
Una Democracia legítima podrá coexistir, civilizadamente, pero no puede ni debe respaldar a una Dictadura.
El pueblo venezolano ha sido burlado tanto por la evidente corrupción electoral existente en su país como por el inaceptable respaldo que un organismo interamericano ha brindado a un gobierno ilegítimamente constituido.
Éticamente, no pueden ni deben existir alianzas entre los buenos y los malos.
Nuestras nacientes Democracias han sido nuevamente maltratadas, desde adentro y desde afuera de sus terriktorios.
Tiempos mejores vendrán, con toda seguridad, para asegurar las libertades y permitir el desarrollo democrático de los pueblos.