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REDES SOCIALES
Lunes 11 de marzo 2013

Lo que la tecnología reveló: Chávez y el nuevo Papa

Por: José Sosa.
Lo que la tecnología reveló: Chávez y el nuevo Papa
Foto: Noticia al día.

Por extraño que parezca el título de esta colaboración, en realidad se trata del reconocimiento –uno más– de las muchas transformaciones que nuestra cotidianeidad ha sufrido en un muy lapso de tiempo muy reducido y que, pese a lo familiar que resulta, no dejamos de hablar sobre ello.

El caso es que, como ocurre con los dispositivos informáticos, los medios que nuestras sociedades emplean para comunicarse y para transferir información y generar acciones conjuntas se han venido adaptando y, prácticamente, unificándose. En un sentido, asuntos y cuestiones que antes se trataban de forma confidencial o si se quiere discreta, ahora se ventilan abiertamente en espacios como los medios de comunicación, fuertemente influidos por la tecnología, y en las así llamadas redes sociales. 

Tal es el caso, por ejemplo, de la enfermedad de líderes políticos como el Papa Benedicto XVI o Hugo Chávez en Venezuela. En claro contraste con el pasado, en ambas situaciones se tuvo que reconocer públicamente que había signos de debilidad. Pero, al mismo tiempo, la visibilidad del asunto permitió que las autoridades y los propios líderes contaran con mayores márgenes de maniobra para dosificar la información y para controlar sus efectos.

En el caso particular del Papa Benedicto XVI, llama particularmente la atención la aparente tensión que se ha generado en torno al manejo de las cuentas de mensajes cortos (Twitter). Si lo reportado por la prensa internacional es cierto, resulta que el acceso a la cuenta virtual y lo que desde la misma se pueda comunicar podría alterar el ambiente de secrecía que tendría que caracterizar el cónclave que está por iniciar.

En el mismo sentido, tampoco puede pasarse por alto el comentario hecho por la prensa vaticana respecto a la implementación de un mecanismo de revisión de las ropas de los cardenales que participarán en el cónclave para asegurar que ¡no haya filtraciones durante las sesiones!. Es decir, que no hay certeza de que los electores del siguiente jefe de la Iglesia católica puedan guardar el silencio y discreción que se espera de ellos durante el proceso más relevante de toda la estructura institucional del catolicismo.

Por lo que toca al caso del presidente Hugo Chávez, lo que se tuvo fue una situación de abierta crisis que fue contenida usando los mismos medios que la exhibieron. De esta manera, el gobierno venezolano contó con la posibilidad de atender la crisis y de emitir mensajes que le permitieron controlar la situación, empleando exactamente los mismos mecanismos que hicieron pública la incapacidad del presidente venezolano para superar la enfermedad.

Como puede verse, el uso intenso e intensivo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación altera de fondo todo el proceso de comunicación e intercambio entre las instituciones y la sociedad que depende de ellas y es contribuyente de su vigencia y sostenimiento.

En otro sentido, esta tendencia a la unificación de los medios de comunicación e intercambio, si bien positiva y vanguardista, plantea algunas aristas riesgosas que parece razonable tener en cuenta. Sobre todo, si lo que se pretende es asegurar que esta mayor publicad de los asuntos generales esté siempre basada en la búsqueda de la verdad y en el respeto de los derechos individuales y colectivos.

Con lo anterior, no pretendo retomar la postura absurda y retrógrada de quienes proponen o plantean establecer controles o restricciones al uso de las nuevas formas de comunicación. Muy por el contrario, considero necesario y pertinente ampliar el acceso a estos recursos a la mayoría, sino es que a la totalidad, de las personas y comunidades en México y en el mundo.

Pero lo que no podemos perder de vista es que, como sucede con otros muchos servicios y bienes de carácter público, el acceso a las nuevas tecnologías no es igual para todas las personas. En los medios virtuales se dan las mismas pautas de exclusión y discriminación que prevalecen en otras arenas públicas, como el acceso a la justicia, la educación, la salud y el empleo bien remunerado.

La exclusión que prevalece puede hacer que los riesgos de manipulación mediática se incrementen a niveles tan graves y riesgosos como los que se dieron en los regímenes fascistas de principios del siglo XX. Por dar un caso simple, un mensaje corto que anuncie la muerte de un líder político o la erupción de un brote de cólera o influenza de cualquier tipo podría poner en vilo a toda una sociedad o colapsar sus mercados en cuestión de minutos.

De ahí que se tenga que plantear, entonces, la pertinencia de que todos los mensajes sean siempre responsables, ajustados a lo que tendría que reconocerse como una nueva ética de la comunicación virtual, y sin excluir al resto de los medios y mecanismos con que cuentan las organizaciones contemporáneas y que siguen siendo válidos y vigentes. 

Me refiero, sobre todo, a la publicación de documentos oficiales, al contacto directo entre personas, a la realización de debates, consultas y audiencias; y al aprovechamiento de los medios legales, culturales y económicos que no pasan por un dispositivo móvil (Con información del diario La Crónica de Hoy).

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