
Una cosa es “estar en contra de la mala gestión de Fulana de Tal” y otra, “estar en contra de Fulana de Tal, que realiza una mala gestión”. ¿Le parece lo mismo? No es lo mismo. Pensemos. En la primera proposición, “mala gestión” es la premisa mayor. En la segunda proposición, “Fulana de Tal” es la premisa mayor. Expliquemos. Una mala gestión se traduce por la percepción que tiene el ciudadano sobre lo que se ha hecho mal o se ha dejado de hacer. A veces dejar de hacer es lo peor de una “mala gestión”.
En razón de causa-efecto, la culpa recae sobre la cabeza de Fulana de Tal y de un grupo de asesores. Siempre sucede lo mismo. En este caso, no se trata de que por ser Fulana de Tal y sus asesores, se perciba que la gestión es mala. Más bien se trata de que en la mente del ciudadano se ha posicionado que la gestión es mala por tales y cuales obras mal hechas o no hechas, sin discutir la verdad o mentira de la percepción. Aquí viene un punto seguido.
Revisemos algunas páginas de la historia del Perú para que pueda darse cuenta de la tesis. En periodos de crisis económica y social, se produce un inflación jamás vista en del Perú, que el ciudadano común y corriente -de a pie o con ruedas- hizo recaer en la cabeza del debutante expresidente García. La mayoría de peruanos pensaba que no volvería a ver otra vez en la política al “causante de la ruina del país”. Ahora tampoco estamos analizando la validez de la percepción. Solo reproducimos la percepción de los ciudadanos. Aquí viene punto aparte.
Sigamos. Recuerde que cuando García postuló con éxito por segunda vez a la presidencia del Perú, la percepción de los ciudadanos era que su candidatura significaba una amenaza de mala gestión. La Confiep no comprendió que García ya era otro García. Recuerde: ¿no es cierto que esa percepción la cambió el marketing político, con ayuda de la típica amnesia de parte del electorado?. Bajando al caso de Fulana de Tal, la percepción tiene las mismas características: Fulana de Tal es sinónimo de mala gestión “SÍ o SÍ”, porque se trata de Fulana de Tal, a quien debemos revocar con el SÍ… “y bien, señoras y señores ya no hay más que hablar, siendo la hora avanzada se levanta la sesión,”.
Llegado a este punto crucial del debate, adoptemos una actitud académica para preguntar:¿en qué posición se encuentra Fulana de Tal en esta lógica de imagen? (semiótica). ¿El ciudadano la percibe como a la mala Fulana de Tal o percibe como mala a su gestión? La semiótica de las imágenes: gestión y persona, es decisiva para no cometer graves errores en una campaña rápida en la que no está en juego un candidato contra otro candidato, sino un candidato contra los ciudadanos. ¿SÍ? Increíble, coleguitas.
En este tipo de marketing político, el enemigo de Fulana de Tal no es Fulano de Tal, sino más del 50% de los ciudadanos de Lima metropolitana, que han decidido ejercer su poder ciudadano, de acuerdo con los artículos 20° al 30° de la Ley de los derechos de participación y control ciudadano, N°26300 y su modificatoria. No olvidemos la máxima de la publicidad: “Percepción es realidad”. Por eso cualquier mandatario o mandataria -sin perder sus valores personales- siempre tiene que aprender a venderse como producto político.
La hipótesis del SÍ. Por su parte, el mensaje del SÍ no necesita expresar “estoy en contra de Fulana de Tal”; solo basta con recordar que está en contra de la “mala gestión”. El ciudadano percibiría automáticamente, a la “culpable” de la situación negativa. En teoría, la opción del SÍ podría salir favorecida sin hacer frente a su rival. El SÍ es una actitud del poder ciudadano y tiene la fuerza para acabar con lo que se percibe “injusto o negativo”. En cambio, el No es una opción defensiva, que aplica el lema: “la mejor defensa es el ataque”, (contracampañitas) Contra ¿quién? Según la percepción ciudadana, parece ser contra… ¡los propios ciudadanos¡
El NO. Aquí debe ganar la táctica más sutil para colocar en el tercio frágil del electorado la idea-fuerza: la gestión puede haber sido mala hasta hoy pero Fulana de Tal es buena. Es como decir ¿Qué prefiere el ciudadano, a Fulana de Tal, que es buena persona y que podría hacer una buena gestión en el futuro para corregir su mala gestión en el pasado; o a Fulano de Tal (un anónimo Al Capone o el mismo Papa) que sería malo y que podría hacer una buena gestión. Algo así como escoger entre “no importa que robe pero que haga obras” o que “no robe y haga obras”.
Concluyendo. La hipótesis del No. El posicionamiento de Fulana de Tal como una buena persona, demanda del marketing político un trabajo esforzado fuera del escritorio. En este caso, la candidata debe comunicarse intensamente con sus ciudadanos (sin muchos besos ni abrazos), con visitas tácticas a puntos estratégicos, para difundir imagen y replicarla por las redes sociales digitales. Debe mostrar que es una buena persona para el cargo y reconocer sus errores. Y reconstruir la mala imagen de sus asesores.
Las campañas rápidas (solo quedan 448 horas netas de campaña si todo el mundo trabaja 16 horas diarias por lo menos) no se pierden porque la propuesta de A sea excelente sino porque los errores de B son “excelentes”. ¿La razón? Ya no queda tiempo para contracampañas. Muchos ciudadanos piensan que es mejor aceptar y corregir errores con humildad. El expresidente Clinton fue perdonado por la opinión pública porque admitió su frivolidad con la Lewinsky; apasionamiento digno de “Los cuadernos de don Rigoberto”, pero indigno de “La civilización del espectáculo”, de Vargas Llosa.
Sin embargo, la táctica política de Fulana de Tal tendría una piedra en el zapato: una parte del electorado (la final puede resultar apretadísima) tiene la percepción de que los errores de Fulana de Tal han sido instigados por su grupo de asesores. Los reajustes que ha realizado la municipalidad no tuvieron el efecto que debía haber tenido en favor de la campaña del NO. Una reestructuración eficiente habría cambiado la percepción de Fulana de Tal en manos de una “manada de lobos”, y la habría posicionado como una ejecutiva que sabe tomar decisiones eficientes. Repito, hablamos de percepción. Una idea -fuerza: “Lima SÍ o Lima NO, tu voto decide”.