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Domingo 14 de abril 2013

[Argentina] La palabra del Papa ya es un insumo sensible del juego político local

Por: Julio Blanck
[Argentina] La palabra del Papa ya es un insumo sensible del juego político local
Foto: Difusión

El hombre, un veterano cuadro de la Iglesia, se desgañita en la explicación.

“No se puede argentinizar cada declaración que haga el Papa”, dice. Suena convencido, o casi. Su esfuerzo viene a cuento de cierta lectura de los gestos del Papa Bergoglio, a los que con alguna ligereza se les atribuye un contenido explícito dirigido a la política local.

Todo nace de la larga y mala relación del entonces cardenal Bergoglio con los Kirchner. Y del propósito de “apropiación” de la figura del Papa, proclamado sin vergüenza por creativos difusores oficialistas para neutralizar la supuesta influencia opositora de Francisco.

Pero lo cierto es que sopesando sus gestos más recientes, y con premeditada irreverencia, podría decirse que el Papa la tiene clarísima.

Hace unos días llamó por teléfono a Daniel Scioli, que estaba bajo presión por la tragedia en La Plata, apretado como siempre por el Gobierno nacional y esta vez soportando además la justa bronca de la gente.

“Siga adelante con su lucha y trabajo porque Dios lo cuida”, le dijo el Papa al gobernador. Según esa versión oficial, Scioli le recordó su última reunión en Luján y dijo estar aplicando “esa paciencia y esa prudencia que usted me ha pedido y esa responsabilidad, que son las que me tienen que guiar en este duro momento”. Todo un manual de sciolismo básico.

El martes, la Corte Suprema difundió una carta del Papa a Ricardo Lorenzetti. El texto databa de dos semanas atrás y era en respuesta a la felicitación que le había enviado el presidente de la Corte por su elección como jefe de la Iglesia. La difusión fue pensada con precisión quirúrgica: un día antes, la Presidenta había lanzado la llamada “democratización de la Justicia”, que sólo pretende ponerle el pie encima a lo que queda de independencia en los tribunales.

En su carta, el Papa le dice a Lorenzetti que le hablará a Dios sobre él y sobre “el importante trabajo que desempeña”.

También le escribió que “administrar justicia es una de las tareas más insignes” .

Agregó que “a menudo no faltan dificultades, riesgos o tentaciones; sin embargo no se puede perder el ánimo”.

Quedó como escrito a medida.

El jueves se conoció la última acción de este tipo: una carta del Papa a Mauricio Macri, también en respuesta a la felicitación por su elección. Esta vez, Francisco invitó al jefe de Gobierno porteño a construir “una sociedad cada vez más fraterna, en la que nadie se sienta extraño o postergado”. Para que no quedasen dudas, mencionó a “las personas sencillas y humildes, muchas de ellas pobres y desfavorecidas, olvidadas a menudo al costado del camino”.

¿Por qué tanto jaleo con cuestiones en apariencia tan formales?

Sucede que ante la formidable concentración de poder que logró Cristina, aumenta la fila de quienes empiezan a recostarse en la imagen y el ejemplo del Papa argentino, para encontrar así una orilla segura en la que poder cobijarse de tanta intemperie. No hay pecado en ello. Pero quizás alguno se equivoque fácil y suponga que el Papa vendrá, milagroso, para arreglar las carencias y confusiones de los que no quieren más Cristina. No es esa, ni de lejos, la misión que la Iglesia le encomendó a Francisco.

Así y todo, los pocos hombres de confianza que Bergoglio tiene en la política argentina están muy activos. Un par de ellos tienen trabajo en el gobierno bonaerense: uno es Aldo Carreras, viejo amigo del Papa, que opera con discreción desde un cargo en el Ministerio de Trabajo; el otro, José Pampuro, es vicepresidente del Banco Provincia y armador político todoterreno.

Los dos ya estuvieron en Roma y se abrazaron con el Papa.

Alguno, seguro, tuvo que ver con la llamada a Scioli.

Un detalle: esa conversación fue anterior a la audiencia que el Papa concedió al arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, según se ocupó de resaltar otro laico que lleva y trae mensajes entre Bergoglio y la política.

Monseñor Aguer es la principal expresión de una línea conservadora, que supo encabezar entre nuestros obispos una corriente con posiciones enfrentadas a las del entonces cardenal Bergoglio.

Además de preocuparse por los fieles y toda la comunidad de La Plata, quizás el Papa le haya dado alguna pista a Aguer acerca de la fecha en la que concluirá su misión al frente de ese arzobispado. Se habla de finales de este año.

Ya se sabrá si esto es así. Por el momento, todo quedó dentro de esos muros vaticanos que saben guardar secretos.

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