
Cuando en días pasados el congresista aprista Mauricio Mulder Bedoya le faltó el respeto al doctor Javier Pérez de Cuellar, sin duda uno de los ciudadanos más preclaros de nuestro país, concluí que se había comportado como un auténtico “criollito”, es decir elmatón del barrio que suele abrir la bocapara lanzar insultos sin haberse tomado unos minutos para meditar. ¿Cuál fue elmotivo para que el parlamentario arremetiera contra el diplomático que más prestigio le ha dado al Perú? Simplemente, que el doctor Pérez de Cuellar declaró su apoyo a la alcaldesa Susana Villarán y se refirió en contra de quiénes se han subido al grupo de revocadores, entre ellos el ex presidente aprista Alan García Pérez, pero sin usar términos ofensivos ni insultantes.
La falta de respeto a las personalidades es arma que utilizan los “criollitos”, los matoncitos, los que manejaron los periódicos “chicha” durante el gobierno fujimorista para desprestigiar a quienes osaran criticarlos o intentaran competir con el dictador en elecciones. En esaépoca, el doctor Pérez de Cuellar fue víctima de insultos sin importar el prestigio que le había dado al Perú por haber sido secretario general de Naciones Unidas, el único peruano en ejercer ese cargo de nivelmundial.
La conducta de Mulder no es nueva en el Perú. Siempre se ha celebrado el atrevimiento del más audaz de la pandilla callejera, el insultopara “bajar” al más pintado, porque esa forma de ser se ha heredado desde la llamada república aristocrática y que lamentablemente es uno de los peores lastres del cual no nos hemos podido despojar para ser más respetuosos, y hacer de la política un ejercicio civilizado. Al contrario, se ha convertido en un arma que utilizan los políticos, especialmente los congresistas, amparados en la inmunidad parlamentaria que es una suerte de patente de corso para insultar a diestra y siniestra a quienes se les ocurra, sin respetar honras ni dignidades.
Esa falta de respeto trae se hace más evidente ahora que estamos a pocos años del bicentenario de la Independencia, algo que debería habernos llevado a meditar hace mucho y obligar a las autoridades de turno a tomar medidas oportunas para poner las cosas en su sitio. En nuestro país no se respeta la memoria de los héroes, a tal extremo que es el único en el mundo donde los nombres de nuestros libertadores sirven como marca de jabones, de detergentes, de artículos de limpieza de baños, cocinas. En el fondo, una total falta de respeto.
Y seguramente que no faltará algún “creativo” de las agencias de publicidad que ya esté proponiendo desde ahora que los fabricantes del detergente Bolívar o del jabón San Martín auspicien determinados actos conmemorativos al bicentenario de la Independencia, en el que hagan competir a nuestros libertadores José de San Martín y Simón Bolívar con sus productos para los baños y las cocinas. Así, pues, es la criollada, la viveza, de la que seguramente es aventajado pupilo Mauricio Mulder.
Hablando en verdad, Mulder no tiene cualidades ni calidades personales para atreverse a denostar e insultar a Pérez de Cuellar. La distancia entre amos es abismal. No faltará alguien que lo defienda y diga que Mulder es un congresista, pero si reparamos en la actual composición del Poder Legislativo, sobran los dedos de las manos para escoger a quienes honran el cargo. Ser congresista en el Perú, ahora, no es ningún honor. Y no se ofendan los actuales buenos padres de la patria.