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Jueves 14 de febrero 2013

Hay fuerzas extrañas que no quieren el gaseoducto sur peruano

Por: César Gutiérrez.
Hay fuerzas extrañas que no quieren el gaseoducto sur peruano
Foto: Referencial

Hay críticas infundadas y fundadas en el manoseado proyecto de gasoductos y ducto de líquidos en la macro región sur, que desde el origen nació como una aspiración más política que de racionalidad económica. Desde octubre del 2008 hay más notas periodísticas que realidades tangibles. Promesas que el gas ya llega a las distintas regiones sureñas, promovidas desde el poder ejecutivo, en pleno gobierno de Alan García y continuadas por Ollanta Humala, han devenido en que haya natural  escepticismo.

Ahora que se tiene un esquema mucho mejor estructurado que los anteriores, aunque hay puntos con los cuales discrepo; en la prensa económica de papel color salmón comienzan a publicarse noticias desalentadoras. ¿Es el espíritu crítico lo que los mueve? De  ser así no los entiendo, cuando había que ser estrictos con el uso de los recursos de la caja fiscal que el consorcio Kuntur, de propiedad de la brasileña Odebretch, solicitaba con alegría carnavalesca carioca, nada menos que 1,200 millones de dólares, no decían nada y ahora que los fondos provienen de diversas fuentes de recaudación que no es el tesoro público, se convierten en celosos guardianes de las arcas ajenas.

El tema de fondo es que hoy se rasgan las vestiduras pues se conoce que las cifras estimadas por el estado para el gasoducto y poliducto íntegros bordean los 2,800 millones de dólares, yo sostengo que debe ser del orden de 3,100 millones. Cuando Kuntur, anunciaba 6,000 millones de dólares ni una crítica afloró.

El proyecto tiene cinco tramos: Malvinas-Chimpirina, Kepashiato-Chiquintirca, Kepashiato-Quillabamba, Quillabamba-Anta y Anta-Ilo. De todos ellos solo los dos primeros tienen consistencia, pues constituyen rutas de redundancia sobre ductos existentes y la razón de ser de su construcción está en ser una vía alternativa, en caso de alguna contingencia, que ya ha ocurrido y cuya probabilidad que se repita hoy es alta, pues es una zona donde la seguridad es inexistente. Ya bastante hemos tenido con los secuestros de personal que trabajaba en la zona y que se haya pintarrajeado e incendiado helicópteros. El tramo hasta Quillabamba podría justificarse con bastante dificultad solo con la existencia de una termoeléctrica de reserva a promoverse en dicho lugar.

El costo total de los dos primeros tramos, lo que corresponden a la seguridad, serán del orden de 1.350 millones de dólares. El tramo a Quillabamba deberá costar cerca de 238 millones de dólares. Mi opinión es que hasta ese punto es que se podría sostener una fundamentación razonable para seguir adelante. Es decir que la inversión hasta ese lugar sería de 1,588 millones de dólares.

Si no se quiere llegar a mayores discusiones, donde la argumentación comienza a escasear, no debería seguirse con la obsecuencia de promover la construcción de los otros tramos, que pareces ser una fijación del ministro Merino en construir ductos hasta donde la imaginación alcance. Quiere pasar a la posteridad como el Enrique Meiggs de los tubos, pero parece que se va quedar solo como contagiado con la mortal viruela que apareció cual plaga apocalíptica durante la construcción del ferrocarril del centro, que tuvo a cargo del referido emprendedor.

Me preguntó finalmente ¿de dónde nace hoy tanto interés en mirar las cifras? Hay otros temas que deberán aparecer en los próximos días en el debate público, como el destino de la carta fianza que Kuntur presentó al estado peruano para garantizar una construcción que ya no hará.  Es importante el pronunciamiento del gobierno, porque hasta donde veo no hay ningún mecanismo legal que exonere una justificada ejecución.

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