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Miércoles 15 de mayo 2013

El debate constitucional en Chile

Por: Javier Couso (*)
El debate constitucional en Chile
Foto: Difusión

EL DEBATE constitucional se ha instalado definitivamente en nuestro país. Si bien ya se había insinuado en las elecciones del 2009, este año adquirió mucha más fuerza, al punto que, desde la izquierda hasta la candidatura de Allamand, se reconoce la existencia de a lo menos un “problema constitucional” que debería ser abordado (aunque de diferentes maneras, dependiendo del grado de cercanía con la Constitución de 1980 que se tenga).

Dicho esto, el debate público no ha estado a la altura de la importancia de la cuestión. En efecto, sorprende la banalidad de los argumentos que se esgrimen en algunos sectores. Por poner un ejemplo, ante la sola posibilidad que se abra un proceso constituyente en Chile, se llega rápidamente a la conclusión de que ello representaría “un salto al vacío” que necesariamente terminará como las experiencias de Venezuela o Ecuador. De hecho, Sebastián Edwards -quien por años viene celebrando la “excepcionalidad” chilena en la región- concluye en una reciente columna que “en la historia latinoamericana reciente, las asambleas constitucionales no han dado buenos resultados”, omitiendo cuidadosamente mencionar que sólo unos pocos años antes de la experiencia venezolana, Colombia concluyó con éxito un cambio de su Constitución mediante una asamblea constituyente, en un proceso liderado por un presidente de impecables credenciales centroderechistas: César Gaviria.

¿Es que le está vedado a Chile siquiera ambicionar lo que hizo Colombia en 1991? ¿Cómo es que pasamos de ser líderes cuando se trata de la economía, a mediocres imitadores de malas experiencias cuando se trata de lo constitucional?

Otro ejemplo de la forma retorcida con que algunos se aproximan a este tópico, ha sido la verdadera histeria que desató una frase del jurista Fernando Atria, en el sentido de que el problema constitucional chileno “se va a arreglar por las buenas o por las malas”. A pesar de que una lectura plausible de lo dicho por éste -como lo señaló Jorge Correa Sutil hace unos días- es que debiéramos anticiparnos a abordar el problema constitucional antes de que nos estalle en la cara, algunos han preferido interpretar esa afirmación como una amenaza.

En este contexto, se echa de menos un análisis frío y racional sobre, por ejemplo, cuáles son los problemas que presenta nuestro diseño constitucional, qué contaría como una “nueva” Carta Fundamental  y cuáles son las oportunidades y los riesgos de los diferentes métodos que se barajan para introducir un cambio a la misma.

De hecho, existe una interesante iniciativa académica, “The Comparative Constitutions Project” (en los EE.UU.), que podría ayudar en este sentido, y que indica que el cambio constitucional -incluso profundo- es mucho más ubicuo y frecuente de lo que se cree. Quizá por ello Naciones Unidas ha elaborado guía de “buenas prácticas” para llevar a cabo procesos de este tipo. En síntesis, y más allá de las opiniones que cada cual tenga respecto de este asunto, sería hora de ponerle un poco más de cabeza al mismo, dejando las caricaturas y los eslóganes para cuestiones menos importantes.

(*) Artículo publicado en el diario La Tercera (15 de mayo de 2013)

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