el guano que lo demás queda abandonado. (…) Investigué la situación de la minería en la sierra central y eran sectores que se sentían totalmente olvidados por el Estado”, sostiene el catedrático.
La bonanza del guano y luego la época del salitre es comparable con la situación actual de la minería porque ambas explotan materias primas. Afirma el economista que “el guano y el salitre eran estancos, y hoy la minería se maneja en concesiones a particulares (…) Hay cierta dependencia del Estado en los tributos de las mineras. El acuerdo reciente de este gobierno con las empresas mineras, me pregunto si fue bueno o malo. Bueno sí porque el Estado saca más ganancia para la nación pero malo porque empoderas a esas empresas mineras. Ahora ellas pueden presionar al gobierno pues éste vive de ellas. Considero que lo mejor es que las fuentes de ingresos estén lo más distribuidas territorial y socialmente”, enfatiza.
En el ‘boom’ del guano y el salitre, (1847), el negocio redondo consistía en prestar al Estado en lugar de poner una fábrica. La razón: las mejores ganancias se lograban con la compra de bonos de la deuda pública.En nuestra época de crecimiento económico, después de 165 años de historia, la situación es parecida, aunque los roles históricos han cambiado. Ahora se trata de la riqueza de la minería, -que debemos aprovechar- pero falta el desarrollo de la industria con valor agregado -que también debemos aprovechar- Necesitamos de ambas para sostener el crecimiento y llegar más rápido al desarrollo.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) a través de un comunicado acaba de señalar al Gobierno sobre la necesidad de establecer una agenda de reformas para asegurar un alto crecimiento económico sustentado en una estrategia de mayor inclusión social. Indicó el organismo financiero que “Estas reformas, junto con una implementación más eficaz de los programas sociales en línea con la agenda del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis), permitirán al Perú lograr un crecimiento económico con mayor inclusión social”,
Impulsar la inclusión social requiere de mediciones de carácter integral. Se tiene que monitorear el avance del bienestar general de la población. Las clásicas medidas del PBI son insuficientes para conocer si don Eleuterio Mamani Quispe ya es una persona incluida en la economía nacional. (¿Un socio honorario del club de la clase media?) No solo lo afirma el ensayista Sánchez Olivencia, sino el propio Joseph Stiglitz: “El PBI solo compensa a los gobiernos que aumentan la producción material”. Claro como el agua pura.
El Producto Bruto Interno tiene que convertirse -por arte de realismo mágico- en ‘Humano Bruto Interno’, Ya existen iniciativas globales que complementan el PIB: la medición del bienestar de la población. En correcta inteligencia, entendemos que la famosa gestión por resultados -que ahora incluye el 50% del presupuesto- debe medir el impacto y no limitarse solo a los resultados. El PNUD ha formado parte de este movimiento de mejora del PBI con el índice de desarrollo humano (IDH) y los reportes de desarrollo humano desde 1990.
¿Cuáles son las variables agregadas a la nueva medición? La misión del IDH ha sido pensar en el progreso humano desde una perspectiva multidimensional. Además de medir el desarrollo de los países con respecto a variables económicas (el PIB o PBI), salud y educación, en 2011 el IDH introdujo variables que miden la desigualdad en el ingreso y la desigualdad de género. Complementariamente, el PNUD desarrolló el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), que mide el nivel de vida básico, el acceso a la escolaridad, agua limpia y atención en salud.
El PIB se emplea como una medida del bienestar material de una sociedad. Las cifras de crecimiento económico del PIB se presentan al mundo global como un indicador de que las políticas económicas aplicadas son positivas. Pero la economía política es una ciencia muy compleja, porque se refiere a personas complejas. Tanto Simon Kuznets, -uno de los creadores de la contabilidad nacional que dio lugar al uso del PIB- como numerosos autores posteriores, han criticado el uso del PIB como sinónimo de bienestar social. Pensemos en quitarle lo “mágico” al PBI y dejemos solo el realismo.
Sostiene el PNUD que existen algunas correlaciones positivas entre PIB y medidas claramente relacionadas con el bienestar social, especialmente en países de renta per cápita inferior a 4 dólares. Pero que el PIB no tiene porqué reflejar correctamente el bienestar o el desarrollo de un país. ¿Por qué? El PIB no es un indicador de calidad de vida o bienestar integral. Sólo utiliza variables contables que puedan expresarse directamente en términos monetarios y prescinde de aspectos como los costos ecológicos y sociales: desigualdades en la distribución de la riqueza, desigualdades de género, el impacto ecológico de la producción, etcétera.
Por eso el ‘Humano Bruto Interno’ es una metáfora (no es un chiste) que refleja una realidad. Se trata de enfocar el PBI de manera más integral -humanizarlo-, y tener una alternativa bajo la manga, cuando un gobierno se proponga hacer una gestión pública a fondo, con esfuerzo, tiempo y dinero adecuado: implementar políticas públicas para el bienestar general de la población, que pueda implantar la inclusión social. El objetivo estratégico es casi 10 millones de peruanos en situación de pobreza y pobreza extrema, que se deben beneficiar con la inclusión social, que es una voluntad política del presidente Humala. Que no se repita la historia del guano y el salitre. Si no hay diversificación (solución), el subdesarrollo (la huelga) continúa.