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Domingo 10 de marzo 2013

Venezuela y sus alianzas

Por: Nazanín Armanian (*)
Venezuela y sus alianzas
Foto: es.noticias.yahoo.com

La noticia de la expulsión de dos diplomáticos de la embajada de EEUU, acusados de “proponer proyectos desestabilizadores” y señalar a Washington como responsable de la muerte del presidente Chávez, muestran el grado de desconfianza mutua entre ambos Estados y hasta qué punto la situación interna de un país estratégico está vinculada con los intereses ajenos. Que seis mandatarios latinos (Santos, Kirchner, Lugo, Rousseff, Lula y Chávez) hayan padecido cáncer es normal que levante sospechas, sobre todo, si en la ropa de Arafat han encontrado una sustancia asesina.

Venezuela, además de ser vecina de EEUU, es una de las mayores reservas del petróleo del mundo. Y, como guinda, ha estado dirigida por un carismático y comprometido líder que, apoyado por una nueva generación de líderes preocupados por el subdesarrollo de sus escandalosamente ricos países, ha puesto patas arriba a la Doctrina Monroe, que declaraba “toda América al servicio de EEUU”. Por eso, Venezuela después de Chávez volverá a ser, con más intensidad, el campo de batalla entre Washington y quienes se han esforzado por desmoronar la política estadounidense de sometimiento a toda América Latina. El fracaso de sus estrategias en Irak y Afganistán, el no poder acceder al petróleo iraní y el pulso con China por la hegemonía mundial empujan a la Casa Blanca a reactivar su intervencionismo en el sur del continente.

Hugo Chávez había aplicado la estrategia “de Sur al Sur” del líder chino Mao Tse Tong, trazando una amplia red de cooperación que incluía al resto de los países de América Latina y se expandía por África y Asia. Excluyó a EEUU y Canadá de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), librando al Sur de los diktat de EEUU y sus rancios patrones de dominio; lanzó ingeniosas formulas de integración, como la Alianza Bolivariana para América (ALBA) o el trueque con Cuba, con quien intercambió 32.000 médicos por petróleo; y, para la desesperación de EEUU, Chávez profundizó sus relaciones con China, Rusia e Irán.

En su mensaje por la muerte del presidente Chávez, Barak Obama insistió en su compromiso con las políticas que “promuevan los principios democráticos, el Estado de Derecho y el respeto de los Derechos Humanos” en Venezuela. ¡Socorro! ¡Son los argumentos que ofrecieron antes de intervenir Irak, Afganistán y Libia!

El mayor delito de Venezuela, que cubre el 15% de las necesidades petrolíferas de EEUU, ha sido contribuir en la creación de un equilibrio policéntrico, reduciendo el poderío estadounidense; romper el embargo a Irán, y ser el rostro del anti-imperialismo real (que no el anti-norteamericanismo barato bajo el cual se han disfrazado los anti-modernos oscurantistas y retrógrados).

Con China y su “acupuntura”

Beijing ha irrumpido con fuerza en la zona de influencia estadounidense y europea, devolviéndoles la moneda a quienes han invadido militar y económicamente Asia Central y Oriental. Tras perder Libia, Sudán e Irán como proveedores de petróleo, China sigue aplicando la “acupuntura” en su avance por el mundo, neutralizando los “ataques quirúrgicos” de su rival y ofreciendo condiciones ventajosas en sus acuerdos. Al comprar petróleo venezolano, China ofrece al país de Chávez un mercado seguro que refuerza su economía. China miraba a Venezuela como país que podría reemplazar a Angola, su principal proveedor de petróleo hasta ahora. Con sus préstamos de bajo interés, además de ingentes inversiones en sectores como telecomunicación, construcción y agricultura, el “dragón” asiático no sólo ha dejado a los occidentales fuera de juego, sino también a los rusos que se centran en los campos de energía y de armamento. Washington, como medida, ha bloqueado la solicitud china de ser considerada un “estado donante” en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para que sus empresas no pudieran participar en la licitación de los proyectos de infraestructura financiados por el BID.

La discreción y habilidad tienen rostro asiático. China podría comprar las cinco refinerías venezolanas ubicadas en el territorio de EEUU, pero no lo ha hecho, ni Chávez pretendía tal provocación contra el vecino norte. Pero poder, podían. Sin embargo, Beijing prefiere mantener un perfil bajo. Este gigante asiático va recibiendo ofertas de cooperación por todo el mundo. Aunque sus relaciones no son tan avanzadas como las que China mantiene con África, el país es ya el mayor socio comercial de Venezuela, después de EEUU. En Brasil, Chile, Perú, Colombia, Ecuador y Argentina construyen infraestructuras y oleoductos para conseguir petróleo y gas.  Su intento de pisar a EEUU en el Canal de Panamá, con su intención de modernizar el estratégico canal para que los superpetroleros puedan cruzarlo, ha sido lo último. Y, como la economía también es política, el gobierno chino ha intentado contener el apoyo que recibe Taiwán en Latinoamérica: De un total de 23 países que reconocen a “la República China”, once son de América Latina. Los centros culturales “Confucio”, tendrán la misión de implantar la cultura de este país en la región. China ya está en el patio trasero de EEUU, con lo que eso implica económica y políticamente…

Con Ahmadineyad, amor puro

Puede que la pasión de Chávez por su homólogo iraní tenga más que ver con su aspecto de proletario sufrido que con su programa político y social, ya que en Irán, hasta el mismo término “socialismo” está prohibido desde 1931. Ambos han sido criticados en sus países por el exceso en sus expresiones de cariño. Confundieron, quizás, una alianza estratégica de beneficio mutuo con regalarse uno al otro virtudes de las que carecían.

Ahmadineyad ha perdido a la persona que más le alababa. Y ahora, tras volver del funeral, se enfrenta a las duras críticas del clérigo por haber abrazado a una mujer (la madre de Chávez)  y haber colocado al fallecido líder rojo y latino al lado de Mahdi, el duodécimo santo chiita, desaparecido en el siglo IX, que según el mito de la Salvación debería aparecer al final de los tiempos acompañado sólo por Jesucristo y nadie más.

Las relaciones bilaterales entre Venezuela e Irán empezaron en la época del presidente Mohamamd Jatami en el año 2000. Pero ha sido Ahmadineyad quien, para reducir el impacto de las sanciones internacionales sobre la economía de Irán, ha estrechado esos lazos. Desde 2005, Teherán ha abierto seis nuevas embajadas en América Latina (tenía cinco) y ha puesto en marcha dos canales de habla español: Hispan TV y Press TV, que en España fueron cerrados en enero.

La presencia inaudita de Irán en Venezuela, algo exagerado, ha llevado a Obama a promulgar una ley destinada a contrarrestar la influencia de Teherán en América Latina. Con ese mismo fin, EEUU acusó a Irán de estar detrás de un supuesto intento de atentado -en suelo estadounidense- contra el embajador saudí Adel A. al-Jubeir en el 2011. Más que una amenaza, Irán en Venezuela es una cesta de ortigas en el asiento de la gran potencia.

Rusia no  es la Unión Soviética
Moscú no necesita organizar “revoluciones de colores” para abrirse el camino en la zona de influencia estadounidense. Las propias políticas de Washington se lo han dejado en bandeja: Si prohíbe a sus empresas vender armas a Venezuela, será Rusia quien rellene este hueco. EEUU opera en Ucrania y Georgia, así que… ¿por qué no puede Moscú hacer lo mismo en aquellas tierras lejanas?

Si en la era soviética prevalecían los intereses políticos, anora son los intereses económicos los que marcan el carácter del regreso de Moscú a América Latina. El capitalismo ruso es muy pragmático: ambos países han anulado los visados y han creado un banco conjunto ruso-venezolano para multiplicar sus negocios.

Es la primera vez que Rusia cuenta con un sólido mercado en Latinoamérica. Además de invertir en los yacimientos petroleros (concretamente, en la construcción de 8,000 kilómetros de oleoductos que conectarán Venezuela con la costa del Atlántico a través de Brasil), Rusia construirá la primera central nuclear en el país de Chávez. Además, le ha concedido un préstamo de 4.000 millones de dólares para que defienda su soberanía frente a los intentos desestabilizadores de EEUU.

Ahora no hay garantías de que Venezuela continúe en la línea establecida por Chávez en política exterior. Puede que el culto a la personalidad que él mismo contribuyó a consolidar lo impida, incluso aunque gobierne su partido. Rusia, China e Irán, preocupados, intentarán que sus acuerdos no se desmoronen sin el comandante.

(*) Artículo publicado en el portal español www.publico.es

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