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Viernes 12 de abril 2013

Dos escenarios contrapuestos

Por: Otra Mirada
Dos escenarios contrapuestos
Foto: Difusión

En los últimos días hemos podido observar dos escenarios contrapuestos en nuestra política nacional. Por un lado, el enfrentamiento del Apra y específicamente de Alan García con el Gobierno de Ollanta Humala por los resultados que viene arrojando la “Megacomisión” de investigación parlamentaria del gobierno aprista. Así como los forcejeos entre el fujimorismo y el gobierno para que este último decida el indulto al ex dictador. Por otro, dos buenas noticias para la izquierda. La primera el “Acuerdo de amplia base para el gobierno concertado de Lima”, un acuerdo firmado por nueve organizaciones políticas para la gobernabilidad de la capital. La segunda, la sentencia del Juez en lo constitucional que declara nula la sanción contra el congresista Javier Diez Canseco, lo que lo reivindica, en un momento difícil de su vida, como el gran luchador anticorrupción que siempre ha sido.
 
García, como es su estilo, en lugar de mostrar respeto por la comisión investigadora y aclarar las imputaciones que se vienen publicando, ha arremetido contra la misma buscando desprestigiarla y finalmente ha enfilado sus baterías contra el gobierno denunciando el intento de lo que llama “la reelección conyugal”, aludiendo a las intenciones de la primera dama de querer postular el 2016. En movida paralela, García se encuentra con Toledo, en medio de gran secretismo, parece que para coordinar su defensa por la sendas compras de casas –se supone que por encima de sus posibilidades- por ambos ex mandatarios en los últimos meses.
 
El fujimorismo por su parte exige al gobierno el indulto al ex dictador como si fuera su derecho, por más informe médico de por medio que señala que no se encuentra con ninguna enfermedad terminal y olvidando que se trata de un criminal condenado por delitos contra la humanidad.  Es decir, una liberación en estas circunstancias sería ilegal, ya que los delitos contra la humanidad no se pueden indultar, e inmoral por los latrocinios contra el Perú que Alberto Fujimori cometió. Pero aquí hay un tema más, el llamado “indulto político”, es decir el intercambio de favores que podría estar buscando el gobierno de Ollanta Humala con los fujimoristas para cambiarles el indulto por su apoyo en el Congreso para cualquier cambio legal o constitucional que se necesite para viabilizar la candidatura de Nadine Heredia.
 
Coinciden así la reelección conyugal que denuncia García con el indulto político que necesitaría Humala. Si sumamos cínicamente votos congresales de humalistas y fujimoristas, el indulto político le daría pista a la reelección conyugal y tendríamos a Fujimori en la calle y a Nadine Heredia de candidata.  De allí la desesperación de García por aliarse con quien fuera necesario, Toledo incluido, y no permitir este escenario. De allí también, más allá de los importantes hallazgos de la megacomisión, el interés del humalismo en enlodar a García y eliminarlo o disminuirlo como competidor.
 
Vemos así a los políticos de la derecha neoliberal en danza por eliminarse mutuamente antes de la contienda del 2016. En este “juego de las sillas” el Estado de Derecho y las propuestas de gobierno importan muy poco. Lo que se pone por delante son las ambiciones personales y familiares para llegar en la mejor posición posible a la campaña electoral. Se extraña alguna declaración de alguno de los posibles contendientes por dar una señal en contrario, pero nos da la impresión que sería como encontrar una aguja en un pajar.
 
Contrasta con este espectáculo desolador los pasos positivos que viene dando la izquierda luego de la revocatoria. El acuerdo por Lima es una muestra de liderazgo democrático con metas específicas a realizar que puede permitir darle futuro y estabilidad a la gestión municipal. Asimismo, la sentencia a favor de Javier Diez Canseco resalta una vez más, en la persona de un líder emblemático de la lucha por la justicia social y la democracia, en manos de quien ha estado la denuncia de la corrupción en estos años y décadas de autoritarismo y democracia precaria.
 
Una vez más, la izquierda se encuentra fuera del juego de las sillas, empeñada en debatir los problemas de fondo de este país y forjar una alternativa con soluciones distintas al continuismo imperante, más allá del nombre que tenga el titular del mismo. Sin embargo, le queda pendiente todavía el tema de la unidad. Hay seis organizaciones en el esfuerzo y lo que nuestro pueblo izquierdista y el país se merecen es un solo espacio político, de izquierda democrática, que pueda ser una representación efectiva que no se quede en el discurso y la denuncia sino que sea verdadera opción de gobierno.

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