A Claudio Pizarro le quedará marcado para siempre el pasado viernes 22 de marzo, y es que, pasó del llanto a la alegría, de la frustración al éxito, de la crítica a la consideración, en un solo instante, en el momento en que junto a todo un país contenido grito gol a todo pulmón, sin importarle el molestoso dolor de garganta.
El aire acondicionado del avión que lo trajo a Lima le afectó y por eso el primer día no pudo entrenarse. Al día siguiente, si lo pudo hacer, pero el fastidio no le dejaba en paz, sin embargo, siguió pensando en el partido ante Chile. No se lo quería perder, había mucho en juego para esta selección, quizá todo.
Claudio nos había confesado que no estaba para jugar 90 minutos, y esto se entendía, debido a que sólo ha jugado 13 partidos esta temporada en la Bundesliga, en ninguno fue titular y tampoco marcó en su retorno al Bayer Munich. Pero ante Chile tenía que estar. Entonces, el capitán, entró a la cancha, corrió, metió, habilitó, peleó y claro, también falló. Tuvo un par, una pegó en el travesaño, la otra se le fue arriba desviada. El sabía que no iba terminar el partido, que Yordy ingresaría por él, pero su deseo era que el estreno del joven de 19 años sea en condiciones favorables y no fue así.
Salió con la angustia de saber que vería los últimos 11 minutos desde la banca. Eran los momentos de mayor tensión. Sentado junto a sus compañeros y muy cerca de nuestra ubicación vimos sufrir al capitán. Con ojos sollozantes veía como se repetía la historia. No gritaba, no arengaba, veía el partido sin decir nada. Seamos sinceros, lo que debe haber pasado por su cabeza en esos minutos: Otra vez eliminados, fin del proceso, Claudio fracasado, que se vayan todos… Quizá, Claudio estaba al frente de lo que sería su último partido con la blanquirroja.
Cuando Yotún recuperó esa pelota en campo chileno y metió el pase a Farfán, el capitán se puso de pie, y cuando vio que la foquita la mandaba guardar gritó a rabiar, al diablo con el molestoso dolor de garganta, era momento de celebrar, había demasiada carga aguantada. Volteó, se encontró con este periodista, que en medio de los festejos se había despojado de los audífonos, de su ubicación y salió a gritarlo con todos. Quedaban 5 minutos más, que parecían interminables, todos en la banca pedían el final hasta que por fin llegó.
Si no ganábamos los ánimos no iban a ser los mismos. Las preguntas al final iban a tener otro tono. Hoy, con el resultado puesto, se valora lo hecho por este equipo y su resistido capitán. La imagen de Claudio emocionado entrando a la cancha a abrazar a sus compañeros al final del partido dice mucho y explica todo lo que le tocó vivir por estos días. Se nota la ascendencia que tiene sobre el resto. Reconoce que en su carrera nunca le tocó vivir algo igual y es que estábamos entre vivir o morir, ganar o perder, felizmente se ganó, y estamos en carrera.