
Tras la vibrante y angustiosa victoria sobre Chile, todos en Perú sacamos las calculadoras y reservamos nuestros mejores asientos, para ver los partidos de la fecha siguiente y prolongar los festejos con los resultados “que nos convenían” en los enfrentamientos entre las otras selecciones sudamericanas entre sí, pues descansaba Perú.
Había pleno acuerdo sobre lo conveniente que sería para las pretensiones peruanas, que Ecuador Colombia y Argentina, los líderes de la competencia, ganasen sus encuentros y se vayan asegurando en el mundial, perjudicando a los de abajo, para que no nos atropellen y a Venezuela, rival directa para el cuarto cupo o el repechaje. Con lógica similar, la sentencia mayoritaria era que en Santiago “nos convenía” el empate.
Lo que pedíamos en resumen, era que Ecuador ganase en casa, asunto muy probable, pero además, que Colombia ganase de visita, Argentina hiciese lo propio en la altura paceña, ambos ante locales urgidos por los puntos y que Chile cediese en su casa puntos que le son indispensables. Y aunque ninguno de esos resultados era imposible, la verdad, es que lo más lógico era que no se diesen. Y así ocurrió. Salvo la esperada victoria ecuatoriana, Venezuela ganó a Colombia en Puerto Ordaz, Chile derrotó a Uruguay en Santiago y Bolivia empató con Argentina en La Paz. Mientras tanto en Lima, lamentábamos nuestra “mala suerte”.
Algunas pocas veces la buena fortuna ha echado una mano en procesos clasificatorios, pero no es sano esperanzarse en ella. Menos cuando ésta resulta improbable. Dicho de otra manera, si se quiere clasificar, hay que ganárnoslo en la cancha y no esperar que otros nos lo den.
La historia ratifica lo que se sentencia en el párrafo anterior. La mayoría de las veces en que hemos prendido velitas para que se dé un resultado conveniente en nuestro favor, esto no ha ocurrido. Y cuando ha pasado, ha sido porque aquel resultado era muy probable y era acompañado de resultados propios.
Por ejemplo. Fue conveniente que el 24 de agosto de 1969, Argentina derrotase 1-0 a Bolivia en Buenos Aires por las clasificatorias a México 70. Pero ese era un resultado altamente probable y de nada hubiese servido si Perú no hubiera ganado sus partidos en casa y luego empatado en Buenos Aires. Es decir, no dependimos de terceros, más allá de lo razonable en una competencia en la que intervienen más de dos.
Lo propio podríamos decir de la goleada que propinó Brasil a Bolivia en la liguilla de Cali, clasificatoria para el Mundial de 1978. Era un resultado muy probable y sólo sirvió, porque Perú luego hizo lo suyo goleando también a la selección altiplánica.
Mucho más notable, recordando resultados entre terceros que nos favorecieron, fue lo ocurrido en Montevideo el 3 de mayo de 1972, cuando Nacional derrotó 3-0 a Peñarol, eliminándose con ese resultado los dos clásicos rivales uruguayos y clasificando Universitario a la final de la Copa Libertadores. Peñarol con el empate eliminaba a los cremas. Nacional necesitaba golear por 5 goles para igualar los números peruanos. El caso es que se preveía una gran batalla, que se dio y el resultado era posible. Pero lo más importante, que la “U” se había ganado en la cancha los puntos suficientes para prender velas y esperar un resultado probable. Fue tal vez el resultado entre terceros “más conveniente” de nuestra historia.
Pero ese final feliz no es habitual. En la última fecha de la clasificatoria para Francia 98, Perú hizo lo suyo. Debía vencer a Paraguay y lo hizo. Con ese resultado debía esperar algo poco probable, que Chile no le gane a Bolivia en Santiago. Los chilenos ganaron y Perú fue eliminado. Las velas no sirvieron. Situaciones como esa son las más frecuentes en nuestra historia.
Lo que intento plantear es que debemos pensar en lo que tenemos que hacer nosotros, no en lo que pueda hacer por nosotros otro equipo.
Mirando lo que se viene hay que pensar en ganarlo todo. Al menos ganar todo lo que se va a jugar en casa y la visita a Venezuela.
Faltan seis fechas. Nuestros rivales directos, Chile, Venezuela y Uruguay, descansarán en una, lo que es una primera ventaja, porque tenemos un partido más para sumar. Mirándolos a ellos, Chile y Venezuela, al igual que nosotros, tienen 3 partidos de local, Uruguay sólo 2. Por eso ganar la visita a Venezuela será vital.
Chile tiene el fixture más amable. Apunta a ser el cuarto. Venezuela y Uruguay deberán jugar tres finales contra los rivales directos. Nosotros dos que hay que ganarlas.
Mirados los contendores centrémonos en nosotros y vayamos un partido a la vez. Ganar nuestro siguiente partido en casa es fundamental para seguir en carrera. Después habrá que intentar en la visita a Colombia. Luego es vital ganarle en Lima a Uruguay y a Venezuela de visita, para visitar a Argentina en busca de lo que haga falta. Se remata en casa con Bolivia, partido al que deberíamos llegar necesitando ganar y ganarlo.
En resumen. De lo que falta hay 12 puntos que deben entrar en el presupuesto. Los tres juegos en casa y la visita a Venezuela. Ganándolos no todo está dicho, pues allí entrarán a jugar los resultados entre los otros, pero habremos hecho lo que nos toca y de darse la lógica (no resultados improbables como los que estuvimos esperando la última fecha), podríamos quedarnos con el quinto sitio. Es más, si hacemos bien las cosas, llegaremos a Buenos Aires en la penúltima fecha sabiendo si necesitamos algo, para buscarlo y demostrar allí lo que merecemos.
Con esa idea me quedo. Mejor guardemos las velas y peleemos fecha a fecha para obtener lo que merezcamos.