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Miércoles 03 de julio 2013

Brasil, la crisis del fútbol

"Brasil deberá resolver esta dicotomía. Muy probablemente gane la Copa del Mundo y la contradicción será mayor. Su clase política y su pueblo deberán discernir si son el gran país que se nos ha vendido en los últimos años y debe dejar atrás sus complejos, o si es un país pobre con ínfulas de ser potencia mundial.", dice a título de conclusión Rubens Yanes en su artículo publicado este 3 de julio de 2013 en el portal del diario Venezolano El Universal.
Brasil, la crisis del fútbol
Foto: www.minutouno.com

La Copa Confederaciones sirvió para que, entre otras cosas, el mundo se enterase de la crisis política que vive el gigante del Sur. Al momento de su inauguración, Dilma Rousseff fue abucheada por los presentes en el Estadio Nacional de Brasilia.

Los días siguientes la prensa internacional reseñó diversas protestas callejeras en Sao Paulo, Río de Janeiro y otras urbes del gigante del Sur; ante las cuales el gobierno debió recular en diversas medidas económicas muy impopulares que había decretado.

El activismo brasileño también se movió en la red y un grupo publicó un video titulado "No, no voy a la Copa del Mundo" que recibió más de tres millones de vistas y sintetiza en parte el sentir de la población en ese país. Allí una chica –"Carla" – expone en perfecto inglés cómo la organización de la Copa del Mundo y de los Juegos Olímpicos significan un exabrupto económico en un país plagado de necesidades.

La irrupción de esta crisis en medio de un gran evento futbolístico y a pocos meses del inicio de la Copa del Mundo, puso en tela de juicio lo que los políticos brasileños y los economistas del mundo registraban como un desempeño extraordinario de más de una década de ese país.

Desde el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, Brasil se ha jactado de vivir un proceso de inclusión social que ha venido acompañado de crecimiento económico, disminución de la pobreza y de las desigualdades. Ignacio "Lula" da Silva, el predecesor de Dilma Rousseff, es tenido como el líder obrero que logró hacer que Brasil saltase a posiciones de vanguardia en el mundo en lo social y en lo económico.

Su sueño contemplaba que Brasil, como clímax de esta tendencia, fuese el organizador de la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos. Motivar a la población, dejar en alto el nombre de Brasil, generar divisas para la nación y promover al país y su turismo, seguramente fueron parte de las motivaciones de los líderes de ese país al promover sus candidaturas para ambos eventos.

No descarto la cuota de ego detrás de estas iniciativas y el apoyo de algunos grupos que se verían beneficiados por las mismas: clubes de futbol, algunos medios de comunicación, el sector turístico, etc.

El hecho es que –como argumenta "Carla" cómodamente desde Estados Unidos– no deja de ser paradójico que el brasileño de a pie aparentemente no se verá beneficiado; que Brasil aún tiene muchas carencias y se están usando monstruosas cantidades de dinero para financiar la realización de estos grandes eventos deportivos, pero con los problemas de fondo.

Seguramente, un economista bien informado pueda rebatir algunos de los argumentos de Carla –que en mi opinión es mucho más populista que Lula–, y saldrá inmediatamente otro que rebatirá a su colega. ¡Así son los economistas!

Efectivamente, la mayoría de los brasileños coincide con el sentimiento de la chica, si nos atenemos que la popularidad de Dilma Rousseff ha caído a su punto más bajo en este período.

Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme si no será ésta una actitud de "autosaboteo" por parte del pueblo brasileño. La misma que impide, por ejemplo, que en Venezuela se realice un Miss Universo, o que nos lleva a criticar tan duramente el patrocinio de Pdvsa a Pastor Maldonado.

Iniciativas como estas de seguro son onerosas y afectan a la gente, sobre todo cuando el país está pasando momentos difíciles. Pero, ¿cómo va a porfiar Brasil que se haga una Copa del Mundo en su país, cuando es un titán en esa disciplina? Sería su momento de brillar, de coronarse.

Muchas veces se critica a los políticos por no ver más allá de sus propios intereses inmediatos. Pero, ¿los pueblos no caen en estas mismas conductas? ¿A veces no se empeñan en elegir o apoyar a personalidades o causas sin sustancia?

Brasil deberá resolver esta dicotomía. Muy probablemente gane la Copa del Mundo y la contradicción será mayor. Su clase política y su pueblo deberán discernir si son el gran país que se nos ha vendido en los últimos años y debe dejar atrás sus complejos, o si es un país pobre con ínfulas de ser potencia mundial.

@rubensyanes

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