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REDES SOCIALES
Viernes 31 de mayo 2013

Unión, concordia y reconciliación

Por: Víctor Robles Sosa
Unión, concordia y reconciliación
Foto: VRS

Al fin una luz al final del túnel: el presidente Ollanta Humala ha declarado que su gobierno trabajará de la mano con el empresariado y buscará la unidad de los grupos políticos para garantizar el crecimiento de nuestra economía. Ahora debe pasar de las palabras a los hechos.

Estas fueron sus palabras: “Estamos satisfechos y contentos de que tanto las fuerzas políticas como los sectores empresariales podamos converger en un denominador común, que es la búsqueda de avanzar en el crecimiento económico, en el desarrollo del país”.

Acertó al fijar como eje de la unidad la consolidación de nuestro crecimiento. Parece haber entendido que es el camino para alcanzar la prosperidad, tal como lo demuestran las cifras sociales: la pobreza cayó de 60 a 25 por ciento, el desempleo de 25 a 6,5 por ciento, la desigualdad de 0,54 a 0,45 (Cepal), los pueblos de la sierra rural crecen más que Lima, la clase media ha resurgido. También parece haber entendido que si la economía se frena es imposible la inclusión y que la verdadera inclusión es la oportunidad de tener el empleo decente que el crecimiento le ha dado a más de 4,8 millones peruanos del 2001 al 2011.

El primer paso para restañar la confianza herida por la fallida compra de Repsol y por las leyes estatistas recientes debe ser convocar ya a los partidos políticos y gremios empresariales para definir la agenda que permita consolidar el crecimiento.

La agenda de corto plazo debería resolver las indefiniciones sobre la consulta previa, la judicialización de las decisiones administrativas de Gobierno, el sabotaje político sistemático a la minería (Conga, Cañariaco) y la inestabilidad política que generan la reelección conyugal y la persecución judicial a los opositores políticos. No hay buen clima de inversión sin estabilidad política.

En la agenda de largo plazo urge fortalecer la educación pública, empoderando a los padres de familia en vez del Sutep, impulsar las inversiones en infraestructura (energía, carreteras, agua) y fortalecer la institucionalidad, reformando el sistema de representación política, rediseñando la regionalización, despolitizando el sistema de justicia y reestructurando la administración pública y la seguridad nacional.

Pero también se necesita coherencia. Si se habla de unión nacional hacia un objetivo común, todo el Estado debe andar en la misma dirección. No se puede convocar a las fuerzas políticas y perseguir a la vez a sus líderes o insistir en proyectos políticos autoritarios.

Es urgente que el presidente dé señales reconciliadoras concretas, como reformar la Procuraduría Anticorrupción, encargándosela a un profesional independiente y de prestigio, parar los casos de persecución política injustificada que promueve su bancada en el Congreso, descartar de plano la reelección conyugal e indultar al expresidente Alberto Fujimori.

Si el presidente lo hace, la oposición no podría negarse a asumir su responsabilidad con el país, ayudando al Gobierno a consolidar y sostener el crecimiento económico. La reconciliación es el camino hacia la unión y la concordia.

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