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Viernes 03 de mayo 2013

El peronismo se excita con el aroma del poder

Por: Julio Blanck (*)
El peronismo se excita con el aroma del poder
Foto: www.taringa.net

Los tipos que se subieron al palco de Córdoba no están para dar testimonio y después irse tranquilos porque ya dijeron lo suyo, y el escribano de la Historia tomará debida nota para la posteridad. Nada que ver. Esos tipos quieren poder. Conservar el que tienen, recuperar el que perdieron, alcanzarlo los que aún no lo mordieron. Son peronistas, el aroma del poder los excita y eso alcanza para explicar adónde apunta su ambición.

José Manuel De la Sota gobierna Córdoba, Hugo Moyano tiene una estructura extendida por todo el país, Roberto Lavagna, más allá de su prestigio personal, está articulando con el macrismo un acuerdo que puede ganar muy bien en Capital, y Francisco De Narváez va adelante en las encuestas de la Provincia. Ellos, los que se subieron el 1° de mayo al palco cordobés, reúnen hoy la masa crítica mínima indispensable para convertirse en el embrión de una alternativa posible al kirchnerismo.

Por cierto, esa foto de Córdoba puede inducir a pensar en algo ya visto, un poco más de pasado que de futuro.

Pero esos peronistas no se detienen en detalles: su construcción está incompleta porque saben que con ellos solos no alcanza. Por eso sale Lavagna, ayer, a decir que Mauricio Macri tiene que estar en la próxima etapa de este proyecto, llevando al PRO a una alianza táctica con ese peronismo en restauración.

Esto ya plantea una cuestión sensible: ¿quién va al pie de quién?

¿Son estos peronistas con vocación de poder los que se abren a un acuerdo con Macri? ¿O es Macri el que los acepta como aliados? La cuestión puede ser menor para el común de la gente, pero adquiere una relevancia decisiva para los políticos. Por cierto, la confusión entre lo principal y lo accesorio también ayudó a poner distancia entre la dirigencia y los ciudadanos.

Pero hay un hecho comprobable: Macri es visualizado como el principal opositor al gobierno de Cristina, según todos los sondeos. También tiene presencia territorial concreta: es el vector decisivo en la Capital y con Miguel Del Sel tiene asegurada una fuerte gravitación en Santa Fe, donde los sondeos siguen poniendo al kirchnerismo en tercer lugar.

Si el acuerdo peronista con Macri funciona, los allegados al jefe porteño podrán articularse en alianzas locales. Se trata de intendentes como el radical Gustavo Posse, el peronista Jesús Cariglino y el propio Jorge Macri, en el Gran Buenos Aires; o el ex referi Horacio Baldassi en Córdoba.

En el núcleo original de este emprendimiento peronista estuvieron De la Sota, Moyano y Lavagna. Ahora se hizo pública la incorporación de De Narváez. Y en el acto cordobés estuvieron además el sindicalista rural Momo Venegas, el entrerriano Jorge Busti, el riojano Jorge Yoma, dirigentes y legisladores de Santa Fe, Corrientes y otras provincias. Y no estuvo, pero mandó besos y abrazos el gobernador Daniel Peralt a, ícono de esa cofradía después de haber barrido a La Cámpora en la interna de Santa Cruz.

El que llevó los saludos de Peralta fue Moyano, que el día anterior lo había visitado en Río Gallegos.

Moyano es una pieza central en este armado. La semana próxima lanzará su partido con un acto en el Luna Park. Y para ir entrando en calor pidió para octubre tres lugares en los primeros diez de la lista bonaerense. Es un pedido grande, pero lo que puede ofrecer es grande también: a cambio de tres diputados seguros, Moyano pone cinco mil personas para fiscalizar la elección en La Matanza, un distrito monumental que precisa de una fuerza de ese tamaño, entre fiscales, logística y garantías del tipo que sea necesario, para que nadie distraiga un voto.

La gente de Moyano ya recibió orden de arreglar con Sergio Massa la puesta en acción de esa maquinaria de control electoral. Pero Massa todavía no abre su juego y Moyano se impacienta, lo apura a una definición, le quema la ansiedad.

Si es verdad lo que dicen las encuestas, Massa estaría en condiciones muy favorables para alzarse con el triunfo en la Provincia. Los sondeos dicen que le va mejor cuando no se embandera ni a favor ni en contra de Cristina. Hace dos semanas era muy reacio a entrar en el juego áspero que se avecina. Pero el clima está cambiando rápidamente, empujado por una economía distorsionada y en retroceso, que le está haciendo daño a la gente y que el Gobierno no atina a encarrilar. Como todos, Massa está muy atento a esas señales sociales.

En el ambiente político flota la idea de que el intendente de Tigre va a anunciar el 25 de mayo su candidatura. Massa, en cambio, les aseguró a los suyos que no moverá su ficha, cualquiera sea ese movimiento, hasta los primeros días de junio. Será muy poco antes del cierre de listas para las primarias de agosto. Para hacer más creíble esa falta de apuro, postergó para la semana próxima una reunión con sus intendentes amigos, base de su armado electoral, que iba a hacerse mañana.

Massa no va a jugar en apoyo de Cristina, pero cree que no sirve construir sólo sobre el rechazo a la Presidenta, como entiende que hacen los peronistas reunidos en Córdoba.

Sostiene que una propuesta que contenga a toda la sociedad no puede basarse en demoler el pasado inmediato, ignorando lo bueno que se pudiera haber hecho en estos años. Ese discurso está ayudando a que incluso sectores del cristinismo duro lo busquen para abrir canales de diálogo, de cara a un futuro que se presenta incierto.

De algún modo esta postura de Massa coincide con la idea-fuerza de Macri, que propone que no hay que trabajar para unir a la oposición sino para reunir a toda una sociedad que política, económica y culturalmente, está rota en dos pedazos.

Esa noción de reconciliación sin revanchas campea también sobre el estilo político que Scioli a veces ejerce y muchas otras insinúa. Pero en los hechos, más que en los dichos, es donde el gobernador encuentra dificultades.

Su última aparición fue para encabezar una reunión del Consejo Nacional del PJ, descongelado para la ocasión, donde se difundió un documento de apoyo a la tan cuestionada reforma judicial que el Gobierno lleva adelante.

Scioli recibió algunos reproches internos por haber asistido. Enseguida se supo que Cristina al fin le dio autorización para endeudar a la Provincia en 1.700 millones de pesos. Todo tiene su costo.

Si Massa se decide a jugar, el lugar de Scioli podría tornarse muy incómodo. ¿Se queda al lado de Cristina y dinamita su propio proyecto presidencial? ¿Busca un acuerdo con Massa y quizás ayude a construir la victoria de quien después querrá, como quiere él, seguir viaje directo a la Casa Rosada? Scioli, imperturbable, mandó decir que “lo voy a felicitar” a Massa si decide ser candidato en octubre.

Todavía queda algún margen para esas fintas. Pero el tiempo se acorta para todos.

Para la oposición y también para el Gobierno. Para los que quieran ser candidatos y para los que, después de octubre y con el resultado puesto, pretendan seguir jugando el juego del poder.

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