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REDES SOCIALES
Martes 16 de abril 2013

Armando Villanueva, en el nombre del padre

Por: María del Pilar Tello
Armando Villanueva, en el nombre del padre
Foto: Difusión

Se ha ido Armando Villanueva del Campo dejando un inmenso vacío. A lo largo de su vida recibió muchas condecoraciones, distinciones y reconocimientos, pero ninguna tiene la dimensión del cariño y respeto que se ganó en la sociedad peruana, evidenciado en estos días de tristeza. Más allá de su ideología aprista y de su militancia estoica y consecuente, su genio recio y revolucionario lo convirtieron en el gran patriarca de la política peruana. Armando llevó sobre sus hombros casi un siglo de historia, rebeldía y voluntad de cambios radicales para el país que lo vio nacer y para el pueblo al que dedicó todos sus esfuerzos, sentimientos y pensamientos.

Y en estos últimos años Armando tuvo un retiro activo cultivando reflexión y acción sin dejar de aportar al conocimiento y precisión de la historia y de la lucha política y social que le tocó vivir.  Permaneció como el revolucionario del espíritu intacto y la pluma en ristre. Periodista de profesión honró como nadie su compromiso de dejarnos su irremplazable testimonio de gran parte de la historia política del siglo, de la cual fue certero protagonista.

Armando Villanueva del Campo no fue sólo historia y trayectoria, conmovía e impresionaba en él su juventud siempre presente, su lucha cotidiana e incesante, su pensamiento volcado a las soluciones políticas y sociales. Nunca fue pasado, fue siempre compromiso de hoy, pleno de energía para emprender los cambios, charlando incesantemente con tantos jóvenes que lo visitaban para sorprenderse con su lucidez y  radicalidad.

Fuimos privilegiados testigos de su batalla contra la dictadura fujimorista. Junto a Gustavo Mohme Llona y a Alfonso Barrantes Lingán, organizó después del cinco de abril de 1992, lo que fue la verdadera resistencia democrática que durante largos años gestó esa confluencia. Antes de la Mesa de la OEA y por supuesto de la Marcha de los Cuatro Suyos, cuya idea original correspondió a Javier Diez Canseco, estuvo Armando Villanueva tras la gesta del Frente de Partidos Democráticos que suscribió el Acuerdo de Gobernabilidad, impulsado por Mohme Llona en Noviembre de 1999.

Nuestra sociedad tan necesitada de valores morales, humanos, sociales y políticos, le debe a Armando Villanueva, por encima de las banderías, el reconocimiento a su entrega vital excepcional. El rescate de la política y su indispensable conexión con la ética y la utopía sólo se logrará por el aporte y la existencia de figuras señeras como las de este gran patricio. Acompañado de Lucía, esa gran dama de la generosidad y el corazón abierto, Armando recoge en su partida el afecto de sus amigos junto al de millones de peruanos que lo reconocen como símbolo de lucha por la democracia y la justicia social.

Armando Villanueva ha partido a los 97 años, dejando el inmenso vacío de un líder de lucidez e inteligencia inalterables, de juventud espiritual exhibida siempre en la energía del gesto, del puño y la propuesta. Su trayectoria habla por él, seguirá siendo impactante su verbo y su mística partidaria, su fuerza sabia de patriarca experimentado que hablaba en el nombre del padre y fundador al que conoció cercanamente con quien compartió ideales y bajo cuya dirección sufrió cárcel y destierro.
 
Los partidos deben actualizar ideario y organización sin abjurar de las ideas que les prestan identidad. La exclusión es un fantasma a enfrentar con imaginación, ilusión y eficacia, a partir de una realidad cambiante y escurridiza tanto o más que los molinos de viento del legendario don Quijote. Y algo del hidalgo manchego tenía don Armando cuando esgrimía su discurso político pleno de empaque ético, nobiliario y familiar. A los hijos en el nombre del padre, que siempre hay tiempo para rectificar el camino y emprenderlo mejor.
 

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